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Devy Grijalva, transcomunicación y activismo

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 En esta entrevista, Devy Grijalva, comunicadora transfeminista, cuenta sobre la memoria histórica de la comunidad LGBTI, el sistema capitalista, patriarcal y hegemónico en el que nacemos y que trata de categorizarnos a través del género, y también sobre cómo hacer un producto comunicacional para llegar al público. Hoy se realiza la Segunda Marcha Nacional Trans en varias ciudades del Ecuador.

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Por Sebastián Vera*

De vestido rojo viene mi miedo

De transparencia va mi instinto.

Indecible, de Devy Andreina Grijalva Aguirre

Tarde de Carnival en un corazón despojado de vida. 14h00. Hormigas y gusanos circulan por las arterias de asfalto. Espero a Devy mientras miro hacia el Panecillo y, en un parpadeo, la virgen se transfigura en carne. Al verla, imaginé a Rachel Humphreys, y no estando yo en la posición de Lou Reed, sino como lugar a lo Club 82 en donde recibiría la visita de una pluma incendiaria y tierna. Acordamos hablar en una cafetería, un lugar tranquilo, pero el melancólico clima quiteño nos hizo caminar de la Plaza Indoamérica hasta la Casa de la Cultura, primero con cierto recelo (como ocurre en los primeros encuentros) hasta tomar tintes pulp por el Puente del Guambra, y casi noir por la Avenida Patria. Llegamos al Parque del Arbolito, acompañados del bramido del cielo que se oscurecía, mientras nuestra conversación pintaba la atmósfera sombría y la transparentaba.

Sebastián Vera: Si hay algo de lo que nuestro querido país adolece es que no es polifónico. ¿Cómo iniciaste en la Comunicación?

Devy Grijalva: Yo me introduje a medios desde la organización social y estudiantil. Fue por mi vinculación con los estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Central, quienes directamente me propusieron hacer el programa de radio Las Pornógrafas. Lo construimos en conjunto. Después, fui aprendiendo de comunicación porque yo no estudié eso. Sin embargo, mi parte activista —como activista, ya me tocaba ir a programas de radio y asistir a entrevistas— era tomar la otra perspectiva: ser yo quien entreviste, conduzca, locute, y lo fui aprendiendo dentro de los medios de comunicación digital.

SV: Mencionas a Las Pornógrafas, ¿qué es lo que presentaban en el programa?

DG: Se creó con un enfoque artístico, político, social. Desde otras voces, voces de la diversidad sexo-genérica, quienes comanden el programa. Presentamos a lo LGBTI desde otro punto, porque los medios tradicionales lo presentan desde una forma victimizante, desde la pena, la lástima. En el caso de Las Pornógrafas, se mostraban las voces autónomas siendo protagonistas, llevando al campo social y al campo comunicativo otras historias, otras narrativas. Ya no mostraba a «la pobrecita, el pobrecito», sino a protagonistas que mostraban sus propias esencias, sus propios talentos, sus propios dones haciendo comunicación comunitaria, llamando a personas de distintas periferias, de distintos estratos, para que contaran sus vidas, sus pensamientos. Las Pornógrafas empezó en el año 2016, pero tuvo una evolución muy grande, por el mismo hecho del nombre, que era muy potente, y el estilo. Ya no estoy vinculada a Las Pornógrafas. No sé si en la actualidad lo estarán haciendo.

SV: ¿Qué papel cumple para ti la memoria LGBTI del Ecuador como persona y al momento en el que comunicas?

DG: La memoria y la historia LGBTI es muy aislada. Cronológicamente es algo a parte, a diferencia de la lucha sindical o de los trabajadores. Lo que data hace 20, 23 años, es mucha violencia, que creo que sí agradecemos porque gracias a la muerte de todas y a todo lo que sufrieron, podemos ser ahora visibles, llegar a espacios…pero ya no es la misma historia, ya cambió totalmente el contexto de la sociedad frente a la población LGBTI. Vienen otras generaciones que plantean otras identidades en un principio, vienen con otros términos, significantes. Lo que se vivió como historia, como memoria, hay que tenerlo. No sirve de nada una sociedad sin memoria, y para salir adelante como comunidad tenemos que tener esa memoria. Todo evoluciona, todo cambia. Son otras perspectivas.

SV: Mencionaste cómo se ha venido presentando la memoria, desde un punto personal, casi siempre lo hacen desde el aspecto tanático: siempre tiene que haber algo relacionado a la muerte. ¿Por qué no se hace desde su contraparte que tiene que ver con su desarrollo como personas, como comunidad? ¿Nuestro país es realmente incluyente?

