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Ucrania, la guerra secreta.

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El poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht decía que las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer.

Por Arturo Cabrera-Hidalgo*

Hace casi 20 años, en noviembre de 2003, conocí en Ucrania el Grand Café de Kiev, en la estrecha calle Muzeinyi, a pocos pasos de la Plaza Maidan, o Plaza de la Independencia, que poco después sería internacionalmente conocida por la Revolución Naranja. Era mi primera cena formal con quien años más tarde sería mi esposa. Había, por lo tanto, razones para no olvidar el lugar. Además de las obvias, el haberme sentido inmerso en uno de esos escenarios tan detalladamente descritos en los libros de espionaje de la Guerra Fría. Recuerdo las lámparas de cristal en cada mesa, los cubiertos de plata antigua, el papel tapiz en la pared y mi curiosidad por las historias y encuentros que habría reflejado el norme espejo colgado sobre la chimenea.

En pocos lugares la Guerra Fría había congelado el tiempo como en Ucrania. Una vieja guerra que no acaba de morir, en una nación que no acaba de nacer.  En la actualidad este país está viviendo un nuevo capítulo de la antigua Guerra Fría, en medio de una crisis que no le permite terminar de definirse.

El restaurante cerró sus puertas hace algunos años, al igual que muchos otros en ese sector, pero persisten las historias de lo que en teoría de inteligencia se denomina humint, o inteligencia humana, la de los agentes en el terreno; aquella irremplazable, sin la cual ninguna otra, por sofisticada que sea tiene efectividad. Aquella que en este momento sigue operando en las calles de Kiev, en el puente de Irpin, en las costas de Odesa, o la frontera con Bielorrusia.

Luego de más de 9 meses del inicio de la burda guerra de agresión rusa, nadie puede desconocer que sea cual sea el desenlace final, Ucrania ya ganó la guerra de la información y la desinformación. En otras palabras, la guerra de la inteligencia: la guerra secreta.

La evidencia de haber ganado la guerra de la inteligencia, es que el ataque e invasión no concluyó en 15 días con el triunfo de Putin, como según el Ministerio de Defensa de Ucrania, fue el plan inicial, de acuerdo con documentos reservados decomisados a las tropas rusas.

En realidad, meses antes de decomisar esos documentos, que recientemente se hicieron públicos, Ucrania ya conocía en detalle esta información, que en muchos casos fue generada por la propia Ucrania, a través de doble agentes. Al mismo tiempo, el acceso a información privilegiada permitió conocer la logística rusa de invasión.

Se inhabilitaron y destruyeron en el mismo territorio ucraniano puentes, vías férreas y terrestres por las que se sabía se intentaría realizar la entrada de tropas y armamento rusos. Pero además, durante la guerra, esa información permitió llevar a Rusia a escenarios tan humillantes, como el hundimiento de su poderoso buque insignia del Mar Negro, el Moskva, destruido por dos misiles Neptune, de fabricación ucraniana. El tiempo permitirá saber si estas estrategias estuvieron o no relacionadas con la destrucción de una parte del puente a Crimea, el más largo de Europa, y el más seguro para el transporte de armamento pesado ruso.

Existen dos elementos clave en este caso, que deben formar parte de un análisis sobre la guerra de la inteligencia. El primero, es el hecho de que la Federación Rusa planificó este ataque con mucha anticipación, para lo cual reclutó y desplegó células de espías, particularmente en las poblaciones ruso-parlantes de Ucrania. Operativos encubiertos y apoyados internacionalmente fueron identificándolos, pero en lugar de procesarlos por espionaje o traición, se ofreció amnistía, e inclusive se permitió mantener el dinero que recibían del Gobierno de Putin.

