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El joven amante

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Por Sara Acosta

¿Qué es un orgasmo? El 5 de abril del 2016, Carmen López (nombre protegido), una mujer de 50 años, sabe, por fin, lo que es. Experimenta por primera vez el placer Íntimo con sus fantasías y realidades en un motel de las afueras de la ciudad. Su joven amante explora su cuerpo como un artista y ella, con una libertad desconocida, se entrega a las caricias de Carlos y se sorprende de su pasión reprimida tanto tiempo.

Ese día sus ojos tienen un brillo especial, muy diferente al que mostraba cuando se acercó por primera vez a la cita para buscar ayuda psicológica. Aunque ella tiene 49 años y la diferencia con Carlos es de más de veinte años, asegura que su sexualidad revive y cobra sentido.

Dice: “mi cuerpo estaba reseco como una rama”. Con Carlos se conjugan la admiración y el deseo.

La tarde del 5 de febrero tiene problemas con su carro rojo marca Kía y este suceso marca el inicio de la relación con Carlos, el joven obrero que labora en la empresa donde ella es jefa de personal.

Carlos la mira de lejos en el estacionamiento y se acerca diligente para ayudarla. Consigue cargar la batería y se queda conversando con Carmen más de dos horas.

Él le relata algo de su vida, le comenta que es bachiller, que tuvo el deseo de ingresar a la universidad y estudiar Sociología, pero que debe trabajar para apoyar los gastos de manutención de la casa: su madre es viuda y cuida de dos hermanos menores y vende mercadería, pero no alcanza para cubrir los gastos mensuales. Dice sentirse muy comprometido en su trabajo y con el deseo de alcanzar las metas que requiere el cargo. Vive en un sector popular en el norte de Guayaquil, en la Florida.

Esa noche, Carmen siente mucho agradecimiento por la gentileza de Carlos, quien además de confesarle que es una mujer muy atractiva le cuenta que desde el primer día lo impresionó.

Temerosa y con muchos prejuicios, se atreve a salir con Carlos a los 15 días del suceso del carro. Luego de una caminata por parque Samanes se miran a los ojos, Carlos la abraza, ella responde espontáneamente y terminan entregándose como dos náufragos que se necesitan con urgencia.

Carmen experimenta sensaciones jamás sentidas. La pasión y el trato delicado de Carlos se posesionan de ella. Es una mujer deseada.

Cada encuentro bajo la sombra con Carlos le devuelve un renacer, explorar su sexualidad y sus zonas de placer, gozar de una intimidad nunca sentida en sus 15 años de matrimonio.

A pesar de la edad y los contextos sociales distintos, por primera vez se siente escuchada y puede expresar lo que siente y piensa… Por un rato se queda pensando y suspira y continúa diciendo “en algún rato esta relación puede terminar, Carlos querrá tener su familia y no lo puedo atar, pero no importa, estoy viviendo lo mejor de mi vida”.

Las palabras y actitud de Carmen muestran la confianza de atreverse y romper con los convencionalismos del entorno social, del contexto machista que acepta y valida las diferencias de edad entre un hombre   maduro y una jovencita, pero condena lo contrario, y dispara conceptos no solo cargados de machismo sino de ofensas llamando a las mujeres como “viejas locas”.

Carmen López nace en Guayaquil el 1 de julio de 1967, es la segunda de tres hermanas, sus padres Jorge y Ana son jubilados del sector público.

Sus padres le dieron una formación tradicional apegada a los valores de la religión católica.  Carmen refiere que, aunque no vio violencia entre sus padres, como mujer la formaron en mantener una posición pasiva frente al esposo y lo internalizó como natural, lo que impidió que su voz fuera escuchada por su pareja.