DG: Todavía falta un montón. Hablar como movimiento es muy alejado. Eran los años 90´s, y desde ese entonces ya había movimientos y protestas sociales. El Movimiento Indígena se logró convertir en un actor político, y era la misma época de la despenalización [de la homosexualidad], y todos luchaban para el reconocimiento de su ciudadanía, pero se sigue en ese plano del estigma, de la burla, de verle lo raro, de verle lo diferente, de verle lo pecador: todo el sesgo que contiene este contexto capitalista, patriarcal y hegemónico en el que nacemos. No avanza. Es como verle un punto aparte, como otro mundo. Esta sociedad no te da las alas ni las pautas para ser parte del mismo conjunto.

SV: Dentro de la pandemia te ha tocado sobrevivir como a todos, ¿quizás lo experimentaste de una forma diferente?

DG: Pues no: me unió al común de las mujeres trans. Yo antes de la pandemia tenía muchas posibilidades y tal vez privilegios también.

SV: ¿Cómo cuáles?

DG: Como el hecho de estar en muchos espacios, buscar otra forma de sustento, vivir del público, de la comunidad. Creo que la pandemia nos quita todas las posibilidades y todas las formas de existencia, desde el mismo hecho del confinamiento: las formas de producción cambiaron, así como los hábitos de sustento. La pandemia me colocó en otra situación más atravesada. Antes de la pandemia, lo decía como discurso, en cuanto a derechos a la comunidad LGBTI, de lo que nos concierne el trabajo, la vivienda, la salud, la educación. Ahora en la pandemia, realmente lo vivo: me atraviesa personalmente. Sé cómo es que una persona te bote de una vivienda porque eres trans. Sé cómo es que una persona te niegue venderte un plato de comida porque eres trans. Ahora soy parte del común de la mayoría de las personas.

SV: Me resulta abyecto todo lo que pasa con la sociedad, cómo seguimos ocultándonos o sintiéndonos intimidados por lo diferente. ¿Cómo quiebras los tabúes? Espacios comunicacionales para las diferencias sexo-genéricas, todavía son muy pocos. ¿Está bien hacer ese tipo de comunicación desde la periferia o, hasta cierto punto, incluirse como parte del todo?

DG: Realmente eso nunca va a pasar. Que las poblaciones sexo-genéricas entren a la comunicación clásica: jamás va a pasar. Siempre se debe de construir desde otra alternativa, otros formatos, otras transmedia. Son personas diferentes, en primer lugar. Son personas que sienten y piensan diferente. Las personas no deberían adaptarse a las formas tradicionales de comunicación sino la comunicación mutar, evolucionar, transformarse a lo que las necesidades de una comunidad requieren. En este caso, las voces, las formas de comunicarse, o lo que se quiere mostrar en comunicación, eso debe irse construyendo a la misma comunidad. La comunicación tradicional les pone en una forma cosificada, de objeto, de burla, de payaso, para que la gente, el público, se divierta de la persona de la diversidad sexo-genérica. Yo no estoy en contra, porque también existe una arista muy grande dentro de la población LGBTI que son las drag queens, quienes llevan este arte drag a teatros, a medios de comunicación. Pero no es lo mismo una persona que encarna, que caracteriza algo artístico, a una persona que tiene una identidad, que vive esa identidad día a día, que se enfrenta a la sociedad con su identidad: no es lo mismo. La comunicación primero debería plantearse saber cuáles son los significantes de estas siglas, como lo es LGBTI, para que no sea sujeto de uso y de consumo sino para que la misma comunicación evolucione y la gente pueda expresar realmente lo que es.

SV: ¿Qué papel cumple el cuerpo en estas luchas?

DG: El cuerpo, en las poblaciones sexo-genéricas, es la principal herramienta, la principal arma. Desde las marchas, desde las manifestaciones, desde el arte: siempre está el cuerpo. Comunicación y cuerpo es una forma de atravesar estos sentires, de cómo contar con el cuerpo cosas, de cómo mostrar tu cuerpo. Ahora hacen muchos performances, ocupación de espacio público, donde muestran el cuerpo, donde está en riesgo también. El cuerpo es la forma por donde todo se consigue, en todos los estratos. Si nos vamos al trabajo sexual: están ahí paradas, poniendo el cuerpo. Si pasa un facho y quiere agredir, violentar, matar, está ahí. Está visible, a la intemperie, está expuesto. El cuerpo se lo expone. El riesgo está.

SV: ¿Continuamos con el estereotipo de pensar en el trabajo sexual como una profesión lumpen o se la reivindica?

