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El día después
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Por Rubén Darío Buitrón*

¿Cómo amanecerá el país este lunes 12 de abril de 2021? ¿Despertará claro y sonriente o abrumado y deshecho? ¿Le invadirá la incertidumbre o confiará en que lo que hizo el día anterior tuvo sentido?

¿Se levantará agotado por tanta batalla inútil y estéril, por tanto odio, por tanta división, por tanta mentira, por tanta trampa, por su actitud de esconder y torcer la realidad para no perder votos? ¿Se preguntará por qué sufragó por un candidato y no por otro y se sentirá gris por lo que considere —ya muy tarde— que cometió un error?

¿Abrirá los ojos complacido de que un candidato con porcentaje mínimo le haya ganado a otro candidato con porcentaje mínimo?

¿Estará consciente de que el próximo presidente de la República no tendrá en la Asamblea Nacional la mayoría para gobernar con tranquilidad y, por tanto, deberá negociar -como casi siempre- “contratos colectivos”, ministerios, comisiones legislativas, gerencias de empresas públicas, prebendas burocráticas o jugosas cuotas de poder?

¿Temerá que los que gobernaron estos años sean una continuidad de un ejercicio mediocre e irrelevante del mando o que otros sectores vuelvan a tomarse la administración de justicia para limpiar los expedientes de quienes, durante tanto tiempo, se aprovecharon del poder que les dio Carondelet para que hagan o deshagan lo que les convenía a ellos y a los poderosos grupos que armaron, protegidos por quienes tenían el deber de hacer justicia?

Al día siguiente, cuando el país mediático se encontrará agobiado de cifras, evaluaciones, análisis, adivinanzas, predicciones, posibilidades, especulaciones y prestidigitaciones, ¿cuál será el sentimiento profundo de una nación que se deshace, que se derrumba, que se desarma, que recoge sus propios escombros, que si se ve en el espejo solamente alcanzará a mirar una sombra agobiada y agotada, ahogada en sus propias contradicciones, en sus rivalidades, en sus odios, en sus fanatismos, en sus revanchas, en sus delitos de corrupción, en sus arreglos por debajo de la mesa?

El lunes 12 de abril sabremos quién será el ganador de unas elecciones que no las tendrán todas consigo. El nuevo mandatario deberá buscar la manera de sacar adelante a un Ecuador que hace cuatro años quedó desolado, sin un dólar en caja, y que nunca, durante 48 meses, pudo salir de ese agujero y agudizó la crisis económica y política llevándola a sus niveles más hondos con más préstamos, más gasto público, más Fondo Monetario Internacional?

Los votantes se preguntarán si será capaz ese nuevo mandatario de conducir a la nación a buen puerto o si el país vivirá cuatro años más de pobreza, de falta de trabajo, de escándalos, de sobornos, de falta de estímulos para la producción y para los emprendimientos, de inseguridad callejera, de indefensión jurídica, de los coletazos del narcotráfico, de la acción perniciosa de las pandillas que gobiernan dentro de las cárceles y de las otras pandillas que gobiernan fuera de ellas, de aventajados y abusivos sujetos que por ser amigos del Presidente o del exministro de Salud violaron toda regla administrativa, moral y ética vacunándose y vacunando contra el Covid-19 a sus parientes y compinches?

Han sido 14 años de pandemias, tragedias telúricas, gabinetes que nunca se encontraron a sí mismos, regímenes inestables que batieron récords en cantidad de ministros, en cantidad de escándalos en medio de una actitud prepotente o pusilánime —según sea el adversario—, en sus conflictos con los ciudadanos, en ataques despiadados contra periodistas, en inoperancia administrativa, en demagogias, en mentiras, en promesas incumplidas, en presuntos éxitos políticos y legislativos que no nos llevaron a ninguna parte y que, más bien, al final del Gobierno mostraron patéticas cifras de credibilidad y popularidad como nunca antes las habíamos tenido.

¿Seguirá la podredumbre administrativa, la incapacidad para administrar el Estado y el asalto a los fondos del pueblo? ¿Cómo pretenderá el nuevo presidente de la República detener este mal tan oprobioso y lleno de escenas y situaciones vergonzantes en los que, probablemente, él mismo esté involucrado? ¿O, quizás, para desgracia del país, se unirá a quienes han protagonizado asociaciones  ilícitas para el crimen organizado y esquilmar lo poco que le queda al fisco? ¿Intentará tapar u ocultar todo lo que no se ha investigado y enjuiciado para salvarse de las culpas y salvar a sus camaradas o a sus cómplices?

Al día siguiente de las elecciones, el nuevo mandatario tendrá que empezar a armar su gabinete y los personajes y los nombres que elija serán la primera prueba de que fue verdad o fue mentira todo lo que dijo, ofreció y prometió durante la campaña electoral.

Con el aparecimiento de aquellos nombres y con el conocimiento de qué clase de ciudadanos son, los ecuatorianos iremos viendo lo que, en realidad, será el próximo Gobierno, más allá de lo que en las tarimas se propuso, se comprometió y se juró que se cumpliría.

¿A qué sectores favorecerán y a qué sectores golpearán en las distintas áreas estatales donde los ministros obedecerán consignas no del presidente de la República ni del Gobierno, sino de los poderosos grupos a los cuales el excandidato les debe favores y deberá pagarlos?

¿Y la libertad de expresión? ¿Hasta qué punto, hasta qué nivel será capaz el nuevo régimen de respetarla, de entender que el periodismo ayuda a poner la casa en orden y que no es un enemigo del Estado, sino todo lo contrario?

¿Hará acuerdos con ciertos medios —en general, con los más grandes e influyentes— para silenciar u omitir cosas y para que no se escarbe en el lodo y en la podredumbre donde todas las evidencias llevan a concluir en la existencia de nefastos personajes que se han aprovechado de su influencia y de su poder para robar los recursos que pertenecen al Estado?

¿Se permitirá que, durante este lapso, políticos mafiosos y delincuentes amenacen o enjuicien a los periodistas? ¿Serán cuatro años de paz o de conflictos entre la prensa que trabajará por cumplir su deber y el Gobierno que tratará de impedir la difusión de todo aquello que podría perjudicar su imagen e involucrar en asuntos civiles o penales a sus funcionarios?

El día después dependerá de cada uno de nosotros. Dependerá de que, desde ya, reflexionemos nuestro voto en la familia, en la calle, en la vecindad, en el barrio, en los lugares de trabajo, en los grupos de amigos.

El día después será decisivo y tendrá que ver con lo que pensemos, con lo que repensemos, con lo que signifique para cada uno de nosotros el sentido de patria, con lo que decidamos dándole al voto el profundo y esencial sentido que le corresponde.

El día después tendrá mucho que ver con lo que se escriba o raye cada ciudadano en la papeleta electoral, pues de ello dependerá el futuro del país, un futuro que será próspero o miserable, que será pacífico o violento, que nos enfrentará o unirá, que elevará la calidad de la democracia o terminará enterrándola.

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*Rubén Darío Buitrón (Quito, 1966) es poeta, narrador y periodista. Ha escrito diez libros sobre distintos géneros y tiene en preparación dos más. Ha ganado premios nacionales de periodismo y de cuento. En la cadena SRRadio mantiene el programa “La otra mirada” y escribe para la revista digital Plan V. Es el director-fundador del portal loscronistas.net 

*Texto publicado en la revista digital Plan V del 29 de marzo de 2021

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