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Un crimen desproporcionado: el asesinato a Briz López

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Un crimen desproporcionado: el asesinato a Briz López
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En los años 70 apareció un grupo de izquierda que se planteaba la necesidad de integrar un ejército guerrillero para tomarse el poder político en el Ecuador. El grupo lo dirigía el mítico Kléber Gía Bustamante, quien varias veces huyó de las cárceles y mantuvo enloquecidas a las fuerzas de seguridad del Estado. Pero el crimen que cometió su banda fue su tragedia política: pasó de ser un idealista a un asesino que, finalmente, terminó exiliado en Holanda.

Por Rubén Darío Buitrón*

¿Cuándo, cómo y por qué una persona o un grupo toma una decisión tan drástica y espeluznante como la de aterrorizar al país dejando una cabeza cortada en la puerta de un templo en Quito?

¿Qué es lo que les lleva a hacerlo? ¿La desesperación? ¿La ira? ¿La rabia? ¿La frustración por lo no logrado?

¿Es un acto para crear terror colectivo, para fragilizar a una sociedad no acostumbrada al terrorismo, entendido este como “todo acto violento, enfocado hacia la población civil, que tiene como objetivo generar miedo, y amedrentar a los miembros de un colectivo social”?

El terrorismo, visto así, no ha logrado cuajar en el Ecuador. Pero, sin embargo, existen hechos históricos que más de cuatro décadas después siguen estremeciendo como recuerdo y conmueven como posibilidad de que algún día pudieran volver a suceder.

Esta es la historia del secuestro, crimen y decapitación del industrial quiteño Antonio Briz López por parte de los llamados Comandos Revolucionarios, el germen de la posterior creación de los grupos subversivos Alfaro Vive Carajo (AVC) y Montoneras Patria Libre (MPL).

LA HISTORIA

La noche del 29 de noviembre de 1977, el empresario quiteño José Antonio Briz López estaciona su vehículo cerca del Edificio de la Cámara de Industrias, en la Avenida Amazonas y República.

Al momento de bajar de su auto lo intercepta un grupo de personas, quienes lo introducen a la fuerza en una camioneta Subaru.

Posteriormente, se dirigen al teatro Iñaquito, ubicado en la Avenida Naciones Unidas. Lo introducen en una furgoneta Toyota, se dirigen a Quevedo y lo traspasan a un jeep Nissan Patrol.

A las 2h00 del día siguiente, continúan viaje a Majagua, en el cantón Pichincha, de la Provincia de Manabí, donde se hospedan en una casa rústica de dos pisos construida por los captores.

Esa misma noche, los captores lo obligan a que escriba a su esposa, Martha Alarcón de Briz, una misiva en la que pide no comunicar nada a la Policía, reunir 40 mil dólares y cinco millones de sucres y entregarlos al cardenal Pablo Muñoz Vega.

Kléber Gía Bustamante, jefe del grupo, recibe la carta en Quito y la deposita en la Iglesia de El Belén.

Una vez ahí se comunica con Martha de Briz para retirar la misiva. Casi simultáneamente, sor Francisca López Monsalve, Decana de la Facultad de Enfermería de la PUCE, recibe una carta el 5 de diciembre del 1977.

En ella le especifican que recibirá un maletín negro de cuero de manos del cardenal Muñoz Vega y de dicho maletín tomar el dinero necesario para trasladarse a Cuenca y entregarlo según las indicaciones que allá se le darían.

La religiosa toma a broma la misiva y la desecha. Por falta de respuesta, la tarde del 7 de diciembre recibe una segunda misiva en la que se especifica que ella será responsable de la seguridad física de Briz si no toma en cuenta la carta.

Preocupados por estos sucesos se reúnen monseñor Pablo Muñoz Vega, Martha Alarcón de Briz, sor Francisca López Monsalve, monseñor Alberto Luna Tobar y el capitán de la Policía, Leonardo Valdivieso.

En la madrugada del 8 de diciembre, el capitán Valdivieso entrega una carta del cardenal a sor Francisca López, en la que le dice que tiene todas las licencias para viajar, tal como las notas lo indican.

Por esa carta la monja viaja con permiso de su superior. El 8 de diciembre, a las 6h45, sor Francisca López sale en vuelo de SAETA a Cuenca y se hospeda en la casa de su cuñado, Enrique Serrano Cordero, según las indicaciones de la Policía.

El capitán Valdivieso le entrega un maletín de las características descritas. En el vuelo, la religiosa abre la maleta para percatarse del dinero y halla solo papel higiénico.

Francisca López llega a Cuenca y se hospeda según lo acordado. Sale la monja a comprar a la farmacia y un subteniente de apellido López la sigue.

Para eso, el capitán Valdivieso pide se le dé el número de apartado postal de la familia Serrano López, que es el 1615.

