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Los cuerdos

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Por Mark Bass*

¿Nunca habías estado en un manicomio? No tengas miedo, acá los loquitos somos buenos, somos libres, somos felices… Nos dan comida gratis, podemos tener sexo con quien queramos y a vista de todos, se nos permiten todo tipo de cosas a causa de nuestra condición.

Es cierto que de vez en cuando sentimos las miradas acusadoras de algún cuerdo que viene de visita a este lugar, no creas que no nos damos cuenta, pero no nos importa, unos nos lanzan miradas de pena y lástima y se creen superiores a nosotros… yo siento lástima por ellos, se creen perfectos.

Me aburre la forma en que la gente normal habla. ¿A ti no? Les preguntas cómo están y ellos dan su típica respuesta programada en su cerebro: ¡Bien!, cuando en el fondo nunca están bien… Luego se quejan de que nadie se preocupa por ellos … Recubren su verdadera esencia con capas de miedos y complejos solo para adaptarse a su entorno, intentan dar una imagen de lo que ellos creen que es lo políticamente correcto. No pueden mantener una conversación de cinco minutos sin mirar la pantallita de sus teléfonos, viendo en Instagram las fotos del viaje del amigo, criticando, envidiando, renegando. Ellos dicen: vive cada día como si fuera el último, pero pasan pegados a la televisión, a su celular o leyendo memes tontos.

Mira a tu derecha, ¿ves al de lentes y barba?, es Pedro Palacios, el jefe de enfermeros, casado, con dos hijos, se la pasa presumiendo a todos de su hermosa familia, dice que el mes pasado los llevo a Cancún de paseo y que para Navidad irían a esquiar a New Hampshire. Dice que ama a su familia por sobre todas las cosas, pero prácticamente nunca los ve y trabaja de lunes a domingo 16 horas aquí en el hospital… Tres de esas horas diarias las dedica a encerrarse en su oficina con la nueva enfermera de turno, le dice que es soltero, ya cuando le hizo el trabajito se le ocurre decirles la verdad y así va de una a otra… ¿Qué tiempo le queda para amar a su familia?

Ahora mira hacia a la puerta. ¿Ves al guardia? Se llama Juan Ernesto, reniega todo el día que no le alcanza el dinero para nada, pero pasa todo el día metiendo dinero a ese jueguito en su celular, los fines de semana derrocha el dinero con sus amigos invitándoles a parrandear, se endeuda comprando televisores y celulares en «cuotitas cómodas» a dos años plazo, siempre lo mismo, faltando tres días para cobrar la quincena se lo ve deambulando como zombie por los pasillos buscando algún compañero que le preste para el pasaje hasta que paguen. Dedica horas de su día a hablar de sus dos temas de conversación preferidos: su pésima situación económica y de un tipo que se acostó con su hermana y su exnovia del colegio.

La señora de la cocina es la peor… se vanagloria de ir a la iglesia los domingos, tiene dos biblias abiertas en el comedor, nombra a dios a cada instante, busca hacerse amiga íntima de todos aquí, les sonríe les conversa, pero apenas se dan la vuelta habla pestes de cada uno de ellos, los denigra ante otros, cuente las intimidades de sus “amigos” e inventa “chismes” solo para distraerse.

¿Cómo me entero de todo eso? Nosotros para ellos somos invisibles, ellos hablan de sus problemas y chismes al lado de nosotros como si no existiéramos, cuantas veces he visto llorar a las víctimas de Palacios o al guardia contándole sus problemas a la señora de la cocina. Piensan que no entendemos nada, pero quienes no entienden son ellos.

Yo sé lo que estás pensando. Piensas que si estoy encerrado aquí no debo ser ninguna cosa buena, pues a mí me encerraron por loco, no por malo… ¿Qué hice? Te cuento… Hace siete años me casé con el amor de mi vida, la única persona con la que realmente me entendía, teníamos los mismos gustos, pasatiempos, ambos sentíamos las mismas aversiones contra esta sociedad miserable e hipócrita, la amaba como no creo que se pueda amar a alguien, ambos éramos huérfanos de padre y madre y coincidentemente hijos únicos, así que te imaginarás lo unidos que éramos ella y yo, nos reíamos mucho de la bendición que era no tener que compartir con la familia del otro.

No teníamos amigos, pero nos teníamos uno al otro. Resulta que hace 3 años ella sufrió un ataque cardiaco en plena madrugada, yo me asuste muchísimo, use mis conocimientos médicos para así poder reanimarla, después de varios minutos logre salvarla… ella abrió sus ojitos, me abrazo, me dijo que me amaba y me pidió que nunca la abandone, yo me prometí que no la dejaría ni un instante sola y que pasaría el resto de mis horas a su lado, al día siguiente renuncie a mi trabajo solo para poder quedarme cuidándola… y así lo hacía, día y noche. Yo, apenas dormía, me la pasaba conversando con ella, aunque ella casi no me hablaba, después del ataque cardiaco la sentía un poco diferente… No me importó… Yo le cocinaba, nos bañábamos juntos, luego veíamos el ciclo de novelas de la noche y hacíamos el amor hasta quedarnos dormidos….

La gente normal piensa que estar encerrado en este manicomio es un castigo, pero no lo es. Ahora entiendo que es el mejor lugar para alejarme del absurdo sistema de la sociedad, me alejo de políticos, corruptos, de pagar impuestos, de relaciones tóxicas, sin mentiras, sin celulares. Incluso puedo estar días sin bañarme y a nadie le importa, como gratis, tengo mi propia habitación, aquí he podido encontrar personas reales, que no tienen miedo de decir lo que piensan o sienten…. Y lo mejor de todo… Me entretengo mucho con los dramas de los cuerdos.

¿Qué cosa?… Sí, tienes razón… No terminé de contarte por qué estoy aquí… Resulta que tras varias semanas de convivir con mi esposa recordé que yo no tenía ningún conocimiento médico, yo era contador, ¿cómo sabría reanimar a alguien en un infarto?… Eso explicaba por qué ella había estado tan rara esos días, pero te juro que ella me hablaba (muy a su manera, pero lo hacía) eso intenté explicarle a los policías días después cuando entraron a mi departamento a la fuerza, no me creyeron, tampoco me dejaron despedirme de ella. Podría decirse que estoy aquí encerrado por amor. Como dice la canción… Soy un loco de amor.

Quisiera seguir conversando más contigo, pero me tengo que ir, el guardia otra vez me está reclamando por hablarle a la pared. Ellos no ven lo que tú y yo vemos. Creen entender las cosas, pero no lo hacen. El piensa que no eres real.  Pero sí lo eres Solo que tú estás allá y yo sigo acá. Eres alguien con sus propios problemas y circunstancias que ameritarían otras historias más para contar. Yo no te puedo ver, pero estás allá leyéndome sin siquiera saber cómo soy físicamente… Imagíname alto, rubio y ojos verdes (aunque no lo sea).

Y de vez en cuando…, solo de vez en cuando..,. te invitaría a ser un más loco y menos cuerdo.

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*Mark Bass es el seudónimo que usa en sus escritos Marco Maldonado. Nacido en Guayaquil en 1983, graduado de ingeniero comercial, se interesó en la escritura de historias cortas a raíz del confinamiento de la pandemia. Es bajista en el grupo musical Xtraditados, cinéfilo, aficionado al ciclismo y padre de 3 hijos.

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