• June 8, 2026
  • Updated 10:23 pm
Tendencias
#Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez #Paula. Una historia de Ciana Ballesteros #¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón #«Abrazo de lodo». Una crónica de Natalia Dávila #Besitoterapia para un héroe (homenaje a Pedro Restrepo) #Réquiem por Martti Ahtisaari. Una crónica de Arturo Cabrera H. desde Australia #El nido vacío: saltar del escenario al palco. Crónica de Carmen Inés Merlo #Cuando aprendimos a morir: el año de la pandemia. Por Ronald G. Soria #Amanda y Tamia Villavicencio, herederas de la poesía de su padre. Por Rubén Darío Buitrón #Soy dama de compañía. Por Magaly Villacrés, desde España
Los Cronistas I Periodismo & Literatura Los Cronistas I Periodismo & LiteraturaLos Cronistas I Periodismo & Literatura
  • El Proyecto
    • Equipo
    • Estos somos loscronistas.net
    • Escribe en loscronistas.net
  • Temas
    • Crónica
    • Diversidad de Género
    • Opinión
    • Libros
    • Ensayo
    • Cine
    • Entrevista
    • Cuento
    • Perfil
    • Poesía
    • Novela
  • Radio online
    • La otra mirada
    • Loscronistas.net
  • Talleres
  • Concurso
    • De qué se trata el concurso
    • Bases del concurso nacional de crónica 2023
    • Ediciones
  • Servicios
    • Nuestros libros
    • Consultorías y asesorías
    • Tu marca aquí

El retorno de la loba alfa. Una crónica de Víctor Vizuete

Regresar
Ingrese su texto y encuentre el resultado
Recent Posts
  • 297 Views
  • noviembre 30, 2025

No todas somos Shakira. Y no necesitamos serlo…

No todas somos Shakira…, y no necesitamos serlo. Por Marie-France Merlyn Psicóloga La figura de Shakira ha sido protagonista en las redes sociales durante las últimas semanas. La cantante irradia belleza, energía y una juventud espectacular. “Nadie diría —me comentó una amiga en tono inconfesable— que ya se acerca a los cincuenta”. Y, en efecto,

De la polarización a la espiritualidad
Opinión
  • 1417 Views
  • noviembre 20, 2025

De la polarización a la espiritualidad

El pasado 27 de octubre, el mundo -literalmente, el mundo- empezó a hablar de una nueva propuesta musical de la cantante española más disruptiva de la historia reciente: Rosalía.


Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez
Crónica
  • 1352 Views
  • junio 23, 2024

Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez

Hay noches en que a pesar del sueño pareces estar en vigilia, como esperando, como sabiendo… Para mí esa noche no fue así. La madrugada iba entrando y el teléfono sonó a mi oído, no sé cuántas veces. Yo dormía, yo no entendía nada: “¡Mija, se murió su primo!”. Por María Augusta Pérez* Yo dormía,

Olvido. Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 1242 Views
  • junio 23, 2024

Olvido. Por Rubén Darío Buitrón

Cuando me lo contaba, mamá decía que me había encargado con Elisa, pero nunca entendí por qué confió en ella para que me cuidara. ¿En qué estaría pensando mamá? ¿En su descubrimiento de que su marido la traicionaba y que esa certeza la atravesaba el alma hasta la obsesión y el dolor más vivo? Por

Cuarenta años con psiquiatras. Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 1241 Views
  • junio 23, 2024

Cuarenta años con psiquiatras. Por Rubén Darío Buitrón

A los depresivos crónicos como yo quizás les ayude la idea de que nunca van a curarse del todo y que no existe nada mejor contra ese mal que asumir, sin eufemismos, que lo llevas como una sentencia a cadena perpetua. Por Rubén Darío Buitrón Es como si una potencia nuclear te atacara, sin previo

Si la muerte me hubiera tenido paciencia… Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 1149 Views
  • junio 23, 2024

Si la muerte me hubiera tenido paciencia… Por Rubén Darío Buitrón

Tuve que resignarme a la atención médica privada luego de que las puertas de la salud pública, a la que tenía derecho, no se me abrieron en el momento en que mi vida se había puesto en riesgo por una grave enfermedad. Por Rubén Darío Buitrón Era absurdo pedirle a la muerte que tuviera paciencia

