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Daño colateral. Una crónica ecológica de Juan Francisco Herrera Cueva

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Por Juan Francisco Herrera Cueva*

En el parque Chaquiñán, donde escribí y produje una guía de aves con el grupo de investigación, encontramos un Cuscungo (Bubo virginianus), el búho más grande de América, con sus hermosas orejeras de plumaje, ojos con iris amarillo penetrante y plumaje críptico como si fuera un tronco. Esta bella ave estaba a unos pocos metros del sendero y se dejaba fotografiar y apreciar con mucha confianza. Incluso en la guía de aves, en la última página, se encuentra una foto de este increíble individuo.

A los pocos meses de estos bellos encuentros, el búho desapareció. Días después, el guardaparques de la zona lo encontró muerto. ¿Qué le pasó? No mostraba ninguna lesión, su cuerpo se veía saludable y no presentaba rastros de pelea.

Recordé que en la Universidad de Cuenca un Búho Estigio (Asio stygius) también murió meses atrás y se identificó que la causa de su muerte fue el envenenamiento. Yo creo que esto fue exactamente lo que le pasó al Cuscungo del parque Chaquiñán.

Pero, ¿están envenenando a los búhos? Es posible, debido a la fama de «aves de mal agüero» que tienen estas hermosas y para nada maléficas aves. Aunque existe un motivo mucho más probable del que, tal vez, seamos cómplices sin saberlo.

En nuestras casas y jardines tenemos terror generalizado a la presencia de ratas y ratones, hacemos todo lo posible por erradicarlos para siempre de nuestro hogar. Ratoneras, perros, gatos e incluso veneno son empleados para eliminar a esos pobres roedores que tratan de adaptarse a la urbe.

Las ratas y ratones son la fuente principal de alimento de los búhos. Ellos, desde su origen, son los reguladores naturales de las poblaciones de roedores. Al cazarlos evitan que exploten las poblaciones y así aseguran el equilibrio natural.

Pero en una ciudad donde los espacios verdes han desaparecido y el equilibrio se dejó para las clases de yoga, los roedores ya no tienen controles naturales y los búhos que tratan de obtener fuentes de alimento en los jardines se envenenan y mueren.

Eso no solo les pasa a los búhos, los gavilanes o los lobitos. Incluso nuestras mascotas pueden morir cuando tratamos de envenenar a nuestros enemigos ratones y ratas. Ese fue el fin de un puerco espín quechua (Coendou quichua), un roedor muy raro y hermoso que habitaba el parque de El Chaquiñán y que, lamentablemente, se envenenó al alimentarse de lo mismo que las ratas y roedores.

Otra alternativa para erradicar ratas y ratones es tener perros o gatos sueltos, pero esta alternativa es incluso más negativa que la anterior.

Nuestras mascotas, en realidad, son depredadoras muy peligrosas para todos los seres del bosque. Los gatos son los principales asesinos de aves en el mundo: matan millones en un solo día. Incluso, la extinción más rápida de la historia fue por un gato mascota llamado Tibbles que en menos de seis meses extinguió por completo al Soterrey de Lyalls (Xenicus lyalli), endémico de una pequeña isla cercana a Nueva Zelanda, aunque intereses de coleccionistas europeos por las pieles de esta ave casi extinta promovieron también su extinción.

Perros y gatos están vaciando las ciudades de todos los animales que intentan habitar con nosotros al cazarlos y transmitirles enfermedades.

Las ranas, aves, ardillas y la vida que embellece nuestros espacios verdes mueren de terror por nuestras mascotas. Por eso está prohibido llevar mascotas a los parque nacionales y áreas protegidas.

Pero, definitivamente, en Ecuador continental uno de los mayores problemas de conservación son las jaurías de perros ferales que cazan y acechan ganado, aves grandes como el Cóndor Andino (Vultur gryphus), venados, tapires, osos, jaguares e incluso personas. Esto es culpa de dueños irresponsables que abandonan perros o los dejan sueltos para que hagan de las suyas. Así mismo, es culpa de la falta de educación y atención de este problema por parte del Estado y otras instituciones.

Recuerdo en el Parque Nacional Yasuní que un investigador con quien trabajaba observó en el medio del bosque un venado escapando desesperado de una jauría de perros, en el lugar más biodiverso del mundo.

Nuestra comodidad, ocio y forma de vida han causado, más que nada, daños a los animales y seres que tratan de convivir con estos vecinos desconsiderados e incluso soberbios.

Nuestras casas, calles, jardines sin un solo árbol, canchas de ecuavoley y toda la infraestructura de nuestra ciudad desplazan, agreden o aniquilan a una infinidad de seres.

Así, el cañón del río Chiche o el volcán Ilaló cada mes tienen menos espacios verdes por una nueva construcción de cemento o un terreno que se despejó para apreciar el hermoso paisaje. Estamos matando poco a poco la vida del lugar al construir y construir en cada sitio hermoso que encontramos.

Parece que la urbe nos ha encementado el vínculo con los otros seres vivos, aunque en el fondo todo citadino quiere vivir rodeado de la naturaleza, de aire puro, cantos de aves y ranas.

¿Cómo podemos conseguir este idílico espacio sin destruir lo que queda? La solución es encontrar la belleza al rehabilitar y reverdecer nuestras urbes. Yo vivo en una zona completamente urbana, pero, en mi pequeño jardín, con menos de 200 m2, he sembrado o han germinado por su propia cuenta más de 30 especies de plantas nativas traídas por el viento o las aves. A su vez, este espacio verde ha atraído más de 20 especies de aves que, en medio de la ciudad encementada, encuentran un refugio en mi refugio.

¿Y si les abrimos la puerta a los seres que también son dueños de nuestras casas? Convivir es la clave de cualquier relación y perder la relación con nuestra tierra sería como condenarnos a muerte nosotros mismos.

_________________________________

*Tangara Coroniazul. Fotografía de Juan Francisco Herrera Cueva

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Comments (4)

  1. Carla Santander

    30 Jun 2022

    Un articulo muy interesante, que pena que nuestra ignorancia al querer eliminar estos “enemigos” las ratas o ratones con venenos no vemos el daño que ocasionamos a otros animales que buscan su alimento y también mantienen el equilibrio de la cadena alimenticia.

    Un articulo para reflexionar y fomentar la conciencia de nuestros actos y los efectos en nuestros alrededores 🌳

    QDEP el buho del chaquiñan y todas las aves muertas por nuestra ignorancia 🕊

    • Juan Francisco Herrera Cueva

      24 Jul 2022

      Hola estimada Carla, gracias por el comentario. A cuidar a nuestros vecinos salvajes.

  2. Virginia Benitez

    11 Jul 2022

    Me encantó el artículo y el tono empleado en las situaciones planteadas. Lo encuentro educativo y ojalá logre ese cometido.

    • Juan Francisco Herrera Cueva

      24 Jul 2022

      Muchas gracias por su comentario. El objetivo es educar a las comunidades en el cuidado del bosque. Ayudaría mucho si comparte el artículo. Saludos

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