Es una mujer de contextura media, de aproximadamente 1.65 de estatura, pelo negro lacio que cae sobre sus hombros, tez trigueña clara, rasgos y silueta armónicos. En el trascurso de la psicoterapia, con más seguridad en sí misma, resalta su particular atractivo. En un rato dice: “He rejuvenecido”

Los estudios primarios y secundarios los realiza en el colegio católico “La Inmaculada”, institución educativa tradicional de Guayaquil.  Ingresa a la Universidad Estatal y sigue la carrera de Administración de Negocios. A  los 22 años comienza a trabajar en una empresa exportadora. Por su calidad de trabajo es ascendida a jefa de área, labora hasta después de tener su primer hijo y con mucha tristeza deja su trabajo cuando su esposo de entonces le impone un ultimátum: “El trabajo o el cuidado de los hijos”. Son imposiciones que van marcando el inicio de la violencia psicológica y después la física.

Conoce a Roberto Palacios (nombre protegido) en su trabajo, cuando él visitaba la empresa por negocios. Roberto, ingeniero industrial de 55 años, es un hombre alto, de contextura delgada, pelo negro crespo, con una postura impositiva.

Cuando él se presenta por una sola ocasión a la entrevista psicológica refiere que no necesita ninguna terapia, el problema es de la madre de sus hijos que reclama por el aumento de pensión y dice: “Ahora ella que trabaja ya puede cubrir esos gastos o será que lo gasta en otras cosas”.

Al escucharlo yo pensaba en la vida de Carmen con Roberto, siempre él tenía la razón y las ideas y sentimientos de ella no tenían validez.

A los 25 años se casa con Roberto. Los dos primeros años fueron tranquilos. A pesar de ser un hombre controlador pudo domar sus emociones y mantuvieron una comunicación fluida. Cuando Carmen queda embarazada de su primer hijo, Roberto Jr., ella sigue trabajando, pero ya su pareja le advierte que cuando dé a luz “debe dedicarse al cuidado del bebé y quizás después puede retomar el trabajo. Carmen dice que esa advertencia la toma por su rol de madre, cuidar a sus hijos y ya no apoyar en los gastos domésticos. Su esposo tenía un buen trabajo, pero era muy austero en los gastos y ahorraba para comprar una casa.

Carmen renuncia y se dedica por completo al cuidado de su hijo. Cuando este ingresa a la escuela inicial, ella tiene un tiempo libre en las mañanas, busca trabajo a medio tiempo, consigue llevar la contabilidad de una empresa pequeña desde su casa, pero cuando va a la empresa, una o dos veces por semana, se vuelve una pesadilla la relación con su pareja. Roberto le revisa los mensajes del celular y ella debe reportarle a qué hora llega y cada cosa que hace. Celos y reclamos se vuelven vivir cotidiano de Carmen y Roberto.

Después de seis años nace su segundo hijo, Mario. Fue un aparente oasis. Sus hijos van creciendo, tienen más autonomía y ella se siente con más libertad para dedicar tiempo a sus intereses profesionales. No lo logra porque siempre su pareja pone excusas y pretextos que ocultan sus celos y paranoia.

Dice Carmen: “Cualquier reclamo es un pretexto para recibir insultos a mi autoestima y en algunas ocasiones sufro maltrato físico, empujones, cachetadas. Me quedo callada para que mis hijos no escuchen”.  Se siente replegada y su vida se vuelve sombría. Como muchas mujeres maltratadas, Carmen no vislumbra una salida a su situación.

Luego de 17 años de matrimonio, Carmen se separa. El punto de quiebre ocurre cuando un día él no la deja entrar a su casa porque ha llegado tarde, a pesar de que ese día estuvo con su madre cuidándola porque estaba delicada de salud.

Carmen regresa a casa de sus padres y por fin puede hablar con su familia sobre la situación de violencia que vive. Pide apoyo y pone la denuncia. Al fin regresa a la casa del matrimonio y su esposo debe salir de allí.

Carmen reflexiona: “No solo me liberé de la violencia del día a día, los momentos de paz eran escasos, hasta en la intimidad mi cuerpo era usado sin que yo experimentara placer”.

