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José Delgado tiene una trayectoria profesional de 34 años en la televisión. Se inició como «cargamicrófono» en Teleamazonas y luego, por el éxito de su estilo tan particular de hacer historias de la gente común, pasó a Gama TV, Canal Uno y, ahora, a TC Televisión. Controversial para unos y periodista marginal para otros, nunca ha pasado desapercibido su trabajo. Ama la crónica y encontró una forma original de llevar este género a la televisión.

Por Rubén Darío Buitrón*

Una conversación con José Enrique Delgado Nievecela solo es posible a medianoche. No podía ser a otra hora, como si en esos momentos él estuviera con las alas desplegadas. Charlamos por videollamada. Fue difícil coordinar los tiempos. Pero aquí está él y aquí estoy yo. Él en su Guayaquil. Yo, en mi no Quito. Hablamos de lo que hay que hablar: de periodismo.

Hace poco lo condecoró el presidente Daniel Noboa. Una sorpresa para muchos. ¿Por qué lo hizo el mandatario? José no lo sabe, pero lo agradece, como agradece a la vida lo que le ha dado. Lo que llega sin esperarlo ni buscarlo.

Se levantó la polémica con el gesto de Noboa, quizás populista, quizás en busca de votos del pueblo (?).

Con ese gustito que tenemos los ecuatorianos de criticarlo todo, han dado palo a José los que ven en el prójimo los miles de defectos que no reconocemos en nosotros, los que señalan con el dedo. Los limpios, los honestos, los inteligentes. Él, el populachero. El sensacionalista. El que vive de la ignorancia de los pobres. Uf. Qué fácil es derrumbar la reputación de los demás.

Recuerdo al poeta Walt Withman: “No juzgues, solo observa. Todo ser humano, por el hecho de serlo, merece honor”.

Lo conozco desde hace años. Él también me conoce. Somos compañeros de oficio. Más que colegas: compañeros.

Lo veo en su casa modesta de La Alborada, en el norte de su ciudad. Está con gorra negra y camiseta negra. Es moreno. Nacido el 14 de marzo de 1966 en Guayaquil, de padre manaba y de madre azogueña. Un símbolo de la mixtura de identidades y orígenes, como la mayoría. ¿Se dan cuenta de que José no es tan distinto a nosotros?

Nunca creyó que sería periodista. “Entré a estudiar Medicina, pero lo mío no son los textos científicos. Aguanté cuatro meses. Luego estudié terapia para niños con síndrome de Down en esos tiempos en que había discriminación a estos niños. Fui a dictar una charla en la Universidad Laica y, no sé por qué, el decano de Comunicación, Pedro Valverde, me escuchó, se me acercó y me dijo que yo debería ser periodista. Me dio una beca. Y aquí estoy”.

José lleva casado 25 años con la periodista Patricia García y tiene una hija, Débora, de 19 años, que estudia producción audiovisual.

Una familia pequeña que se ha extendido con la paulatina llegada de tres gatos, un perro, dos loros y dos tortugas pequeñas. Un familión, en realidad.

“Lo más importante de mi vida es tener una esposa que todas las mañanas, antes de salir a mis reporterías, ora por mí”. José toma ese gesto cotidiano como una señal de que Dios, su Dios, lo ha convertido en un instrumento para mostrar la realidad que muchos no quieren ver.

¿Y las críticas que le hacen? ¿Y la gente que piensa que él no hace periodismo sino amarillismo? Yo lo veo como una suerte de Bukowski del periodismo. Si se lo puede decir así, un periodismo sucio bukowskiano.

Respeta a quienes lo denostan o satirizan, pero no cambiaría por nada sus 34 años en la calle con un micrófono y una cámara.

Sonríe con un gesto de paz en su rostro. Reflexiona en voz alta.

“No se puede tapar el sol con un dedo. Yo muestro la realidad, lo que pasa en las calles, lo que son las zonas en apariencia inhóspitas donde está la gente pobre, que no sabe si vivirá el día siguiente, que tiene hambre, que se droga, que prefiere escapar de la pobreza y volar a su modo. Si así hago que el país se vea a sí mismo, está hecho mi trabajo”.

Llegó a ser lo que es y a hacer lo que hace porque cuando salió del colegio empezó a leer periódicos. Buceaba en las páginas y encontraba historias, crónicas, testimonios. Plumas que lo alucinaban. Nunca le gustaron las páginas políticas o macroeconómicas. Se dedicó a explorar la crónica, a ver la manera de contar en televisión esas historias que leía en los periódicos y que las escribían colegas que hasta hoy admira.

Y así José Delgado se convirtió en José Delgado. En este José Delgado apacible y humilde que veo en la pantalla de mi celular. Este José Delgado que conocí de cerca en mis años de combate periodístico en Guayaquil.

Compartimos la misma idea del periodismo (esto no gustará a los que aman el escritorio, la noticia superficial y anodina, la distancia intelectual con el barrio): el periodismo está en la gente sencilla, en los personajes que los sets de TV no los llenan de luces.

José Delgado tiene 57 años pero sigue siendo ese niño travieso que provoca sin provocar. Experto en el tarrinazo y en el agua de coco de 25 centavos.

Es un hombre de historias. De los marginados. De los indefensos. Incomprendido. Criticado. Objeto de burlas. Subestimado. En esta línea, ecuavisa hizo una telenovela criolla y lacromógena bautizada como “El Cholito”, donde el actor David Reinoso emuló a José como un personaje pobre, mal vestido, de pocas luces intelectuales y con amores platónicos obvios: las bellas, despampanantes e inalcanzables estrellas de televisión.

Pero la vida de José no es así. Es todo lo contrario. Tiene una guapa e inteligente compañera de vida y una hija, también bonita y con enorme proyección profesional.

Me gusta el temple de José. La paz que emana de sus palabras y gestos. Su incapacidad de ser vengativo o resentido. Él ama lo que hace. Y eso, por sí solo, ya es un mérito. Y un honor.

Por eso saco de la manga una muletilla para cerrar la conversación. Me quito el sombrero ante ti, José Delgado.

____________________________

*Rubén Darío Buitrón (Quito, 1966) es Director General de Notimercio, el nuevo periódico de Quito. Es periodista y escritor. Máster en Periodismo Digital por la Universidad de Alcalá, en España. Tiene tres premios nacionales de Periodismo. Autor de 13 libros en diversos géneros. Su libro más reciente es «Dicen que mis demonios son inofensivos» (2023). Es director del portal literario loscronistas.org y dirige el programa de radio y TV del mismo nombre.

 

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Comment (1)

  1. Viviana Cevallos

    27 Feb 2024

    Felicitaciones. Sigan adelante.

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