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«En medio de una fiesta», historia ganadora del Concurso Nacional de Crónica 2023

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Por Luis Alberto Bravo*

 “¿Qué música estás escuchando ahora?”, me preguntó mientras mirábamos los árboles. Era una tarde de inicios de diciembre del año 2013 y caminábamos por el Parque Central de Tumbaco. Ella había viajado desde España para volver a ser mi amiga. “Estoy escuchando a Dënver”, le dije. Ambos estábamos de paso.
La respuesta era precisa. Y se prolongaría en el tiempo. Lo cierto es que llevaba escuchando los tracks de Música, gramática, gimnasia desde hacía un año.
¿Cómo había llegado a la música de ellos? Pues de una manera muy… lógica.
Primero había descubierto a Teleradio Donoso, a Javiera Mena… y un día de esos di con el video de “Los adolescentes” (que se había hecho famoso en YouTube) y pronto la canción pasó a encabezar mi playlist.
– ¿Y cuál es tu canción favorita de ese grupo?
Fue con “Olas gigantes” cuando captaron toda mi atención. Y aún en la actualidad no me he recuperado de esa primera impresión. No puedo dejar de pensar en Salinger. ¿Hay otra canción que parezca estarse refiriendo a Un día perfecto para el pez banana?
Milton Mahan y Mariana Montenegro se conocieron en una fiesta de adolescentes en su natal San Felipe, ubicada a 80 kilómetros de la capital chilena. Él, Milton, quedó impactado con la belleza de Mariana y se le acercó a hablar. Ambos engancharon rápidamente por los gustos musicales. Descubrieron que eran fans de Los Planetas y del pop de los años setenta. Milton ha declarado que bautizaron a la banda con el nombre Dënver como un homenaje al libro de Jack Kerouac, En el camino (en ese libro, Denver, la ciudad capital del estado de Colorado, es mencionada un gran número de veces). La filosofía e influjo del movimiento beat puede captarse en muchos momentos de la discografía de la banda, pero muy especialmente en el videoclip de la canción «Lo que quieras». Dënver es una banda que constantemente está haciendo homenajes a sus referentes estéticos.
En su primera etapa, Milton y Mariana fueron pareja (hay muchos temas que recogen pasajes de su noviazgo, «En medio de una fiesta», «Torneo Local» o «Miedo a toparme contigo»). Pero, por suerte, para el Indie Pop en español, ambos integrantes habían logrado preservar el proyecto musical como si de dos huevos descubiertos en un nido amenazado por la lluvia, se trataran.

¿Qué tiene la música de Dënver?

La música de este dúo chileno me gusta por tres motivos. 1) Su sonido tan atrayente y pegajoso, muy consciente de un segmento de la tradición del disco, pero que conversa todo el tiempo con un toque folk que nos hace imaginar a su
natal San Felipe. Perfume pop y naturaleza. 2) El uso y tratamiento ambiguo de las letras de las canciones, a veces tan misteriosas, y otras veces románticas o perversas. Ejemplo: la dulce y lenta balada que en realidad está hablando de
violencia, crueldad o sadomasoquismo. El contrapunto es poderoso. 3) El constante desarrollo de productos visuales que hacen referencias al arte y a la cinematografía. El papel de Bernardo Quesney en la historia de la banda fue crucial, al encargarse de la elaboración (junto con Mahan) de varios videoclips, sumados los proyectos en que los hizo partícipes: la película Sed de mar (2008), y el documental Turismo aventura (2015).

Una idea subjetiva

En sus inicios, el sonido de Denver me parecía que fuera una inconsciente reinterpretación disco de varios temas de Blonde Redhead. Ejemplo: escuchar el tema “Heroine” del disco 23 (año 2007) y compararlo con “Mi primer oro” del
Música, Gramática, Gimnasia (2010). Otro ejemplo: «Hated Because of Great Qualities» del álbum Melody of Certain Damaged Lemons (año 2000) con «Los Bikers». Aun con sus honestas diferencias, creo que todas estas canciones se tolerarían en un mismo escenario musical.

