• May 2, 2026
  • Updated 10:23 pm
Tendencias
#Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez #Paula. Una historia de Ciana Ballesteros #¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón #«Abrazo de lodo». Una crónica de Natalia Dávila #Besitoterapia para un héroe (homenaje a Pedro Restrepo) #Réquiem por Martti Ahtisaari. Una crónica de Arturo Cabrera H. desde Australia #El nido vacío: saltar del escenario al palco. Crónica de Carmen Inés Merlo #Cuando aprendimos a morir: el año de la pandemia. Por Ronald G. Soria #Amanda y Tamia Villavicencio, herederas de la poesía de su padre. Por Rubén Darío Buitrón #Soy dama de compañía. Por Magaly Villacrés, desde España
Los Cronistas I Periodismo & Literatura Los Cronistas I Periodismo & LiteraturaLos Cronistas I Periodismo & Literatura
  • El Proyecto
    • Equipo
    • Estos somos loscronistas.net
    • Escribe en loscronistas.net
  • Temas
    • Crónica
    • Diversidad de Género
    • Opinión
    • Libros
    • Ensayo
    • Cine
    • Entrevista
    • Cuento
    • Perfil
    • Poesía
    • Novela
  • Radio online
    • La otra mirada
    • Loscronistas.net
  • Talleres
  • Concurso
    • De qué se trata el concurso
    • Bases del concurso nacional de crónica 2023
    • Ediciones
  • Servicios
    • Nuestros libros
    • Consultorías y asesorías
    • Tu marca aquí

El camino de Santiago. Una crónica de Nancy Carrillo

Regresar
Ingrese su texto y encuentre el resultado
Recent Posts
  • 264 Views
  • noviembre 30, 2025

No todas somos Shakira. Y no necesitamos serlo…

No todas somos Shakira…, y no necesitamos serlo. Por Marie-France Merlyn Psicóloga La figura de Shakira ha sido protagonista en las redes sociales durante las últimas semanas. La cantante irradia belleza, energía y una juventud espectacular. “Nadie diría —me comentó una amiga en tono inconfesable— que ya se acerca a los cincuenta”. Y, en efecto,

De la polarización a la espiritualidad
Opinión
  • 1351 Views
  • noviembre 20, 2025

De la polarización a la espiritualidad

El pasado 27 de octubre, el mundo -literalmente, el mundo- empezó a hablar de una nueva propuesta musical de la cantante española más disruptiva de la historia reciente: Rosalía.


Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez
Crónica
  • 1302 Views
  • junio 23, 2024

Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez

Hay noches en que a pesar del sueño pareces estar en vigilia, como esperando, como sabiendo… Para mí esa noche no fue así. La madrugada iba entrando y el teléfono sonó a mi oído, no sé cuántas veces. Yo dormía, yo no entendía nada: “¡Mija, se murió su primo!”. Por María Augusta Pérez* Yo dormía,

Olvido. Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 1197 Views
  • junio 23, 2024

Olvido. Por Rubén Darío Buitrón

Cuando me lo contaba, mamá decía que me había encargado con Elisa, pero nunca entendí por qué confió en ella para que me cuidara. ¿En qué estaría pensando mamá? ¿En su descubrimiento de que su marido la traicionaba y que esa certeza la atravesaba el alma hasta la obsesión y el dolor más vivo? Por

Cuarenta años con psiquiatras. Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 1203 Views
  • junio 23, 2024

Cuarenta años con psiquiatras. Por Rubén Darío Buitrón

A los depresivos crónicos como yo quizás les ayude la idea de que nunca van a curarse del todo y que no existe nada mejor contra ese mal que asumir, sin eufemismos, que lo llevas como una sentencia a cadena perpetua. Por Rubén Darío Buitrón Es como si una potencia nuclear te atacara, sin previo

Si la muerte me hubiera tenido paciencia… Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 1106 Views
  • junio 23, 2024

Si la muerte me hubiera tenido paciencia… Por Rubén Darío Buitrón

Tuve que resignarme a la atención médica privada luego de que las puertas de la salud pública, a la que tenía derecho, no se me abrieron en el momento en que mi vida se había puesto en riesgo por una grave enfermedad. Por Rubén Darío Buitrón Era absurdo pedirle a la muerte que tuviera paciencia

«El problema final». Miniensayo de Rubén Darío Buitrón sobre la novela de Pérez-Reverte
Novela
  • 1330 Views
  • mayo 26, 2024

«El problema final». Miniensayo de Rubén Darío Buitrón sobre la novela de Pérez-Reverte