Poco después, el adolescente Francisco Vega Baculima, mensajero de la familia, retira de la casilla una carta anónima, sin sello ni apartado postal, en la que los captores se dirigían a Sor Francisca pidiéndole se pusiera en contacto con el Padre Pedro Soto -en la Iglesia de los Sagrados Corazones- a quien deberá entregar el maletín.

López hace todo lo posible por ponerse en contacto con el Padre Soto, pero no lo logra porque este había viajado a Quito, a la parroquia de San Bartolo.

Sor Francisca López Monsalve regresa a Quito y el 12 de diciembre se entera, como todo el país a través de los medios, de uno de los hechos más espeluznantes de la historia republicana: el 12 de diciembre, en el atrio del Colegio de las Mercedarias, se encuentra en una caja de cartón y envuelta en una funda la cabeza cercenada de José Antonio Briz López.

LOS RESPONSABLES

Durante el período final de la dictadura militar de la década de 1970, Ecuador atravesó un tiempo en el que, influidos por el pensamiento de izquierda, jóvenes revolucionarios eran atraídos por movimientos subversivos, ilusionados con lo que consideraban que había que empezar un profundo cambio social.

Sin embargo, los métodos violentos por los cuales aspiraban lograr sus objetivos no los convertían en revolucionarios, sino en delincuentes comunes.

El movimiento Comandos Revolucionarios (CR) se inició como un grupo orientado al estudio de las doctrinas marxistas y revolucionarias.

Con el objetivo de consolidar su proyecto requerían dinero y bajo esta consigna decidieron ejecutar un plagio y pedir un rescate a cambio de la libertad del plagiado.

Hijo de ciudadanos españoles, José Antonio Briz López fue escogido como uno de los objetivos porque se había convertido en un exitoso empresario de la creciente industria textil ecuatoriana.

Los secuestradores planearon la retención de Briz, pero, desde el inicio, marchó mal: el primer intento de plagio (la noche anterior) había fallado.

El grupo estaba integrado por Kléber Elías Gía Bustamante, Gonzalo Salomón Molina Vélez, Jaime Fernando Dávila Ochoa, Jaime Fernando Abril Revelo, Ángel Guillermo Abril Revelo, Gustavo León Dávila, Dillon Germán Vera Chamba, Henri Humberto Villacís Díaz, Vicente Molina Vélez, Fernando Mao Tse Tung Viteri Zúñiga, Marco Antonio Pavón Palacios, Martha Beatriz Naranjo Manzano, Hilda Silvana Sáenz Ruiz y Washington Dávila Ochoa.

Fallido el primer intento, el 29 de noviembre el grupo integrado por Gía Bustamante, Dávila Ochoa, Abril Revelo, Humberto Villacís, Molina Vélez y Pavón Palacios, en dos vehículos (una camioneta Subaru conducida por Molina Vélez y una camioneta Datsun 1200 conducida por Pavón), intercepta al empresario Briz López en las afueras del Edificio de las Cámaras y conduce a la fuerza al primer vehículo.

Se dirigen hasta una calle transversal, tras el edificio de la Unión Nacional de Periodistas, donde les esperaban Viteri Zuñiga e Hilda Silvana Sáenz Ruiz en una furgoneta Toyota Hice.

Trasladan de vehículo a la víctima y con Molina Vélez al volante parten a Quevedo, donde hacen un nuevo trasbordo a un Jeep Nissan Patrol, auto en el que continúan el viaje hasta una cabaña rústica de dos pisos construida en el sitio de Majagua, lote No. 3, de la Cooperativa Manabí, Parroquia Pichincha, cantón Bolívar de Manabí, adonde llegaron a las dos de la mañana del 30 de noviembre y albergaron a la víctima en el segundo piso de la cabaña.

El mismo día, Molina ordenó a la víctima que escribiese una misiva a su esposa en la que le comunicaba que había sido secuestrado, le pedía que no comunicara a la Policía y que accediera al pago.

La carta fue llevada por Pavón Palacios a El Empalme y entregada a Dávila Ochoa, quien la llevó a Quito y la entregó a Gía Bustamante.

Ambos acudieron a depositar la misiva, junto con otra carta escrita por los captores, en la cual solicitaban el pago de 40 mil dólares y cinco millones de sucres para la liberación, dinero que debía depositarse en la Iglesia de El Belén.

Gía Bustamante llamó por teléfono a la esposa del empresario, Martha Alarcón, y le pidió que acudiera a retirar las cartas.

El primero de diciembre de 1977, Gía ordenó a Dávila Ochoa trasladarse a El Empalme para que tomara contacto con Pavón Palacios y obtuviera dos casettes grabados por Briz.

Dávila cumplió la orden y el 2 de diciembre, a eso de las cinco de la tarde, entregó a Gía los casettes, enviados el 5 de diciembre a la Sra. de Briz.