El concierto

Cuando en septiembre de 2015 supe que Dënver se presentaría en Ecuador, no lo pensé dos veces. Busqué a amigos que estuvieran interesados en ir. Nadie. No importó. Le pedí a Andrea Buenaño, amiga y varias veces anfitriona en Quito, que me comprara mi boleto. Al final, ella también se animó a ir (aunque sin mucho entusiasmo).
Cuando llegó el día, tomé mi maleta y salí de viaje. No recuerdo mucho de la víspera. Pero sí algo del transcurso hasta el lugar en el que brindarían el concierto. Al recibirme, Andrea me entregó el boleto y me reveló que tendríamos que ir hasta Tumbaco, a un lugar llamado Green Valley. La última vez que había estado en ese cantón me reuní con alguien que había viajado desde España para cerrar un ciclo.
– Sabes… Este parque me recuerda a uno que hay en Madrid.
Mi amiga vivía en Conocoto, en el Valle de los Chillos, así que entramos y salimos de Quito. En algún momento del viaje, una estúpida seguridad se instaló en «mi yo práctico» convenciéndome de que el Green Valley era una discoteca que debía quedar muy cerca del Parque Central de Tumbaco.
La ignorancia hizo que al llegar nos tomáramos las cosas como si se tratara de un paseo. Cuando atravesábamos el parque le conté a Andrea que había estado, hace un par de años, en aquel mismo lugar, caminando con una ex luego de un largo tiempo sin hablarnos. PAUSE. Dejemos la anécdota para otra ocasión, pues en ese preciso momento un transeúnte nos reveló que tendríamos que tomar un taxi para llegar a “aquel lugar”. ¡El Green Valley no era ninguna puta discoteca!
Nos tomó cerca de media hora llegar a una hacienda. El lugar era muy grande para las pocas personas que nos habíamos congregado.
No superábamos las doscientas, creo. Y me resulta más cómodo pensar que éramos cien. Lo confirmó la organizadora cuando al micrófono (en un tono amargado) se quejó de la falta de respuesta del público. Alguien perdió mucho
dinero para que unos pocos fuéramos felices. Tienes un lugar en el cielo, hermano. Volviendo. Éramos tan pocos que los músicos pasaban junto a nosotros, así que no me fue difícil conversar con ellos.
Yo: Hola, Milton. Me gusta tu grupo. Soy fan de ustedes.
Milton: Gracias, ¿Tú también eres músico?
Me sentía como Mark David Chapman. ¡Estaba frente a una de las mentes creativas que habían reformado el pop chileno! Milton era más rayado de lo que parece en los videos, en los que se lo nota más ahuevado. Y no sé por qué pensó que yo era un músico.
Yo: No. Yo no… yo… escribo.
Milton: Ah sí. ¿Has publicado algo?
Yo: Recién salió en tu país un ensayo que escribí sobre Jorge Teillier.
Milton: ¡Teillier! Sí, me gusta su poesía. ¿Y tienes algún libro tuyo acá?
Yo: No.
Milton: ¿Se lo conseguirá en Chile?
Yo: No, no lo creo.
Milton: ¿Alguna canción que te guste para que la toquemos?
Yo: Me gustan muchas: “Concentración de campo”. Me encanta “Torneo local”.
Del último disco, me gustan “Bola disco”, “El fondo del barro”, “Yo para ti no soy nadie”…
Por mi cabeza pasaban muchas cosas: ¡Así que este hijueputa compuso “Concentración de campo”. Así que este es el genio que, sin necesidad de negar la tradición sonora, le había aportado frescura y nuevos conceptos a la música contemporánea!
Milton: Vamos a tocar las del nuevo disco.
Yo: ¡Entonces, genial!
Milton: Bueno, luego hablamos.
Yo: Dale.
Ya no recuerdo cuántas bandas actuaron de teloneros, dos o tres. “Disculpen la demora. Nos estábamos midiendo el webo”, anunció el vocalista de Tonicamo al salir al escenario. Pero valió la espera. El concierto de Dënver fue uno de los más bonitos a los que he acudido en mi vida. Principalmente por el sonido:¡parecía un CD conectado a altos parlantes! No había nada de distorsión (se lo puede percibir en los videos). Y la escenografía era muy atrayente. Tengo el orgullo de decir que estuve entre el público a quien Dënver interpretó los temas de Sangre Cita, por primera vez. Ni siquiera en Santiago los habían interpretado. Y sería luego del concierto en Tumbaco cuando lanzarían el disco en su país. Pero algo pasaba. La gente aún no se sabía los temas. No era mi caso. Abro un paréntesis. Si se fijan, “Bola disco” suena algo parecido a “Mientras me quieras” de Tranzas y AU-D (no me odien), cierro paréntesis. Mariana, al notarlo, dijo: “¿Qué quieren escuchar?”. Y un gracioso dijo: “Mariana, regálame tu media”. Todos nos reímos. Y otro, “Yo vine por “Lo que quieras”. Entonces Milton, dijo, “bueno, hagamos otra cosa”, se agachó, hizo algo en su pedestal y empezó a sonar todo él música, gramática, gimnasia. Gritos de felicidad y celebración. En un momento pensé: “Somos como una secta, estamos aquí los fans de Denver que hay en este país”. Mi amiga Andrea brindó una perla: «El pop de Dënver o de La Casa Azul es más
contracultural que mucha cosa que anda por ahí de punk rock».
Durante el evento ocurrieron otros momentos memorables. En un momento, el concierto se vio amenazado por las bocinas de la Policía. Milton dijo al micrófono algo que no recuerdo exactamente, pero que era una palabrota, algo así:
«¡Váyanse a la chucha!».