A cambio, fueron rigurosamente reclutados como doble agentes que debían pasar de manera permanente información que podía ser contrastada como verdadera, pero que no afectaba de manera importante a Ucrania, junto a información falsa, como toda aquella relativa a la supuesta organización de la población local ruso-parlante para recibir, acoger y facilitar a las tropas rusas su entrada hasta la capital. Un segundo elemento es la información obtenida por la inteligencia occidental en Moscú, parte de la cual fue desclasificada y hecha pública, en una acción sin precedentes, para poner en evidencia y debilitar la posición e intenciones rusas, logrando un apoyo internacional también sin precedentes. La desclasificación implica un proceso complicado, no sólo para determinar qué y cómo puede revelarse, sino también para proteger fuentes, procedimientos, y a decenas o centenas de agentes involucrados. La estrategia y los objetivos fueron exitosos y debieron contar con la compleja aprobación de todos los actores involucrados, como los miembros de la OTAN, según información obtenida entonces por la BBC, a partir de fuentes como la misma Nicole de Haay, vocera de la comunidad de inteligencia estadounidense.

En el año 2006, Timothy Snyder, profesor de historia de la Universidad de Yale, al presentar su libro “Bocetos de una Guerra Secreta”, describe como una “Guerra Fría en miniatura” a la “guerra secreta” que habría existido de 1926 a 1939 entre la ex Unión Soviética y Polonia para “liberar a Ucrania”. Un análisis que en la actualidad no se ha considerado en toda su amplitud, pese a que provee antecedentes relevantes, sobre estrategias y errores que de alguna manera se están repitiendo.

Entre 1919 y 1920, según Snyder, el ejército polaco, con el apoyo de sus aliados ucranianos, detuvieron el avance hacia occidente de las fuerzas bolcheviques y el comunismo, al establecer una frontera que dividió a Ucrania entre Polonia y la ex Unión Soviética. Entre las décadas de 1920 y 1930, sostiene el mismo Snyder, los soviéticos intentaron también sacar provecho del nacionalismo, en este caso ucraniano, para reclamar que las áreas étnicamente ucranianas de Polonia debían anexarse a la entonces República Soviética de Ucrania. Más aún, los soviéticos habrían implementado operaciones de inteligencia en Polonia, de manera similar a lo intentado en la fallida invasión “express” de febrero pasado. En 1926 el Gobierno polaco del Presidente Pilsudski, descubrió la famosa Operación Confianza (Operation Trust), mediante la cual los soviéticos utilizaron agentes checos, que se hicieron pasar por desertores de la Unión Soviética, con el fin de transmitir a los polacos información falsa. Al ser descubiertos, Polonia inició su propia agresiva campaña de inteligencia, utilizando en principio a los supuestos desertores, y a la inteligencia ucraniana, con lo cual se inició también una “guerra secreta” ¿Cometió en la actualidad Rusia los mismos errores que durante el período soviético?

De vuelta al segundo elemento ya mencionado en esta “guerra secreta” de inteligencia -el de divulgar información reservada- Gordon Corera, analista de la BBC en Ucrania, recuerda que, si bien el papel de un espía es guardar secretos, conforme se aproximaba la invasión a Ucrania, las agencias de inteligencia de occidente tomaron la decisión inusual de decirle al mundo -incluyendo a Moscú- lo que sabían. Es decir, lo que iba a hacer el Gobierno de Putin, cómo y por qué.

Luego de haberlo hecho telefónicamente con el Presidente Putin el 9 de febrero de 2022, el Presidente Biden hizo público, tres días después, el haber dicho al mandatario ruso que conocía lo que había planificado hacer, y advertirle que no lo haga, porque occidente respondería de manera decisiva a cualquier tipo de invasión a Ucrania, lo cual además aislaría a Moscú. En otras palabras, que lo que no se hizo en 2014, frente a la anexión de Crimea, se lo haría ahora. En noviembre de 2021, el propio Director de la CIA, William Burns, había ya viajado a Moscú para advertir que Washington conocía los planes de Putin. El viaje no fue secreto, y de hecho para muchos oficiales rusos fue la primera ocasión en la que supieron que irían a la guerra, a través de información proporcionada por el Director de la CIA y la Embajada de Los Estados Unidos de América en Moscú. Todo empezaba mal para Putin. La moral, otro elemento con el que trabaja la inteligencia, estuvo ya afectada con anterioridad a la invasión.