Junto a los cassettes, los captores advertían a la esposa de Briz que, por haber dado aviso de sus exigencias a las autoridades, se daba como plazo máximo para la entrega del dinero las 14h00 del 6 de diciembre de 1977. La entrega debería hacerse a monseñor Pablo Muñoz Vega.

El mismo día los captores hicieron llegar dos cartas más, una a Muñoz Vega informándole que debía actuar como mediador y otra, con el mismo motivo, dirigida a Sor Francisca López Monsalve.

Debido a que ambas cartas no fueron tomadas en serio, los captores volvieron a enviar misivas a Muñoz Vega y a Sor López Monsalve, advirtiéndoles que debían actuar como se les había encomendado, es decir, haciendo llegar el dinero a Cuenca el 8 de diciembre.

Pero cuando supo que sor López Monsalve se había trasladado a Cuenca el 8 de diciembre, Gía sospechó que algo imprevisto había ocurrido y se comunicó con un contacto en esa ciudad.

A las 11 de la mañana de mismo día, Gía dirigió un mensaje telefónico a Dávila Ochoa, por medio de la señora Clara Luz Figueroa, empleada de un almacén de maletería, con la clave: “La compra de los carros no se realizó porque estaban muy caros, hay muchos compradores, todo ha fallado”.

Al recibir el mensaje, Dávila viajó inmediatamente de Quito a El Empalme y se comunicó por walkie talkie con Pavón Palacios en la cabaña de Majagua. Le pidió que saliera inmediatamente a ponerse en contacto con él. Ahí le comentó sobre el fracaso de la operación y le dijo que, como estaba previsto, debían matar a Briz López.

El 10 de diciembre, a las 2h00, Marco Pavón informó al grupo y a eso de las 7h45 de la mañana, haciendo creer a Briz López que iba a ser liberado, le pidió que se afeitara y tomara unas pastillas para dormir, a fin de que no supiera el lugar de su localización y no comprometiera a los secuestradores.

El grupo reunido en Majagua, compuesto por Gonzalo y Vicente Molina Vélez, Ángel Abril Revelo, Fernando Abril Revelo, Marco Antonio Pavón Palacios, Gustavo León Dávila y Martha Beatriz Naranjo Manzano realizó un sorteo para determinar a quién correspondería matar a Briz.

León Dávila fue el seleccionado.

Sin embargo, por anunciar a toda voz que era él quien debía ejecutar a la víctima, lo relegaron inmediatamente y realizaron un segundo sorteo.

El azar cayó sobre Marco Antonio Pavón, quien tomó un revólver y disparó a Briz de frente, a la zona izquierda del tórax.

Fernando Abril Revelo, quitándole el arma, hizo un segundo disparo y perforó el corazón de la víctima.

Minutos después, los hermanos Abril Revelo decapitaron el cadáver con un machete pequeño, cubrieron la cabeza con una sábana, la colocaron en una caja de cartón de whisky y enterraron el cuerpo en una fosa cercana a la cabaña.

Después de destruir las evidencias, los miembros del grupo se embarcaron en el jeep Nissan Patrol con destino a Quito. En el trayecto se bajaron cinco personas, en distintos lugares, y hasta el final se quedaron únicamente Marco Pavón y Martha Naranjo.

Ellos dejaron el cartón con la cabeza de Briz en el atrio de la capilla de La Virgen del Consuelo, en el Colegio de las Madres Mercedarias (cerca de la Maternidad Isidro Ayora), y se retiraron pasadas las diez de la noche del 11 de diciembre.

A la mañana siguiente, cuando un conserje encontró la caja y avisó a las superioras del colegio y a la Policía, Ecuador entero se conmocionó al conocer la noticia.

LA SENTENCIA

La prueba en este caso constituyó un desafío para jueces y abogados. El juzgamiento del delito implicaba un avance para el derecho penal de la época, pues se debía distinguir el delito común de lo que podía parecer un delito con tintes políticos. (1)

Según el Derecho Penal, la vida de un hombre y su execrable muerte cobran una especial relevancia en el auditorio universal. Era sencilla la mediatización del caso dadas sus circunstancias.

De ahí que la presión que se ejerció sobre el juez, sumado a la fuga de los responsables, y repercutió en una sentencia fallida con la cual se buscó un chivo expiatorio en ausencia de los auténticos responsables.

UN INOCENTE DECLARADO CULPABLE

Leonardo López Monsalve, estudiante, fue vinculado con los hechos por sus relaciones con varios sujetos involucrados.

Hombre de férreo pensamiento de izquierda, casado con una mujer cubana, trabajaba como vendedor ambulante de libros y enciclopedias.