A partir de su separación inicia los trámites de divorcio. Sus hijos Roberto, de 20 años, estudiante universitario, y Mario, de 16, colegial aún, son un soporte importante para Carmen, pues la apoyan como testigos de la violencia de su padre.

Después de un año de separación, Carmen proyecta trabajar. Ya no es joven y admite los prejuicios para contratar a mujeres de edad madura. Sin embargo, por el contacto con profesionales amigos, ingresa a una empresa como jefa de personal, donde lleva un año. Es ahí donde conoce a Carlos García, un obrero de planta, de 25 años.

Cuando visita las áreas de la empresa para conocer a los colaboradores  entra a bodega y despacho de la mercadería y se da cuenta de que un joven empleado la mira de una manera especial. La ve de pies a cabeza.

Al día siguiente, Carlos se presenta en la oficina de Carmen y solicita permiso para exámenes médicos. Otra vez ella se da cuenta de que la mira detenidamente y se siente perturbada. Le pregunta a Carlos si la conoce de algún otro lado y el joven obrero responde que no, que le disculpe por decirle esto, pero: “Usted es una jefa muy atractiva”, Carmen sonríe discretamente y cambia la conversación.

A la salida, Carmen advierte que Carlos se queda en el parqueadero, la mira, se despide: “hasta mañana, ingeniera, tenga una bonita noche.

Carmen percibe una sensación rara. Hace mucho tiempo un hombre no la miraba con deseo y, menos aún, un joven. Describe a Carlos como un joven agraciado de cara, delgado, de la misma estatura de ella, con gestos finos, cordial.

Por primera vez, ella puede expresar sus ideas. Se siente libre de sus pensamientos y actos. Cada encuentro con Carlos la entusiasma más, la llena de ilusión y recobra su autoestima.

Pero está segura que este romance no tiene expectativa para formar una relación estable convencional. No quiere atar a Carlos, lo deja en libertad, pero es un bálsamo sanador para ella.

Sin embargo, Carmen vive la intensidad y la vorágine de la pasión. Y mientras Carlos no diga nada en contra de la relación,  cada uno desnuda su cuerpo y alma sin inhibiciones, nutriendo de ternura cada encuentro y fusionándose en la vida y el alma del otro.

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*Sara Acosta, guayaquileña, es psicóloga clínica y colaboradora de loscronistas.net

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Comments (3)

  1. Yandri

    07 Sep 2021

    Me sumergido en este entretenido, realista, interesante relato, sobre todo porque no me. Imaginado los escenarios de mi ciudad Guayaquil que usted menciona, sino que me ha invadido una sensación proustiniana, pues como lector las diferentes escenas reviven esos momentos que están sepultados en la memoria de quien los lee, sin importar el escenario que antaño fue o fuera, distinto para cada lector que se sumerge en este relato.
    Luego esta esa lucha interna de los prejuicios sociales que nos invade a cada lector, etapa por demás decir que ciertas personas en algún vivimos una historia similar, el amor, el deseo, la pasión, el respeto, la ingenuidad en cierta manera convergen en todo sentido, felicitaciones por escribir y entregar este interesante relato.

    Saludos
    Yandri Mosquera
    Escritor poeta guayaquileño

  2. Frank M. Tapia Carrillo

    08 Sep 2021

    Me engancho, me he imaginado la historia apegado a cada palabra. Es una historia que no suele verse común mente, sin embargo, me alegro por los amantes quienes dejando de los perjuicios viven a su manera la vida.

  3. Beatriz Fajardo Marcillo

    18 Sep 2021

    Diseñe cada momento de la escritura en mi mente. Con mucha autenticidad se narra los caminos de nuestra sociedad ante lo moral,social y económico ,ha plasmado los sentimientos,pensamientos y emociones de esta pareja. FELICITACIONES A LA ESCRITORA
    ATT. Beatriz

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