A partir de aquel momento, él tuvo un toque rockero que lo llevó a lanzar sus instrumentos, a lanzarse al piso, etc, etc. El otro momento memorable ocurrió cuando Mariana empezó a interpretar el vals pop “Medio loca (Hasta el bikini me estorba)” y tres o cuatro parejas de chicas que estaban cerca de nosotros (por “nosotros” me refiero a Andrea y yo) se pusieron a bailar (creo que ya lo tenían preparado). La escena era muy cinematográfica. Era como un cuadro de Degas filmado por Alberto Fuguet. Me gustó ver a las chicas danzar felices. A nadie se le ocurrió decir un estúpido “Uuu”. Éramos tan pocos que quien hubiera osado gritar algo negativo, la mierda hubiera regresado hacia él o ella.
El concierto era arriba, sí, ok, pero abajo estaba el performance. Cuando tuve la iluminación de estar viendo el video de “Los Bikers”, pero con chicas, fue cuando por fin lo entendí. ¡Oh, cielos, eran lesbianas! ¡Para estas chicas aquella canción tenía el sentido de un himno! Y las admiré. De un modo que yo no había podido captar. Ellas, en cambio, sí habían logrado captar la verdad secreta de esa canción.
– ¡Qué cool!
Ya no recuerdo cuál canción fue la última que tocó la banda. Tuve la ilusión de que regresarían al escenario después de un break. Pero no fue así. Cuando vi a Mariana alejarse hasta la cabaña, supe que la intervención de ellos había finalizado realmente. Así que preferí no perder el tiempo. Cuando estaba a punto de alcanzarla, me sonó el teléfono.
– ¡Estoy en el concierto de Dënver!
– ¿En serio? ¿Por qué no me llamaste?
– Te escribí. Escribí a varios. Nadie respondió. Y adivina en dónde ha ocurrido el concierto.
– ¿En dónde?
– En Tumbaco.
– ¿Qué?
– Te dejo ahora. ¡Tengo a Mariana cerca! Bye.
La llamé. “Mariana”, como a cualquier amiga. Era tanta la costumbre de escucharlos cada día que no me resultó raro ni mucho menos cuando me contestó. Le pregunté si iban a vender discos y me dijo que sí. Ella se fue a la furgoneta y volvió con un cartón. Mariana era muy, muy delgada. Aquel día llevaba unas medias a rayas que me recordaron a Olivia, la novia de Popeye. Nos pusimos en una columna varias personas. ¡Yo fui el primero que compré sus discos! Compré Música, Gramática, Gimnasia y Totoral, el primer disco de ellos.
Mariana dijo: “¡Wow, veinte dólares!”. Le pedí que me los firmara. Y eso hizo. Conversamos. Y nos tomamos varias fotos.
Yo: Me encanta tu grupo. Soy tan fan de ustedes que incluso he visto la película.
Mariana: ¡Wow!
Yo: Vi Sed de Mar, del amigo de ustedes Bernardo Quesney.
Mariana: Huy, esa película (se llevó la mano a la sien y se mostró avergonzada).
Yo: ¿Qué influencias literarias tienen?
Mariana: Eso pregúntale a Milton, yo me encargo más de la música.
Yo: ¿Has escrito la letra de alguna canción?
Mariana: Sí, Estilo de vida.
Yo: ¿Esa está en Totoral, creo?
Mariana: Sí.
Al igual que en Sed de mar, cada uno anda por su lado. Milton estaba más cerca de los músicos y Mariana con más aproximación al equipo de organizadores.
Estos detalles me permitieron leer algún tipo de conflicto entre ellos. Parecía que la única empatía se establecía solamente al momento de tocar alguna canción, tal cual como sucede en la película e interpretan Torneo local. Y por esa razón, nunca los pude tener a ambos en la misma conversación. Le agradecí a Mariana por la atención. Y volví con Andrea al concierto. Justo Da Pawn había subido al escenario. Me fui a verlos porque Cambio de Tonalidad es una canción que me gusta mucho. Inmediatamente una leve llovizna cayó sobre el campo. Miramos hacia atrás. Y preferimos aguantar. Esta vez quedamos menos. Cuando la lluvia dejó de ser “leve” y “llovizna”, optamos por regresar, pero al alejarnos, los Da Pawn me sorprendieron con una canción que me conquistó de inmediato. Tuve la sensación de haberla escuchado antes. Se trataba de Las Playas, pero en aquel momento no lo sabía. Así que me la llevé en el iPhone. Días después llegué a la conclusión de que es una idea libre de Sleep Walk de Santo & Johnny. No me odien por desencriptarlos, broders. Al volver, vi que las chicas del vals conversaban entre ellas con los discos de Dënver en las manos (y seguramente firmados). Nadie se acercaba a ellas. Era como si un halo mental las protegiera de terceros. Yo era tan feliz. Por un momento tuve la sensación de estar en uno de mis cuentos. Y aunque era consciente que se me habían quedado varias preguntas sin formular no quería molestar nuevamente a Mariana y a Milton. Por ejemplo: ¿Los covers tipo Estrecha a tu hermano, de La Congregación, lo van a recopilar en algún disco? O: ¿Por qué no tocan en los conciertos el injustamente olvidado Andén 6? Incluso el videoclip en stop motion ha desaparecido de YouTube. ¿Les avergüenza, acaso? Todo el disco Tororal es como un perfume pop arrojado sobre un ropaje de lar teilleriano. ¿Están de acuerdo?