Como hermano de sor Francisca López y por su amistad con el líder del movimiento, Kléber Gía Bustamante, erróneamente se lo vinculó con el suceso. Apodado “Chocola” por su familia, se vio involucrado por declaraciones que lo relacionaban con un supuesto miembro del grupo a quien apodaban “Choco”.

Fue injustamente perseguido, tanto él como su familia, y tuvo que fugar hacia Colombia para que su mujer y su hija, por medio de la embajada de Cuba en Bogotá, pudiesen viajar a ese país y evitar el infierno por la injusta acusación.

Para completar su desgracia, en Colombia encontró, por casualidad, a los prófugos Gía Bustamante y Fernando Dávila, con quienes fue capturado y deportado al Ecuador.

Así siguió el calvario para López Monsalve. De la sentencia emitida por el juez Facundo del Salto se hallan los siguientes puntos:

  1. a) Su amistad con Kléber Gía Bustamante y sus viajes constantes a esta ciudad a conversar con él antes del secuestro de Briz, durante el cautiverio de este y después de su asesinato. Lo dice él mismo al rendir su confesión: se encontró con Gía en el edificio Gabriel Mistral, en Santiago de Chile, en el tiempo del gobierno de Salvador Allende.

En 1976 se hospedó varios días en casa de Gía en Quito y en 1977 hospedó a Gía en Cuenca, en su paso a Machala.

El mismo año se hospedó en casa de Gía, con su esposa, en Quito, y el cinco de diciembre de 1977, pocos días antes del secuestro, Gía le consiguió hospedaje en casa de Patricio Carrillo.

A esa casa –relató López Monsalve a los jueces- le llevó Kléber Gía en el Subaru empleado en el secuestro de Briz.

Luego afirmó que en Bogotá se alojó con su esposa e hija en la casa de la familia Bravomalo, donde estaban hospedados los prófugos Gía Bustamante y Molina Vélez.

Más tarde tuvo cita con Molina en un salón de la calle Caracas, de Bogotá, donde fueron ambos capturados, al salir del salón, por miembros del servicio de seguridad colombiana.

Luego, de vuelta a la cárcel en Ecuador, un juez lo acusó de planear la obtención del rescate haciendo que interviniera como mediadora a su hermana, sor Francisca López Monsalve, con quien tuvo entrevistas en Quito antes de su viaje aéreo a Cuenca.

Fue su hermana quien pidió al general Valdivieso que le permitiera viajar con Leonardo de Quito a Cuenca, porque sabía que portaba un tique de la compañía área SAN y fue ella quien transportó el maletín con el supuesto dinero entregado por la Policía en el aeropuerto, aunque, como ya se narró, durante el viaje ella observó que dentro de la maleta solo había solo papel periódico.

Sor Francisca López regresó con el maletín desde Cuenca a Quito y Leonardo supo en Cuenca del fracaso del rescate porque él entregó un mensaje escrito a Kléber Gía, con el mensaje de que “se largue inmediatamente, que todo está rodeado de agentes y todo ha fallado”.

¿Por qué hacía esas cosas López? Por amistad y lealtad con Gía. Pero nunca participó en ninguna de las fases del secuestro, el crimen y la decapitación de Briz.

Después del asesinato del empresario, Gía le dijo que él estaba en peligro porque la Policía lo consideraba contacto en Cuenca (“Choco”) y que antes de que lo detuvieran él tendría que desaparecer de allí.

Luego, Gía se comunicó con Dávila Ochoa y le contó que no pudo ponerse en contacto personalmente con “Choco” en Cuenca, ya que este se hallaba muy nervioso.

Gía utilizaba nombres supuestos o apodos con sus amigos del grupo. Pero, por desgracia, su hermana sor Francisca López Monsalve contó a la Policía que en la familia a Leonardo lo llaman “Chocola”.

López Monsalve fue un inocente declarado culpable por esa serie de confusiones y coincidencias. Por ejemplo, en Bogotá era conocido con el nombre de Jorge. En casa del ingeniero Carrillo portaba una grabadora Panasonic, un casette y libros revolucionarios. Convirtió en intermediarios del rescate al padre Soto y a Cecilia Muñoz de Montesinos. Hizo que el portador de las cartas en Cuenca fuera el mensajero de su hermano Rodrigo, Francisco Vega Baculima.

Además, en un papel amarillo, tenía anotados nombres con números telefónicos: Kléber; 247-871; Pía Monge Galindo -Jorge Páez 242- Avenida la Prensa, teléfono 249-820; sor Francisca (decanato) teléfono 239147 y 252902.

También subió al cajón de la camioneta Datsun de color blanco el momento que Kléber Gía, Fernando Dávila e Hilda Sáenz daban vueltas por el centro de Quito, calles García Moreno y Sucre, y se quedó cerca de la Facultad de Medicina, en las calles Sodiro y Gran Colombia.

