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La chica Velcro: «Mientras esté viva, quiero ser feliz»

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Por Carlos Narea*

Le comento que empecé a seguirla porque me llamó la atención su usuario:
La chica Velcro.

“Por favor apunta esto, no soy stripper, eso es lo único que todo el mundo tiene que saber, entre mis miles de funciones, no soy stripper”. Y se ríe.

Así es María Gabriela Moncayo, de esas personas que son capaces de reírse de sí mismas.

Sus múltiples funciones incluyen ser comunicadora, dar asesorías, manejar un restaurante, ser activista y, sobre todo, ser feliz.

Es importante esta última parte, porque Gabriela o La chica Velcro, como se la conoce en Twitter, vive con Esclerosis Múltiple. Pero eso, que para otros es una tragedia, para Gabriela es un tema menor.

Ella misma lo recalca: “Esto no me va a impedir que viva”.

Comencé a fijarme en ella por su activismo en redes sociales, allá por el año 2012, por la causa de la Esclerosis Múltiple.

Empezó a escribir mensajes dirigidos al Instituto de Seguridad Social (IESS) demandando medicinas, atención para todos quienes conviven con esta enfermedad, que es considerada una discapacidad.

Su lucha era cotidiana, y poco a poco muchos más se unieron a su petición.

Incluso se reunió con el entonces vicepresidente Lenín Moreno y Xavier Torres, secretario para las Personas con Discapacidad.

La Esclerosis Múltiple es una enfermedad que afecta las neuronas, así como al sistema nervioso central. Este daño ocasiona una suerte de interrupción de la comunicación entre el cerebro y el cuerpo.

Pero el trabajo de Gabriela y el apoyo que consiguió en Twitter permitió que quienes viven con esa enfermedad en Ecuador puedan afiliarse voluntariamente y tengan medicinas para tratar su condición.

“Sirvió muchísimo que un montón de personas conocieran sobre la Esclerosis Múltiple. Cuando a mí me diagnosticaron no sabía qué era”.

Tenía 18 cuando fue diagnosticada. Pero recién a los 25 conoció con certeza de qué se trataba la enfermedad. Su doctor le decía que tenía que aceptarlo. Hoy tiene 31. Y lo ha hecho.

“Yo decidí que viviría con esto y que tengo que aprender a convivir con él. A la enfermedad entendí que era yo atacándome a mí misma, fue el primer shock. Y eso marcó un antes y un después de mí con esclerosis múltiple, porque cuando odias a la enfermedad te estás odiando a ti. Si tú no aceptas
esa enfermedad no te estás aceptando tú”.

Luego de esa etapa de aceptación, llegó una muy buena en su vida: aprendió a escuchar a su cuerpo, aunque hay días en los cuales no tiene fuerzas ni para levantarse de la cama. Otros en los que no puede mover los brazos. Otros en los que no tiene problemas de visión. Otros más en que siente mucha fatiga.

Pero no se desespera. Se da su tiempo para cada cosa, un proceso muy largo, de casi dos años, hasta comprender lo que significa escuchar su cuerpo y darse su tiempo.

En esa etapa, cuando llegó a los 27 años, tomó otra decisión que marcaría un punto de quiebre en su vida: viajar sola a Madrid para seguir una maestría.

Para su familia, en especial para su madre, era una situación complicada de aceptar, pues le preocupaba qué haría Gabriela, lejos, sola, si en un momento le llegaba una crisis. Sus amigos también se asustaron.

“Mi mamá, en el aeropuerto, el día que me iba, me dijo que si me pasaba algo me regrese y vemos cómo pagamos, pero que ella quería que yo vaya y sea feliz. Que esté tranquila. Ese año tuve un par de recaídas, pero nada grave”,

Estudió en el EAE Bussiness School, una escuela de negocios.

La chica Velcro explica que el clima, el estado de ánimo también influyen en  una recaída de la enfermedad o no.

Por eso el lema que predica siempre es “hay que ser feliz”.

Una de las curiosidades de la vida de esta joven quiteña es que a los 15 años era una misionera. Y lo fue por 4 años.

Estuvo a punto de ser monja. Estaba lista para tomar los hábitos cuando dentro de la estructura de ese mundo eclesial vio cosas que le hicieron cambiar de opinión.