Epílogo

Fuera de todo pronóstico, una vez más coincidí con Mariana. La descubrí comiendo bocadillos en una sala vacía. Lucía como una de esas quinceañeras que había regresado a la sala de eventos a ver alguna pertenencia olvidada sobre la mesa. Le dije que me había gustado la versión de “Corazón de poeta” que había subido a YouTube. “Gracias. Tengo hartos covers de ese estilo”. Le recomendé que debería sacar un disco tipo AM de Javiera Parra. “Quizás algún día lo haga”. Se dirigió a la furgoneta y nos dijimos adiós.
Volvimos en silencio en el taxi. Andrea entendió perfectamente que necesitaba tiempo para digerir todo aquello. Mirando por la ventana pensaba que todo aquel viaje para ver y escuchar en concierto a Dënver había sido la curiosa respuesta, pero con más precisión, dimensión y consistencia, a aquella sencilla pregunta que me habían formulado hacía varios años, mientras caminaba por un parque lleno de árboles: “¿Qué música estás escuchando ahora?”.

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*Luis Alberto Bravo (Milagro, 1979). Escritor ecuatoriano. Considerado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2011, dentro de Los 25 secretos literarios de América Latina. Ha publicado: Septiembre, Hotel Bartleby, El jardinero de los Rolling Stones, Crow. Con «Asia» obtuvo el Premio de Narrativa Miguel Donoso Pareja 2022.
* Esta historia fue nominada como la ganadora única del Concurso Nacional de Crónica 2023, convocado por el portal loscronistas.net con el auspicio de Librería Española. El jurado, que dio su veredicto el lunes 6 de marzo y lo difundió en el programa La Otra Mirada, estuvo integrado por los escritores y cronistas Esteban Michelena, Byron Rodríguez Vásconez y Víctor Vizuete Espinosa. 
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