Según la Policía, en el aeropuerto se entrevistó con Gía el 8 de diciembre y conversó en voz baja cuando Gía se estacionó en la misma camioneta, acompañado de Hilda Sáenz.

Pero Sáenz, durante su declaración frente al interrogatorio de los abogados de Leonardo López, contradijo aquellas afirmaciones, expresó que no conocía a López y que no podía asegurar que el 8 de diciembre, en el aeropuerto, la persona con la que se encontró con Gía fuera López.

Fueron cuatro situaciones que involucraron a López Monsalve y sobre las cuales el juez, de manera descuidada, emitió su criterio:

-Su amistad con Kléber Gía Bustamante: López tiene contacto con él en pocas ocasiones desde 1973, cuando ambos se conocen en Chile antes de la caída del Gobierno de Allende. En su declaración, López Monsalve afirma ser amigo de Gía. Relató que, si bien no mantenía un contacto cercano, Gía siempre fue muy atento cuando él le solicitaba hospedaje. En efecto, en 1976 se hospedó por varios días en su casa en Quito.

-Años después, ya viviendo en Cuenca, decidió legalizar la situación migratoria de su hija y su mujer mediante gestiones en el Ministerio de Relaciones Exteriores, para lo cual obtuvo hospedaje en la casa de Clemencia Gía, hermana de Kléber.

-En noviembre de 1977, con motivo del fallecimiento de su suegro, decidió viajar con su mujer a Bogotá para gestionar en la embajada cubana en Colombia la venida de su suegra a Cuenca. A su retorno, por vía terrestre, llegaron a Quito a eso de las 22h00, y sin poder continuar el viaje hacia Cuenca tiene que volver a solicitar hospedaje por esa noche a Gía Bustamante.

-Finalmente, los primeros días de diciembre de 1977 tiene que viajar a Guayaquil con retorno a Quito el día 5 y como no encuentra alojamiento, nuevamente llama a pedir alojamiento a Gía quien, negándoselo por tener otros huéspedes, lo conduce a la casa de un ingeniero de apellido Carrillo.

Pero, durante todo el proceso judicial, Gía y el resto del grupo niegan rotundamente la participación de López Monsalve en el secuestro.

El mismo Gía enfatiza en que López es apodado “Choco” o que es su contacto en Cuenca e Hilda Sáenz, quien dice haberlo visto bajarse de la Datsun, pero poco después se retracta al volver a observar la fotografía de López Monsalve.

Sor Francisca reitera que, dentro de la familia, él tiene el sobrenombre de “Chocolas”, sobrenombre que más allá de su familia, nadie conoce, pero que coincide con alias “Choco”, contacto de Gía a quien nunca se ubicó.

El encuentro en Cuenca el 8 de diciembre es sorpresivo, pues él desconoce que su hermana se movilizará a Cuenca.

Si bien él tiene comprado un boleto aéreo en SAN para esa fecha, la única que conoce de ello era su hermana, quien está enterada de que su hermano tiene que quedarse en Quito debido a que, por las fiestas de la ciudad, no pudo conseguir boleto aéreo sino hasta el día 8 y es por ello que, ante la situación que ella se encontraba atravesando, pidió autorización a la Policía para viajar en compañía de su hermano.

De las declaraciones de la religiosa se desprende que Leonardo López Monsalve simpatizaba con las ideas de izquierda. Sin embargo, ¿podía representar aquello la coparticipación en un delito tan grave? Al resto de miembros del movimiento subversivo no lo conocía.

Su amistad con Gía Bustamante es coincidencial, de amigos. El hecho de que se lo trate de inculpar por haber tenido cassettes y libros “revolucionarios”, no tiene ninguna cabida dentro de un proceso jurídico.

Claro que para el contexto histórico que se vive, estos hechos son base suficiente para establecer la culpabilidad en un inocente.

Tras el crimen a Briz, la Policía empieza a buscar culpables. Casi ocasionan la muerte por infarto de sor Francisca López y se ensañan con su hermano Leonardo. Publican fotos de él y su familia en los aeropuertos del país e involucran a su mujer y su pequeña hija en el supuesto delito por el que se lo persigue.

Perdido, y sin hallar solución, decideir a Colombia para proteger a su hija y a su mujer, quien al tener nacionalidad cubana podía viajar directamente hacia la isla por medio de la embajada de Cuba en Bogotá.

Confiado, embarca a su familia en un vuelo con escala en Panamá y él se quedó en Colombia. Para su sorpresa se encontró en Bogotá con Gía y Molina.

Los analistas jurídicos de entonces consideran que es absurda la consideración del juez, quien dice que López y su familia son hallados en la casa de los Bravomalo en Bogotá.