Por Rubén Darío Buitrón* La reciente novela «El problema final«, de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 1951), publicada por editorial Alfaguara en septiembre de 2023, tiene un sabor de algunas maneras distinto al de las 34 novelas anteriores. Si bien algunas de ellas abordan aspectos de la vida desde la trama policial e investigativa, esta nueva

Paula. Una historia de Ciana Ballesteros
Crónica
  • 1671 Views
  • mayo 26, 2024

Paula. Una historia de Ciana Ballesteros

Por Ciana Ballesteros* Paula es una mujer de 37 años. La conocí en febrero de 2019. Es una exitosa profesional en Contabilidad y Auditoría, recta, tenaz en lograr sus metas y alcanzar en corto tiempo grandes trabajos. Nos presentaron en el matrimonio eclesiástico de mi sobrino Horacio con su novia Anita. Paula es la hermana

¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón
Crónica
  • 1825 Views
  • mayo 12, 2024

¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón

Por Rubén Darío Buitrón* El show de la poeta Elvira Sastre en Quito convocó a más de 400 personas, pero, como dijo alguna vez el escritor español Arturo Pérez Reverte, su espectáculo es más fuegos artificiales que poesía. Fue inevitable. Ver a Elvira Sastre sobre las tablas del escenario de la Cámara de Comercio de

Maratones de series (historia imaginaria). Por Guillermo Gomezjurado
Historia
  • 1057 Views
  • mayo 12, 2024

Maratones de series (historia imaginaria). Por Guillermo Gomezjurado

MARATONES DE SERIES Por Guillermo Gomezjurado* Desde un principio me advirtió que no veía series y que solo pagaba Netflix porque las paredes eran delgadas y mis visitas -ruidosas- podían provocar molestias a los vecinos. Ponía cualquier cosa en la tele y subía alto, muy alto el volumen. Con este ambiente sonoro –compuesto por una

El camino de Santiago. Una crónica de Nancy Carrillo
Crónica
  • 1479 Views
  • diciembre 4, 2022
  • Crónica

«A veces pienso que esas enormes basílicas construidas por la vanidad de los hombres no inspiran la confianza y devoción de aquellos lugares pequeños y tristes donde también está Dios. Supongo que la devoción tiene un momento y un lugar y no siempre coincide con lo majestuoso y multitudinario».

Por Nancy Carrillo*

Escuché sobre esta peregrinación desde el año 2013 y pensé que después de mis múltiples viajes,
ninguno me había ofrecido la posibilidad de algo diferente. El Camino de Santiago era un reto en todo
sentido: físico -porque ya no soy joven y debía caminar 120 kilómetros en cinco días, con sol, mucho
calor y una dieta diferente-, psicológico -porque es necesario manejar tus emociones, tu estabilidad, tus
valores, tu relación con los que van contigo-, religioso -porque la fe es la principal motivación para los
creyentes y yo soy una de ellos-.
Planificamos el viaje con preparación física, entrenando para que las piernas y los pies se
acostumbraran a largas jornadas. Investigamos sobre el Camino de Santiago, la historia, las anécdotas, lo
que debíamos llevar, y sobre todo la agencia que se encargaría de los hospedajes y las maletas.
Dicen que siempre se encuentra lo que se está buscando. En este caso, además de la novedad, era el
espíritu de la caminata, las interminables horas contigo misma, pensar y recorrer tu vida sin ánimo de
arrepentimientos ni reproches, simplemente dar un vistazo a los hechos que has protagonizado, mirar a
la distancia del tiempo y del espacio a quienes pasaron junto a ti o aún permanecen, aquellos viajeros
que como tú buscan un rumbo a veces desconocido. El Camino de Santiago es tu vida, el que construyes
al andar, como dice el poeta, el símil es perfecto, lo bien o mal que lo realices depende de cómo quieras
atravesarlo.
Yo decidí que cada día haría una plegaria especial:
El primer día fue de agradecimiento por los beneficios, las oportunidades, la familia, los amigos, la
satisfacción de las necesidades materiales, espirituales, culturales. Por el valor que me permitió destruir los
obstáculos y las murallas en torno a nuestras zonas de confort para saber y hacer un poco más.
El segundo día pedí por toda la familia, por conocidos y amigos: sabiduría, don esencial que los
hombres siempre han privilegiado y que enla época griega los dioses concedían a sus favoritos.
El tercero fue salud y bienestar para todos: cuando digo todos desfilan por mi mente los hermanos con
sus familias, los nuevos vástagos que no solamente nos alegran con su existencia sino que nos
ponen a pensar en su futuro, en los desafíos que deberán abordar en un mundo que ya no será el
nuestro.
El cuarto estuvo dedicado a la satisfacción económica, porque si bien mucho dinero puede
entorpecer nuestras vidas, la miseria puede ahogarla y provocar profundas y devastadoras consecuencias.
Y el último día fue para ponerlo todo en las manos de Santiago Apóstol, para que él llevara nuestras
inquietudes ante Dios. Debí admitir que nunca me había confiado en los santos, pero Santiago fue el
hombre que estuvo con Jesús, que dio su vida defendiendo unos principios que los recibió de la fuente
misma y que, seguro, trató de propagarlos y vivir ese camino que ya se anunciaba tormentoso.
Y al fin llegamos a Santiago de Compostela. Saber que has caminado tanto te vuelve heroína y
vencedora de tu propia naturaleza. En la catedral se obnubila la mirada por el esplendor de la arquitectura,
de la ornamentación majestuosa. No tuve ánimos para nada más y me senté con la mente en blanco para
recuperarme de las muchas emociones vividas.