DG: El trabajo sexual tiene muchas connotaciones. Creo que primero habría que estudiarlo desde una antropología y desde la misma práctica. Yo ejerzo el trabajo sexual. Vivo del trabajo sexual desde la pandemia, es mi hábito de subsistencia desde la pandemia, pero no te puedo decir si está bien o está mal. Necesitamos primero estudios, análisis, debate, que se puedan contar desde las mismas trabajadoras sexuales y desde el mismo sector que lo consume para ver si se lo califica. Decir que siempre se lo ha visto mal, como una cosa denigrante, como un trabajo inferior, no es así.

SV: ¿Te has visto enfrentada a violencia en tu trabajo? ¿Sabes con quienes puedes compartir ese tipo de espacios?

DG: Nunca me he tocado con una violencia tan explícita, tan directa. Me siento —por ser activista, por ser una persona visible, por ser una persona que se quiere mostrar, por ser una persona que quiere dar la voz, lo que sea— explotada desde una manera extractivista. Siento que no me reconocen. Me siento utilizada. La cosa hegemónica, el medio más grande, te quiere sacar información, quiere usar tu imagen, pero no te da nada a cambio. No te entrega nada a cambio. Eso es extractivismo en personas, en activistas. Hay muchas formas de violencia, no solo el que te peguen, el que te humillen, sino también hay otras violencias simbólicas y estructurales. Desde esas aristas, desde esos puntos que se llaman alternativos, en defensa de los derechos, deberían ser elocuentes con el mismo discurso, con el mismo slogan que llevan, y no utilizar a la persona. Si quiero hablar de género, llamo a la persona trans; si quiero hablar de diversidad sexual, llamo a la persona trans; pero utilizo, exploto una imagen, sin darle nada a cambio, y si me voy a comunidades o a territorios, pasa lo mismo.

SV: ¿Cómo, desde la comunicación, podemos cambiar eso? Me pones a reflexionar porque, en este instante, ¿yo también estoy cayendo en eso? O realmente quiero cumplir con mi papel de comunicador de conocer todas las polifonías. ¿Cómo no se explota «lo raro», «lo diferente», para solo tener un diálogo sincero y directo?

DG: Te voy a contar desde mi experiencia cuando realizaba entrevistas, artículos e investigación. Mi enfoque era de la diversidad sexo-genérica en cuanto a derechos. Yo también tenía que entrevistar a las mismas personas de mi comunidad y decir: «Yo me voy a llevar tu historia, yo voy a sacar parte de tu esencia en sí para plasmar en un producto». Es eso: la forma en la que se hace el producto. Este producto cuenta una historia, una investigación, personas, cosas. Una vez escribí un artículo que llevaba 40 entrevistas, y se resumía en 5 o 6 párrafos, porque era respecto a cómo el estado te oprime sexualmente. De las 40 entrevistas se sintetizaba en una. Era solo una cosa, un extracto. El hecho de construir tu producto, cómo puede beneficiar tu producto ya no solo a la persona que te dio la entrevista sino para ti, lo que aprendiste. Cómo el producto no usurpa la vida de una persona entrevistada sino cómo el producto puede llegar al público en general, servirle de enseñanza. La persona entrevistada no te va a leer: es su vida, ya te lo dijo.

SV: ¿Qué es lo que a ti te gustaría leer o ver en productos comunicacionales? En mi experiencia, lo conocí con Lemebel.

DG: Lemebel viene desde una tendencia izquierdista. En donde piensa que el sistema va a salvar a la comunidad. En la actualidad ya se desapega eso. Políticamente hablando, no somos parte ni de la izquierda ni de la derecha. Si hablamos desde la despenalización, fue la misma derecha quien les asesinó. Si hablamos desde la izquierda, tampoco pertenecemos, porque los mismos movimientos políticos no están abiertos a tener una interlocución. Lemebel es muy potente, me encanta, pero en este tiempo existen otras personas que se dedican a la poesía, a la narrativa, y que cuentan otra realidad más moderna.

SV: ¿Alguien en particular que te haya llamado la atención?

DG: Yo (risas).

SV: Es bueno que te menciones porque estás haciendo algo bacán. Por tus proyectos comunicacionales te lo puedo decir. Regreso a lo que te pregunté antes, la presentación comunicacional.

DG: Considero que lo más importante es tener nuestro propio espacio donde podamos hacer lo que sea. Que sea construido por las personas de la comunidad.

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*Sebastián Vera, periodista ecuatoriano de 26 años. Aunque ama a Quito, vive enamorado del Valle. Nació, literalmente, con la soga al cuello. Continúa vivo gracias a la broma del verdugo. La corbata amarilla ya no le llama más la atención, pero sigue ahí.

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