Los jueces caían en error tras error pues, para que las presunciones constituyeran prueba plena, es necesario:

  1. Que la existencia de la infracción o evento material conste por medio de pruebas directas e inmediatas.
  2. Que se fundamenten en hechos reales y nunca en presunciones.
  3. Que los indicios sean varios, reuniendo cuando menos el carácter de anteriores al hecho o concomitantes. Nada de estos recursos tenían los jueces, pero aun así lo inculpan.

Los abogados defensores de Briz, considerando la no conectividad de los hechos con las suposiciones que vinculan a un inocente, deben buscar la forma y los argumentos necesarios para demostrar la gravísima falta ante el juez de primera instancia.

Los abogados particulares de la Sra. Martha Alarcón, viuda de Briz, deben buscar la forma de esclarecer totalmente la responsabilidad de López, ya que, por la magnitud del crimen, lo que menos podía admitirse era dar licencias que permitiesen dejar libre a un presunto asesino.

Pero quien cargó con la mayor responsabilidad fue el juez, que debía subsanar los perjuicios causados por una sentencia controvertida. En su poder se hallaba declarar culpable a un inocente o dejar libre a un culpable.

A los ojos de la opinión pública se debaten dos tópicos: la inocencia y la venganza. La muerte de José Antonio Briz López escandaliza a la sociedad ecuatoriana y lo que se busca es la más dura condena a los responsables.

Pero, dentro de ese ánimo de venganza, ¿puede aparecer una luz de esperanza que revele la inocencia de uno de los supuestos culpables? Esta es la tarea de los abogados de López Monsalve, quienes, al final, logran demostrar su inocencia.

LA SENTENCIA

El 1 de febrero de 1982 se dictó sentencia de primera instancia en el Juzgado Tercero de lo Penal de Pichincha.

El Comisario Quinto del Cantón Quito sindicó y ordenó la detención provisional de Gil Leonardo López Monsalve, Kléber Elías Gía Bustamante, Gonzalo Salomón Molina Vélez, Jaime Fernando Dávila Ochoa, Jaime Fernando Abril Revelo, Ángel Guillermo Abril Revelo, Gustavo León Dávila, Dillon Germán Vera Chamba, Henri Humberto Villacís Díaz, Vicente Molina Vélez, Fernando Mao Tse Tung Zuñiga, Marco Antonio Pavón Palacios, Martha Beatriz Naranjo Manzano, Hilda Silvana Sáenz Ruiz y Washington Dávila Ochoa.

Según la sentencia, el juicio es válido, pues se observan los procesos previstos en la ley.

El cuerpo del delito se comprueba con las diligencias de levantamiento de la cabeza y cuerpo del cadáver del señor José Antonio Briz.

La identificación, reconocimiento exterior y autopsia, los informes de los peritos médicos Pedro Carrillo y A. Von Reckov, la inspección de las calles de la casa de vivienda de la víctima del lugar de su secuestro, del sitio donde es trasbordado a otro vehículo, la casa donde se lo mantiene cautivo, el reconocimiento de los vehículos, de las armas y la lista de medicinas empleadas en la consumación del delito por los secuestradores, de acuerdo a lo previsto en los Arts. 160, 171 y 173 del Código de Procedimiento Penal, los peritos concluyen:

“El cadáver autopsiado corresponde a una persona sexo masculino, de raza mestiza, de una talla de un metro sesenta y seis centímetros, de una edad aproximada de treinta y tres años, quien por las características post mortem ha fallecido dentro de los últimos dos meses y medio, por perforaciones del corazón, quien ha sido víctima de hemorragia aguda interna por penetración de dos proyectiles de arma de fuego, cuyo calibre no podemos precisar por haber salido; en todo caso son de pequeño calibre, todo lo cual constituyó la causa única y evidente de su muerte violenta.

“Por las características de los orificios de entrada que se encuentra en el hemitórax anterior izquierdo y los orificios de salida localizados en el hemitórax posterior izquierdo los disparos fueron realizados a corta distancia, a menos de 80 centímetros, y que el hechor o hechores debieron haber estado en el mismo plano por delante de la víctima y ligeramente hacia la derecha, ya que la trayectoria de los proyectiles es de adelante hacia atrás y ligeramente de derecha hacia la izquierda.

“La decapitación, amputación del dedo meñique y el amarre con soga a nivel de los tobillos fueron realizados post mortem, no así la ligadura de las muñecas hacia la espalda, realizadas en vida. La saponificación del cuerpo es una putrefacción anómala por haber permanecido en un medio húmedo y cálido.

