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Todos los caminos conducen al Rin. Crónica de María Dolores Montaño

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Düsseldorf es la ciudad hermosa a orillas del majestuoso Rin. Mi mami nos contaba lo bella que era, la capital de la moda en Alemania. Y quedó grabada en mi memoria y también en la de mi hijo Alejandro, que llegó a Düsseldorf y ahí se quedó para siempre, al menos hasta hoy.

Por María Dolores Montaño*

Siempre he tenido una atracción por el Rin. Ese río enorme que atraviesa Europa, que empieza en Suiza y termina en el Mar del Norte, en Rotterdam.

Y recuerdo al río Rin de héroes como Sigfrido y de las valquirias. Ese río navegable, tan diferente a nuestras tierras andinas llenas de depresiones y rocas.

La primera vez que llegué a Europa, a mis 20 años, entré por Luxemburgo y al día siguiente, tomamos un camino arbolado, al borde del Mosela, donde se hacen los mejores vinos blancos del mundo y tal vez por eso me gustan los vinos blancos. Y desde aquel momento, en medio de caminos arbolados y con la música del Danubio Azul, supe que el Mosela se unía al Rin y me pareció fascinante.

Luego pasamos por Colonia, maravillosa ciudad a orillas del Rin, la colonia romana. El Imperio romano se acababa en el Rin. Era el borde entre la civilización y los bárbaros. Mas allá del cual ni el mismísimo Cayo Julio César pudo cruzar.

Pero desde hace ya casi 18 años, el Rin para mí ya no es Colonia, sino Düsseldorf. Porque mijo vive allá desde el 2005, cuando se graduó de médico de médico , fue y se quedó.

Düsseldorf es la ciudad hermosa a orillas del Rin, que mi mami nos contaba lo bella que era, la capital de la moda en Alemania. Y quedó grabada en mi memoria y también en la de mi hijo Alejandro, que llegó a Düsseldorf y ahí vive hasta hoy.

A mi nuera Carla, alta, rubia, de pelo largo, la esposa de mi hijo, yo le decía la sirena del Rin, como Lorelei, una figura mitológica. Es realmente una hermosa y dulce nuera, esta chica con quien tiene mi hijo dos hermosos niños rubios, bellos, inteligentes y diferentes a su abuela, morena, de otro color de piel.

En el 2022, volví a recorrer Alemania, y Düsseldorf, con curiosidad y sola. Replanteándome los caminos, con mis ojos y mis sentidos.

La primera vez que la conocí, en 2008, me encontré con una ciudad fascinante, a orillas de ese Rin de leyendas de nibelungos, dioses nórdicos y barcos navegando las aguas.

También descubrí la Altstadt, la ciudad vieja, con su Malecón (Promenade) en el cual la gente se sienta en verano a comer rico, con una copa de Aperol Spritz, a conversar, a pasear, a mirar el ocaso. Descubrí entre callejuelas que, en cada lugar pruebas una cerveza diferente. Puedes saborear el delicioso codillo de cerdo (Haxe).

En los bares y restaurantes de la ciudad vieja miras parado, frente a una mesa, los partidos del mundial de fútbol, donde Alemania en 2014, fue campeón.

Paseé en invierno, entre platanes deshojados. Vísperas de navidad cayó la primera nevada y fue fascinante sentir la nieve como polvo de algodón. Disfruté de los mercaditos, donde se toma el Glühwein con esa aromática mezcla de vino, naranjas y especies. Delicioso y calentito.

Estuve en un picnic en la playa del río y en verano en la Kirmes (la feria). He paseado y hecho compras en la Kö (Königalle) y he recorrido el Rin desde la ciudad vieja hasta la Medianhafen donde se rehabilitaron los muelles de la ciudad con proyectos emblemáticos y paseos.

En primavera he visto cómo el parque del Rin se ha llenado de flores violetas cuando empieza el florecimiento. Me han encantado los tulipanes de mil colores.

He tomado vuelos desde Düsseldorf a Barcelona, Estocolmo, Amsterdam. He vuelto desde Madrid y Lyon. He ido en auto a Praga, Berlín, Ginebra, Vienne o Dresde y he vuelto desde París, Amsterdam, Brujas o Texel. He tomado tren hasta París, Berlín, Duisburg.

He visto los bosques a la orilla del Río donde Beethoven compuso su Quinta Sinfonía.

He conocido la Villa Hubel y he comido platos de caza en pleno invierno. He comido galletas de navidad en una casita que parecía de chocolate.