Pero su fe se mantiene. Se considera una creyente de Dios, pero del Dios que da libre albedrío.

La entrevista la hacemos en el restaurante que administra, ubicado cerca del parque El Ejido.

Es un sitio que poco tiene que ver con ella, pero es parte de su trabajo apoyando a su familia. Allí nos sentamos en una mesa, compartimos un café y hablamos casi una hora.

Es una persona con quien es fácil platicar. Esa filosofía de vida que mantiene que establece en su lema provoca admiración.

Volvemos a hablar de Madrid. “Una de las fortalezas que encontré en Madrid fue ser más flexible. Me abrió los ojos. Yo puse las cosas en manos de Dios. Dije que me llevaba mis miedos empacados en cadena de frío, porque así viajaban mis medicinas”, relata.

En la capital española se encargó de cocinar, lavar su ropa, limpiar,  mantener sus espacios en orden. Era enfrentarse al mundo por su cuenta.

“Madrid me enseñó que cuando estás ocupada en ser feliz no hay tiempo para nada más. La enfermedad se detiene porque estás siendo feliz. No hay espacio para otras cosas».

Valoro a las personas. También me caigo súper bien y la soledad no me afecta, dice Gabriela.

Sobre su cuenta de Twitter, destaca que La chica Velcro no es un personaje. Que ella no escribe algo que no sería capaz de mantenerlo en persona. Por eso no cree en los insultos en las redes, en la gente que ofende las opiniones de otros.“En las redes soy yo en momentos de alegría y tristeza”, se define.

Al volver a Quito se involucró en campañas e iniciativas de fomento a la cultura ciudadana.

Se involucró con otras ONG’s como ONU Mujeres. Y desde julio de 2018 está a cargo de su restaurante.

Pero insiste en que quiere hacer comunicación, enseñar comunicación, porque eso ama y es lo que estudió. Hoy colabora con Fundación Esquel, en comunicación estratégica.

Cada semana se inyecta una ampolla de Interferón Beta 1A.

La chica Velcro continúa escribiendo en su cuenta de Twitter, compartiendo sus alegrías, sus tristezas, sus viajes.

Haciendo honor a su nickname: se puso Velcro porque antes solo se le pegaban las pelusas, dice con humor en referencia a los chicos que le coqueteaban en las redes.

Todos los días, comparte un mensaje que resume su forma de ser, su forma de vivir y compartir con los demás.

El mensaje es más o menos así:

– Buenos días con todos, en especial con…

Y a veces, hasta comparte un abrazo.

_______________

*Carlos Narea, periodista y escritor guayaquileño, es miembro del equipo de narradores de loscronistas.org

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Comments (6)

  1. Guillermina Del Pozo

    19 Abr 2019

    Cada día aumenta más mi amor por ti y mi orgullo al saber que eres mi hija adorada. Que Dios te siga bendiciendo y protegiendo a cada instante… Él te ama, eres su mimada… Sigue adelante… Tu felicidad es la nuestra..Te amamos.

    • Los Cronistas

      19 Abr 2019

      Muchas gracias por su comentario, doña Guillermina.

      Saludos afectuosos,

      Rubén Darío Buitrón
      Director-fundador
      loscronistas.org

  2. Jane

    19 Abr 2019

    Very interesting. Sad sad situation.
    Congratulations

  3. Janet Durango

    19 Abr 2019

    Excellent. There is sad sad situation. Congratulations Carlos.

  4. Margarita Del Pozo Haro

    20 Abr 2019

    Dios te siga bendiciendo y dando la sabiduría necesaria para continuar con tu legado, eres luz para todos te amamos mi niña bonita

  5. Elsa R

    21 Abr 2019

    Carlos te felicito porque un periodista jamas sera completo ni imparcial si no hace este tipo de investigacion humana , mas alla de la ciencia está mi hijita putativa Gaby quien hace honor a la valentia que los seres humanos debemos tener. Por si no lo sabes mi Gabita es la “dura” de su familia, su madre , su hermano y ella misma dicen “que ha salido a mi”. ya quisiera tener esa forma de ser y esa manera de ver la vida. Mi Gabita hermosa, las circunstancias nos unió pero nuestras decisiones hacen que sea tu mama pollito por siempre. Te quiero con todo mi corazón. Elsa R.

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