«El problema final». Miniensayo de Rubén Darío Buitrón sobre la novela de Pérez-Reverte
Novela
  • 1382 Views
  • mayo 26, 2024

«El problema final». Miniensayo de Rubén Darío Buitrón sobre la novela de Pérez-Reverte

Por Rubén Darío Buitrón* La reciente novela «El problema final«, de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 1951), publicada por editorial Alfaguara en septiembre de 2023, tiene un sabor de algunas maneras distinto al de las 34 novelas anteriores. Si bien algunas de ellas abordan aspectos de la vida desde la trama policial e investigativa, esta nueva

Paula. Una historia de Ciana Ballesteros
Crónica
  • 1718 Views
  • mayo 26, 2024

Paula. Una historia de Ciana Ballesteros

Por Ciana Ballesteros* Paula es una mujer de 37 años. La conocí en febrero de 2019. Es una exitosa profesional en Contabilidad y Auditoría, recta, tenaz en lograr sus metas y alcanzar en corto tiempo grandes trabajos. Nos presentaron en el matrimonio eclesiástico de mi sobrino Horacio con su novia Anita. Paula es la hermana

¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón
Crónica
  • 1869 Views
  • mayo 12, 2024

¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón

Por Rubén Darío Buitrón* El show de la poeta Elvira Sastre en Quito convocó a más de 400 personas, pero, como dijo alguna vez el escritor español Arturo Pérez Reverte, su espectáculo es más fuegos artificiales que poesía. Fue inevitable. Ver a Elvira Sastre sobre las tablas del escenario de la Cámara de Comercio de

Maratones de series (historia imaginaria). Por Guillermo Gomezjurado
Historia
  • 1096 Views
  • mayo 12, 2024

Maratones de series (historia imaginaria). Por Guillermo Gomezjurado

MARATONES DE SERIES Por Guillermo Gomezjurado* Desde un principio me advirtió que no veía series y que solo pagaba Netflix porque las paredes eran delgadas y mis visitas -ruidosas- podían provocar molestias a los vecinos. Ponía cualquier cosa en la tele y subía alto, muy alto el volumen. Con este ambiente sonoro –compuesto por una

El retorno de la loba alfa. Una crónica de Víctor Vizuete
Crónica
  • 1421 Views
  • agosto 4, 2022
  • Crónica

Abandonada sin motivo por su pareja y con una hija de seis años como único patrimonio, se convirtió en una implacable mantis religiosa que aprendió a vivir con ventaja gracias a su figura, su carisma y su insigne pragmatismo. 

Por Víctor Vizuete Espinosa*

Se emperifollaba con deleite, con sensual parafernalia, con un morbo tan refinado que el modesto cuartito se encendía, de pronto, con decenas de flashes y adquiría los arreboles mágicos de las películas de Pixar o Disney.

En esos instantes, el anciano cristal adherido a la vieja pared se transmutaba en un brillante y mágico espejo que le respondía, como a Blancanieves: tú, tú eres la más bonita de todas las mujeres.

Entonces ella (Liliana, Rossana o Jéssica, tres de los nombres que más usaba) se sentía más confiada que una diosa griega y se asumía como lo que realmente era: una loba alfa, una depredadora eficaz que más que una grilla era una mantis religiosa que nunca perdía una presa.

Alta, trigueña, dueña de unos ojos negros como cenotes aztecas, unos labios que matarían de envidia a la mismísima Angelina Jolie y un cuerpo de gimnasta consumada, María Soledad descubrió en su físico y su carisma privilegiados la única manera de sobrevivir en un mundo tan felino y cruel como el de Quito.

Abandonada sin motivo por un macho mujeriego, alcohólico y volátil, con una niñita de seis años como único fruto de su error marital, Perla (otro de sus alias) buscó sin descanso trabajar decentemente en lo que le caía, que no era mucho a pesar de ser bachiller graduada en el colegio nacional María Angélica Idrobo.

Fue empleada doméstica, barman en un bar de pacotilla, mesera en un restaurante de más categoría, cuidadora de viejecitos a punto de dar el salto mortal, secretaria de lujuriosos abogados de medio pelo… Todos esos empleos se caracterizaron por un modus operandi casi idéntico: el cien por ciento de sus empleadores, jefes o compañeros la vieron como el más apetecible pastel… y se la quisieron comer sin remedio. Según su confesión, solo dos lograron ese cometido cuando ella todavía era una chica ingenua que creía en cantos de sirena.