El 2022 hice el trayecto Quito-Madrid-Frankfurt y luego en tren a Duisburg, con las ganas increíbles de pasar el cumpleaños de mi nieta Emilia Sol, el 24 de junio y con mi familia en esas tierras lejanas que se volvieron inaccesibles para mí en pandemia.

Lo logré y fui muy feliz cuando pensé que no iba a volver a serlo, que me ganaba la melancolía.

Mi nuera me dejó en Düsseldorf (ahora viven en Oberhausen, en el campo) con mi par de nietos bellos, sucos, demandantes y activos y prácticamente me bajé al vuelo.

Esta vez recorrí los pasos que había hecho con anterioridad. Me adentré en el Hofgarten y me dirigí a la Arcada de la Kö un edificio diseñado por Daniel Libeskind, que se ubica frente al canal. Luego crucé el edificio e ingresé a la plaza de atrás.

Por ahí caminé hacia la Königalle (El Paseo del Rey), crucé el puente y me tomé una foto frente a la fuente de Tritón y caminé a lo largo de la Kö entrando a las mejores tiendas: Karl Lagerfeld, Longchamps, Burberry, Boga Milano, y me probé de todo, solo para comprarme un vestido en Zara.

Recordé lo vivido en esa ciudad, la de mi hijo y también un poquito mía.

Entré a la Ciudad Vieja y recorrí sus calles y tiendas: el Ayuntamiento, las callejuelas estrechas y peatonales, el sitio donde se toma cervezas en la calle y todos los lugares que me recordaban ambientes familiares. Como que volví a mi segundo hogar.

Salí al malecón en donde se observa la perspectiva completa del Rin, tan bello, tan amplio, tan navegable, lleno de cruceros y con gente caminando al borde. El Rin, siempre el hito.

Caminé y caminé. Entré a las tiendas, al mercado, al dm. Miré las vitrinas de las panaderías, caminé por las callejuelas llenas de pequeños restaurantes que me recordaron las veces que fui a visitar a mi hijo.

Y entonces él me llamó y nos encontramos en la Promenade.

Paseamos y reconocimos su primer departamento, en la ciudad vieja, donde vivió diez años. Lo miré, me tomé una foto, vi las calles del rededor, la iglesia y la torre y comimos un Haxe (codillo de cerdo).

Él sabe cómo reconozco la ciudad, paso a paso. Sabe que no me pierdo y que todo me parece familiar.

Salimos otra vez al Promenade y caminamos por el borde hacia el sur. Nos encontramos con su colega, Lucas, lituano, en su caminata diaria de 12 km.

Continuamos caminando en medio de los tilos, por el borde del Río cruzando el puente del Rin hasta donde está Medianhafen, el barrio restaurado de los muelles del antiguo puerto, donde se han construido edificios como el Hyatt Regency, y sobre todo el proyecto de Frank Gehry, con tres torres distintas. Es extraordinario darse cuenta que uno está allá en medio de esos edificios, donde la gente en verano se sienta a tomar algo y a conversar.

Caminamos y conversamos. Y él se sintió feliz que yo esté feliz.

Caminamos tanto que nos quedó lejos el estacionamiento donde dejó su auto.

Pero como todo lo resuelve en ese país, buscó una alternativa para volver. Se contactó con alguna app y en seguida localizó una moto. Le quitó el seguro, miró en la cajuelita y encontró dos cascos y dos redes para el pelo. Se subió y yo me subí atrás de él.

Super sujeta, un poco asustada, porque no suelo subirme nunca a una moto.

Y desde ahí recorrimos las calles de Düsseldorf.

Yo atrás, sujeta y abrazada a él, sentí que ese instante era muy feliz. Que no necesitaba nada más que ese maravilloso paseo por el Rin, por Düsseldorf, conducida por mi hijo.

Así de simple. Así de fugaz y permanente.

Así de saber que uno puede ser feliz, siempre, en especial cuando sus hijos están cerquita.

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Comments (3)

  1. Richi Tab

    06 Abr 2023

    Excelente anécdota toda una belleza de lectura. Felicidades

  2. Ana María Lizarzaburu

    06 Abr 2023

    Maravillosos recorridos, tu narración simple y con tantos detalles que sentí estar contigo en todos esos viajes. Felicitaciones!!

  3. Gigi Escudero Stauffer

    08 Abr 2023

    Mi querida Mado,
    Linda descripción de esa belleza de país.
    Cada detalle , cada sabor …una maravillosa experiencia.
    Realmente es como viajar y experimentar estar contigo disfrutando de cada momento..
    Lo más sentimental, tu paseo en moto abrazada de tu hijo.Family is everything.
    Beautifully written, keep them coming. It makes me smile and feel your happiness.

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