“Los sindicados ejecutaron el hecho punible y los medios que emplearon. El plagio fue un hecho previamente concebido, resultado de la conformación de un grupo de revolucionarios dedicados a estudiar la problemática social, con principios disciplinarios y jerárquicos, mediante reuniones determinadas en diversos sitios de esta ciudad para el conocimiento de las obras de Marx, de Lenin, las biografías de Che Guevara, de Camilo Torres, documentales de los Tupamaros (guerrilleros uruguayos) y entrenamiento físico, empleando nombres supuestos para conocerse entre sí, de acuerdo con la táctica guerrillera, con objetivos de recopilar fondos para reforzar la organización y planeando un secuestro para obtener dinero, con parte del cual se cubrirían los gastos de operación y el grueso depositarlo en Suecia, para luego de un año emplearlo en la compra de frigoríficos, supermercados y otras actividades afines, habiendo construido una casa y una fosa en el punto Majagua.

“Con relación al plagio, la confesión de las sentenciadas y los múltiples datos del proceso que patentizan su existencia con resultados de muerte en la persona de Briz López, aparece la identificación de la cabeza cercenada del occiso, diligencia en la que intervienen como testigos Cristóbal Alarcón y Nelson Dávalos, aparte de los médicos legistas; el informe con relación al examen de dicho órgano y en lo que, refiriéndose al corte determinante de su separación del cuerpo de la víctima, expresan que ha sido realizado con instrumento cortante, después de su muerte y que se ha realizado de cuatro a ocho días anteriores a la fecha del examen; la autopsia del cadáver, en la que, además, se verifica la integración de la cabeza con el cuerpo inerte y se sientan las conclusiones del fallecimiento de la víctima por disparos realizados a corta distancia que perforaron el corazón y produjeron hemorragia aguda interna, siendo esta la causa única y evidente del deceso, anotando que la decapitación y la amputación del dedo meñique derecho y el amarre con soga a nivel de los tobillos fue realizada post mortem, no así la ligadura de las muñecas hacia la espalda, que fue realizada en vida, se advierte el estado de descomposición anormal del cadáver que se presenta saponificado por su sepultura en un medio húmedo y cálido”. (2)

El sumario se reabre cuando son detenidos los sindicados Gil Leonardo López Monsalve, Kléber Gía Bustamante y Gonzalo Molina Vélez en Colombia y trasladados a Quito. El juez dicta sentencia contra los sindicados, pero la mayor parte de ellos se evaden del Penal García Moreno y eso determina la suspensión del procedimiento.

Confirma la detención de Gil Leonardo López Monsalve, Martha Beatriz Naranjo e Hilda Silvana Sáenz Ruiz, declara extinguida la acción penal contra Henry Humberto Villacís Díez, quien resulta muerto por la represión policial en el episodio de la fuga y sobresee provisionalmente a Washington Dávila Ochoa y Jorge Mogrovejo.

Como de la sentencia condenatoria pronunciada por el Juez Tercero de lo Penal de Pichincha contra los tres procesados únicamente apelan la acusadora particular y Leonardo López Monsalve, tanto el Ministerio Fiscal como las encausadas Naranjo Manzano y Sáenz Ruiz se conforman con la resolución, pero se absuelve a López Monsalve.

La vida de un hombre y su execrable muerte cobran una especial relevancia en la sociedad. Era sencilla la mediatización del caso dadas las circunstancias. La inocencia no era el tópico de derecho sobre el que se iba a basar esta primera instancia, sino lo que la opinión pública tenía en la mira era establecer la culpabilidad de alguien sobre el suceso.

UNA CONFESIÓN FAMILIAR

“Esta es una historia que empañó la felicidad de mi familia por años. Nos hizo más temerosos, pero al mismo tiempo más fuertes y, sobre todo, vivimos en carne propia la brutalidad, la maldad de estos criminales (…) de estos grupos subversivos que protagonizaron la tragedia que nos tocó vivir como familia”, dice Diana Fernández de Córdova, pariente cercana de Antonio Briz López. (3)

Y continúa:

“Qué indignación más grande, que decepción más grande (…). Voy a hacer historia y me responsabilizo por lo expuesto en mi libre derecho de expresarme. Año 1977. En el país nacía el terrorismo apoyado por células colombianas. José Antonio Briz López, hombre de valores altísimos, padre y esposo inigualable, empresario y emprendedor, tenía una pequeña fábrica de textiles y fue presa de la extorsión y secuestro. Yo estaba en segundo curso del colegio Nuestra Madre de la Merced (colegio de Las Mercedarias, calles Sodiro y Valparaíso).

En mi adolescencia no alcanzaba a imaginar la brutalidad del secuestro, que terminó con la decapitación de José Antonio y su cabeza dejada en una caja en el mismo colegio que yo estudié, en la capilla exterior del colegio.

Mi tío, Marcelo Fernández de Córdoba, quien era embajador en Lima y cuñado de José Antonio Briz, tuvo que venir urgentemente al Ecuador. Él y la familia se hospedaron en mi casa. Así que viví de cerca todo este tormentoso y cruel evento. Primero la búsqueda. Luego la entrega de la cabeza y, finalmente, el encuentro del cuerpo.