Para entonces, la inteligencia de señales (SIGINT) estadounidense y de sus aliados se había ya intensificado de manera significativa frente a la evidente amenaza. Las primeras alertas provenientes de inteligencia de imágenes satelitales habrían establecido con meses de anticipación una concentración de tropas rusas cerca de la frontera ucraniana, pero entonces las intenciones no estaban claras. No podía nuevamente cometerse el error (involuntario o voluntario) del año 2003, que llevó a la Guerra en Irak, en la que inteligencia satelital no corroborada resultó ser falsa, y afectó la imagen de los analistas y agentes británicos y estadounidenses.

Adicionalmente, y de manera estratégica, como reveló la prensa internacional, a fines de marzo de 2022, el Departamento de Inteligencia del Ministerio de Defensa ucraniano expuso una lista, necesariamente elaborada por sus aliados occidentales, o en coordinación con ellos, en la que se hacían públicos los nombres e información personal de 620 presuntos espías rusos que estarían operando en Europa, dejándolos al descubierto y golpeando seriamente a los servicios secretos de Rusia, particularmente al Servicio Federal de Seguridad, FSB por sus siglas en ruso, sucesor de la KGB.

En un artículo publicado por AP News una semana después del inicio de la invasión, Jill Lawless y Aamer Madhani destacan el papel público de la inteligencia secreta en la guerra contra Ucrania. Para ellos, esta guerra es un conflicto en el que los espías salen del frío y ocupan un lugar central. Hacer pública a una velocidad sin precedentes la inteligencia obtenida sobre la deplorable situación física y moral de las tropas rusas, las humillantes derrotas y la soledad política de Putin ha logrado también que gran parte del pueblo ruso se oponga a la guerra.

Un post-colonial intento de mantener control sobre lo que fue la antigua Unión Soviética no acaba de morir, pero es posible que lo logrado por la guerra secreta, incluida la solidaridad mundial, haga que finalmente una Ucrania democrática e institucionalizada termine de nacer en Europa.

________________________________________________

*Arturo Cabrera es diplomático de Carrera y Embajador del Ecuador ante Australia, Nueva Zelanda y Fiyi. Ex Vicecanciller de la República, Subsecretario Multilateral y Subsecretario Nacional de Inteligencia. Tiene un PhD en Cooperación Internacional en Seguridad e Inteligencia por la Universidad de Leiden y una Maestría en Administración Pública por la Universidad de Harvard. Los criterios expresados en este artículo, no obstante, son personales y no necesariamente corresponden a los del Servicio Exterior Ecuatoriano.

*Fotografía: Ataque ruso del 9 de octubre de 2022 a la ciudad de Zaporizhzhia, en la que vive la familia política del autor. Tomada de la agencia Reuters.

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Comment (1)

  1. Miguel Arteaga

    07 Dic 2022

    Es acaso UCRANIA un país? NO lo es, ni nunca lo fue. En el mejor de los casos hoy es un Estado vasallo de Estados Unidos y de la Unión Europea, como antes lo fue de Rusia. UCRANIA es un Estado como lo puede ser Vermont o Kentucky; por tanto sin ninguna IDENTIDAD. Lo que hoy se llama UCRANIA no fue más que un territorio de expansión, primero de la Schlajta polaca que llevo a sus siervos polacos y lituanos y para ocupar territorio, además, admitieron judíos que no solo se encargaban de las tareas más bajas en las pocas ciudades o poblados con mercado organizadas por alemanes, sino que en este caso se les permitió asentarse como colonos en el campo. Luego de las sucesivas particiones de Polonia, «ucrania» quedo bajo la administración austríaca como parte del Reino de Galitzia Lodomeria, de Rusia, como parte de la Polonia Real y en una menor extensión de Prusia. Su población, como toda la de la Europa al oriente del Elba, era multilingüe y multirracial. La supuesta «identidad» ucraniana no es más que el resultado de la INTROMISIÓN de Estados Unidos en Europa (1916 para adelante), concertada – para su mal- por los británicos y los franceses y claro también como resultado de la manipulación oportunista soviética que bajo el mito republicano, e «independentista» del «pueblo soberano» ( verso compartido con Estados Unidos) generaron ese REMIENDO territorial que hoy es UCRANIA. Es más prudente no dar por sentado lo que no existe y menos pronosticar lo que, con seguridad, resultará dudoso y conflictivo. Miguel Arteaga.

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