En vista de tan sui géneris coyuntura y luego de nadar contracorriente por años, cierto día y ya cansada de ser una acosada eterna, se decidió por sacarle el mayor provecho a ese atractivo que hipnotizaba a sus congéneres masculinos (y a varios femeninos) que se cruzaban por su camino. Y se dedicó de lleno a ser facilona, chullona, putinga o grilla (como las bautizaron los costeños), un oficio que está a media jornada en el duro e incierto camino que lleva a la prostitución.

De eso ya son siete de los 30 años que señala su calendario. Su cuartel de operaciones es la casa de su madre, quien la recogió con todo y paquete. La casa es una modestísima vivienda emplazada en San José del Condado, el hermano pobre de El Condado, un lujoso búnker residencial del noroccidente quiteño.

Ahí sobrevive junto a su progenitora, también descosida por una costurera que se fraguó un nuevo hogar con su exmarido, un albañil maestro para un vóley, un culo y un trago, no en ese orden precisamente.

Sus otros dos hermanos tuvieron mejor suerte y viven aparte. Tienen hogares bien formados y trabajos estables como bodegueros en dos constructoras de prestigio.

En su paupérrimo aposento planifica a conciencia su bitácora, que casi siempre es diaria. Y desde esa trinchera camina decidida hasta sus cotos de caza, que son varios. Los que más dividendos le producen son -como me contó en una noche loca su lengua ya suelta por los rones y los arrumacos- las paradas que siempre están en horas pico, como La Marín, El Recreo, la Río Coca, la Universidad Central, Cotocollao, Carapungo…

Donde hay muchedumbres, Rosalba (otro alias) se siente como pez en el agua y puede activarse sin recelos ni temores. Como una leona con muchas lunas sobre los hombros, le basta una profunda prospección del entorno para escoger la presa que cubrirá sus necesidades del día. Su experticia es tanta que muy pocas veces dispara al aire y siempre termina la jornada con el saldo a favor.

Cosa curiosa, con la inmensa mayoría de sus presas no necesita sino de su belleza, su carisma y su calle para lograr sus cometidos. En escasas, muy contadas ocasiones, tiene que valerse de sus conocimientos de Circe para dormir a sus conquistas y arrancarles así lo que ella piensa que le corresponde. Siempre, siempre en una fría habitación de algún motel u hotel anónimos; y sin más testigos que su propia conciencia.

Claro, la pandemia casi acaba con ella, su nena linda, sus aspiraciones… Por cerca de dos años tuvo que vivir casi como una osa en hibernación, con lo que buenamente podían sacar ella y su mamá de la venta de huevos, emprendimiento al que le entró con fe, tesón y también muchas dudas…

El uso obligado de la mascarilla anulaba y anula varias de sus mejores armas de su poder de seducción: un rostro de vedette; los exóticos labios que, como las galletas de Alicia, tienen adosados un colorido letrero de «cómeme»; y la sonrisa contagiosa y liberal que rompe cualquier resquemor y llena de confianza a sus interlocutores.

No obstante, y desde inicios de este año, la cazadora ha vuelto poco a poco a sus antiguos comederos. Y su elegante y paciencioso caminar vuelve a formar parte del sui géneris paisaje del transporte popular quiteño.

Claro, algunas de sus viejas víctimas también se han dado cuenta de ese regreso y se preparan como nunca para la ocasión. Yo, por ejemplo, ya tengo listas las ofrendas para ese posible encuentro que, como todos los anteriores, será casual y empezará con una de sus frases cliché: «Disculpa, parece que te he visto en alguna parte…».

_____________________________________

*Escritor, poeta y periodista ecuatoriano, Víctor Vizuete Espinosa laboró por 38 años en el diario El Comercio, donde se jubiló como editor. No obstante, sigue en el oficio de contador de historias para sentirse libre. Escarba en todas las páginas y en todas las calles en busca de vivencias y destinos que esperan ver la luz y conmover conciencias.

 

Post Anteriores La licenciada. Una crónica de Jorge Ampuero
Nuevos Post El cisne negro. Un cuento de Viviana Garcés-Vargas

Los Cronistas 2026 I Todos los derechos reservados I Desarrollado por Sabana Kreativos