El largo camino con inmensas subidas en las que casi pierdes la respiración te ofrece maravillosos
espectáculos como un campo de hermosas hortensias, tan grandes que parecen ramos de novias, o una
extensa planicie de amapolas que con las primeras luces del amanecer se ven más luminosas. Al
fin pude observar los chopos del camino, rosas rojas en grandes bonches, las moras creciendo a la vera
de tal forma que puedes cogerlas y endulzar tus pasos, las uvas formando hermosos cortijos
que dan sombra y belleza, las manzanas caídas de los árboles.
Pasamos por algunos pueblos que parecen deshabitados, pero que tienen un pequeño lugar fresco y con
rústicas bancas en las que puedes descansar, iglesias románicas con la sencillez que seguramente le
gusta a Dios.
El primer pueblo y desde donde se inicia la jornada es Sarria, allí tomamos chocolate con churos,
caminamos por sus calles y buscamos a nuestras amigas para saber de ellas. Al día siguiente, muy
temprano, caminamos a Portomarín, muchas horas atravesando caminos por lo que seguramente
habían circulado vacas y caballos. Bajamos una pendiente llena de agujeros para economizar un poco de
camino y llegamos al puente sobre el río Miño. Un sol agotador nos acompañó todo el tiempo. Nos
contaron que en alguna ocasión el río creció tanto que se llevó casi todo el pueblo y que aún era fácil
observar el muelle bajo sus aguas. El pueblo estaba en una cima, así que a la caminata se sumó ascender
ciento y pico de gradas, ya en las alturas buscamos el hospedaje en un hotelito cómodo. El pueblo estaba
en fiestas y no pudimos dormir porque los animados pobladores bailaron hasta el amanecer.
También recorrimos el poblado, comimos en uno de los restaurantes, nos encontramos con las amigas y
luego nos sentamos en la plaza del pueblo a contemplar más a los caminantes que a los nativos de lugar.
Las tiendas de souvenirs se veían baratas, pero mi prioridad fue comprar apósitos para las ampollas que
aparecieron a pesar de los cuidados.
Muy temprano nos encontramos en el sitio para iniciar el tercer día de caminata. Esta vez íbamos a Pas
de Rei, la etapa más difícil. En el primer parador que encontramos desayunamos café y tostadas,
los bocadillos no son parte de nuestras costumbres y nos costó aceptarlos en la dieta diaria. Igualmente,
el camino tiene pendientes, largos trechos por la carretera hasta llegar a una pequeña iglesia, Santa
María. En alguno de los lugares nos explicaron que en las construcciones que seguramente son
medievales siempre se encontrarán la iglesia, el hospital y el cementerio. Así lo constatamos, a pesar del
cansancio.
Al fin llegamos a Palas de Rei y, como decía una de las amigas, si caminar ya es una odisea, encontrar el
albergue es la segunda odisea.
El día más exigente en la caminata es Palas de Rei Arzúa. La denominan el rompepiernas. Yo añadiría que
rompe corazones y rompe esperanzas, porque ya una vez aquí o decides ir en el autobús y sentirte
fracasado o sacas fuerzas y caminas porque las piernas te llevan. Pasamos por Melide, un hermoso
pueblo que hay que atravesar para retomar el Camino. Muchos sitios para comer y beber, pero
nosotros preferimos comprar fruta que, a más de buena, estaba barata. Ya en este punto del camino
empiezas a preguntar cuánto falta, ves el mapa, parece que no mucho, unos dicen cuatro horas, otros cinco, y
al fin caminas y caminas. Al llegar al pueblo de Arzúa, trepar otra vez porque el hotelito está bien arriba
y dimos por hecho que no bajaremos a buscar comida porque después de semejante caminata ya no
soportábamos más.