¿Pueden imaginar el nivel de maldad de los autores, cómplices y encubridores? ¿Pueden imaginar todo lo que vivimos sus familiares más cercanos?

¿Pueden imaginar lo que significa que desde que (el presidente Rafael) Correa asumió el poder y empezó a nombrar héroes y heroínas de la patria a los AVC? A qué nivel de rompimiento de valores se llegó…

Muchos se preguntarán: ¿Por qué no se les denunció? Solo la gente que sabe lo que es pasar por un capítulo tan triste de su vida sabe… que a veces es mejor seguir adelante e intentar sanar. Y también sabes que con un gobierno totalitario, dueño de todos los poderes, tu sacrificio no valdría la pena…

Remover tantas heridas y sufrimientos para que finalmente de víctima pases a ser victimario… Cuando todo está torcido la esperanza se diluye…

¡Qué pena por las actuales y futuras generaciones…! ¡Qué referente tendrán! ¡Qué ejemplo!”.

OTRO PUNTO DE VISTA

En el libro “Memoria de las espadas”, de Antonio Rodríguez Jaramillo (4), se contextualiza de otra manera el secuestro y crimen a Antonio Briz López:

“En medio de la efervescencia de la creación de estos nuevos sectores insurgentes en el país, en los primeros años de la década de los ochenta tuvo protagonismo el núcleo sin nombre público, que se autodefinió de alguna manera como OPM (organización político militar), dirigido por Kléver Gía Bustamante. Este núcleo empezó a estructurarse desde mediados de los años 70, y bajo el nombre de los Comandos Revolucionarios de Liberación (CRL), ejecutó el secuestro del industrial Antonio Briz Sánchez, con el propósito de financiar su accionar insurgente.

Cuando el comando que retenía a Briz se dio cuenta de que la familia, instruida por la Policía, entregó un rescate falso, decidió ejecutarlo y decapitarlo, acción desproporcionada que algunos de sus protagonistas justificaron con la necesidad de amedrentar y crear un precedente para futuros secuestros, así como también a manera de una acción de respuesta desde un grupo revolucionario frente a la masacre de más de cien trabajadores agrícolas en huelga, acaecida pocos meses atrás en el Ingenio Azucarero Aztra.

Las investigaciones policiales, llevaron a la detención de la mayoría de sus miembros y la desarticulación del grupo. Sin embargo, poco tiempo después, protagonizaron una fuga del Penal García Moreno luego de lo cual viajaron a Colombia, donde se integraron al M-19 y algunos llegaron a desempeñar importantes funciones de mando en el Frente Sur, desplegado en el Departamento de El Caquetá, en la frontera con Ecuador. Algunos integrantes de este grupo retornaron al país e iniciaron una reconexión con antiguas bases, así como un relacionamiento con otros grupos escindidos de las organizaciones de izquierda, que habían optado por una vía insurreccional”.

_______________________________________________

Fuentes:

  1. “El discurso argumentativo jurídico: orígenes, incidencia y aplicación en la composición de conflictos jurídicos”. Tesis de grado del abogado Christian Javier Gallo Molina
  2. Resumen del juicio sumario y la sentencia del caso
  3. Carta abierta de Diana Fernández de Córdova
  4. Rodríguez Jaramillo, Antonio. Memoria de las Espadas: Alfaro Vive Carajo, los argumentos de la historia. Quito/ Editorial IAEN/Editorial Abya-Yala, 2014.

Para este trabajo también se tomaron en cuenta artículos, editoriales y reseñas periodísticas de los diarios de la época, como El Comercio, El Universo, Expreso, revista digital Plan V y www.expectativa.ec

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Comments (5)

  1. anyo maru

    25 May 2022

    no se menciona la participación de la policía francesa.

    • Los Cronistas

      25 May 2022

      Gracias por el dato. Vamos a investigar.

      Saludos,

      Rubén Darío Buitrón
      Director
      loscronistas.net

  2. Espejo Primitivo

    11 Jun 2022

    https://allpoetry.com/Espejo_Primitivo

    Me acuerdo de este caso de los 70’s y lo escuchaba en la radio cristal antes de ir a la escuela todos los dias…hasta que un dia en mi clase un pelado de 5to grado salio’ con una teoria de conspiracio’n aludiendo la razo’n por su asesinato……

    • Los Cronistas

      11 Jun 2022

      Muchas gracias por tu comentario.

      Saludos,

      Rubén Darío Buitrón

  3. Milton Sánchez

    25 Dic 2024

    Felicitaciones por su investigación, notamos claramente el inicio del caos que vivimos ahora, desgraciadamente somos un pueblo sin memoria, que luego por la manipulación de la historia termina idolatrando delincuentes, como héroes de la delincuencia organizada que hoy nos domina

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