Las amigas se hospedan en el mismo lugar, pero ellas llegan en taxi porque al llegar al pueblo ya no
tuvieron piernas para la segunda odisea.
La siguiente etapa es Arzúa Pedrouzo. Iniciamos la caminata después de desayunar en una de las
cafeterías abiertas desde muy temprano para los peregrinos.
Parecía que el camino era menos esforzado y nos prometimos descansar cada vez que fuera posible, así
lo hicimos, en algunos lugares esperamos un poco más y nos encontramos con las amigas,
confirmamos que su relación es fuerte y solidaria, se esperan, no se desesperan porque una de ellas
camina muy lento. Es más, una de ellas se vuelve a buscarla, la anima y le atiende. Una buena lección
para quienes aún no hemos comprendido los valores a poner a prueba en el ejercicio de la amistad.
Parecía que ahora si llegaríamos temprano al pueblo, pero fue igual, llegamos tarde, agotadas y otra vez en la búsqueda de la pensión, un simpático lugar en donde comimos pulpo, compramos medicinas y descansamos exhaustas.
El último día es Pedrouzo-Santiago de Compostela. Iniciamos la caminata muy temprano porque
queríamos llegar a la Misa del Peregrino. Tomar conciencia de que es la meta final anima y hasta parece que el camino es más suave, casi no paramos y al fin llegamos a la ciudad. Estábamos en las afueras, tal vez la parte más
moderna, atravesamos toda la ciudad hasta llegar al centro mismo en donde la imponente catedral aloja
los restos de Santiago Apóstol. Después de cumplir el rito de abrazar al santo y ver su tumba entramos al
templo, enorme, nos sentamos. Personalmente ya no sentí cansancio, tampoco me dediqué a rezar,
tenía la mente en blanco, a veces pienso que esas enormes basílicas construidas por la vanidad de los
hombres no inspiran la confianza y devoción de aquellos lugares pequeños y tristes donde también está
Dios. Supongo que la devoción tiene un momento y un lugar y no siempre coincide con lo majestuoso y
multitudinario, es más bien algo que aprieta el corazón y mueve el sentimiento, aquello lo sentí en el
camino, o en momentos en los cuales disimulé mis lágrimas con un ligero resfrío, o con enormes gotas
de sudor.
Lo que vino después fue conocer la ciudad, caminar sus calles, degustar la cocina española y preparar
el regreso a Madrid.
¿Qué me dejó Santiago de Compostela?

La confianza de que Dios está siempre a mi lado, que se deja ver en todo lo bueno que veo y siento.

Me conocí, advertí mis errores y conocí un poco más de cerca a quienes me rodean.

La felicidad enorme de saber que aún lo puedo todo.

______________________________________

*Nancy Carrillo estudió Linguística Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid. Es doctora en la Pontificia Universidad Católica de Quito en administración educativa, Máster en la Universidad Andina en Estudios de la Cultura, lectora de toda la vida, intentos de escritora, trabajadora a tiempo completo, viajera infatigable siempre trabajando en lo que la apasiona.

Post Anteriores Ucrania, la guerra secreta.
Nuevos Post "Tesitura inacabada", de Aníbal Fernando Bonilla. Un prólogo de Rubén Darío Buitrón

Comment (1)

  1. Rosa Enriquez Loaiza

    19 Ene 2023

    Leer la crónica de un viaje y los periplos del día a día, no solo lleva al lector a vivir la experiencia, sentir las piedras del camino y percibir los olores de las flores mientras vives el cansancio del escritor en cada paso.
    Sin embargo, la sensación mayor que deja la lectura, es el recordar y fortalecer nuestra fe, nuestras creencias, esas que nos permiten continuar cada día y nos permite tener la fuerza de un siguiente paso y no decaer.
    De entender que Dios no está en los templos, sino en los detalles del día a día, en la maravilla del mundo y en la fuerza que nos entrega para continuar nuestro camino.
    Un abrazo fraterno Nancy, gracias por compartir desde las letras su experiencia, su vida y sobre todo su fe…que es de todos.

Comments are closed.

Los Cronistas 2026 I Todos los derechos reservados I Desarrollado por Sabana Kreativos