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Yiye Ávila, el sanador

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GUAYAQUIL.- Es 16 de julio del 2005 en el estadio Abel Jiménez Parra. Desde las

calles Cuenca y Tungurahua se escucha música cristiana al más alto volumen y los asistentes

repiten el coro: “En la sangre de Cristo hay poder y el Espíritu Santo se está derramando”. Cientos

de feligreses cantan con fervor en espera del aparecimiento del pastor Yiye Ávila y recibir los

milagros que anhelan.

El estadio, con grandes reflectores de luces con colores, ilumina más de una cuadra de este sector

del sur oeste de Guayaquil. Los asistentes aplauden y corean “Gloria a Dios”, ejecutan danzas que

imitan a los bailes judíos tradicionales y la música envuelve el espíritu de la feligresía. Sobre

ella flota una sensación de que algo sobrenatural va a ocurrir con los cantos que los invade de un

halo especial en sus cuerpos.

La tarima central se ilumina más con potentes luces amarillas, hacia los lados se ubican grandes

parlantes, los equipos de sonido cargan más la atmósfera para inducir a la audiencia a estados

de catarsis y vehemencia; las emociones a flor de piel listas para el espectáculo de los

milagros y, de pronto, todos se ponen de pie y comienzan a aplaudir más de tres de minutos

gritando a viva voz ¡gloria a Dios, aleluya!

A las siete y cuarto de la noche un pastor mulato, vestido con terno azul y corbata roja, se acerca a

la tarima, toma el micrófono, pide a los asistentes ponerse de pie y comienza a orar.

Inicia el rezo alabando y agradeciendo a Dios. Su voz es grave, va aumentando el volumen hasta

gritar que la presencia de Dios tome la vida del hermano Yiye Ávila, clama que el Espíritu Santo se

derrame en ese lugar, el público eufórico grita “¡ven, ¡Espíritu Santo, ven!” y lo hacen

cada vez más fuerte.

Los cuerpos de los feligreses se estremecen como poseídos de los ángeles o de los demonios, lloran

y claman que el Espíritu Santo controle el viento y el frío y de repente se escucha un grito del pastor

invocando que el diablo sea echado del lugar. La voz retumba como rayo, parece que en el aire

fugan los espíritus del mal volando del estadio, con el llanto y clamor de la audiencia.

El viento recorre mi cuerpo. Estoy primera vez frente a un espectáculo donde se menciona al diablo

tantas veces como a Jesucristo. La audiencia grita, y grita más fuerte “¡Aleluya, gloria a Dios!”, la

gente llora en sus puestos y reprende al diablo, dice “fuera Satanás, en la sangre de Cristo hay

poder». Parece que con sus gemidos huye por los aires el causante de sus malos pensamientos y

actos de maldad.

Con los reflectores iluminando el centro del atril, el pastor animador pide aplausos para recibir a

Yiye Ávila y este aparece.

Es un hombre de baja estatura, un poco encorvado. En la espalda se ve la curvatura, pelo canoso,

tez blanco-rosada, acento caribeño que corta las palabras. Levanta su mano y saluda, todo el

público se pone de pie y aplaude fervorosamente. Con voz retumbante, el pastor dice “¡Gloria a

Dios, alábalo si puedes!”, estrofa que repite hasta el final del evento.

Sigue motivando el alabar a Dios más fuerte y pregunta: ¿Quién vive? La audiencia corea “Cristo

Vive”, levanta la voz como trompeta y comienza a orar, invoca a Jesucristo que derrame una

bendición especial y que el Espíritu Santo unja el lugar y se manifieste en nombre de Jesús.

Proclama la victoria de la sanidad, dice: “¡Alabado sea Dios, hay poder en Jesús! Termina la oración

y vuelve a gritar: “¡Gloria a Dios, alábalo si puedes!”, y todos repiten: “¡Bendito sea el Señor,

aleluya!”.

La audiencia se sienta en las gradas, Yiye Ávila toma la Biblia, la levanta con una mano y repite “en

el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, bendito sea su nombre”, lee un versículo y

proclama: “Hermanos, van a presenciar hoy, mañana y pasado prodigios y milagros por el poder

del Señor Jesucristo” y luego vuelve a decir “¡Alábalo, si puedes!”, la muchedumbre corea estas

palabras y luego, casi gritando, dice: “Gloria a Dios, Cristo Sana y Salva, amén”.

Ávila toma el micrófono, se aleja del atril, se para firme en medio de la tarima y grita: “¡Gloria a

Dios!”. Con voz retumbante ahuyenta a todos los malos espíritus, oremos, hermanos, para pedir

sanidad, que Dios los libere de las ataduras del diablo, el diablo los quiere tener encadenados en la

enfermedad. La audiencia empieza a gritar: “En el nombre de Jesús reprendemos al

diablo, lo encadenamos en el infierno y no tiene poder sobre nosotros”.

Todos, con fervor y creciente euforia, reprenden al maligno e invocan que el poder de Dios se

manifieste en ese lugar. Aleluya.

Ávila eleva más y más el tono de voz y proclama que el Espíritu Santo se derrame como en el

Pentecostés. Se escuchaba un eco en todo el estadio y Yiye, haciendo gestos descoyuntados,

comienza a hablar en lenguas extrañas. Se escucha ¡sama, rama, sama!, lanza un grito, salta y la

audiencia llora, grita en sus asientos. La euforia se desborda.
¡Bendito el nombre de Jesús, ¡Gloria Dios, ahora Cristo se pasea en este lugar! Se escuchan

alabanzas: ¡el Espíritu Santo viene, viene, viene! Pide a la audiencia que repita: “¡Ahora viene el

Espíritu y comienza a hacer sanidad” y dice: “Veo con los ojos del espíritu que una señora de la

segunda grada tiene un tumor en el hígado y ahora, en el nombre de Jesús, se desvanece el tumor,

¡gloria Dios, gloria! La feligresía entra en éxtasis, grita y de pie corea: “¡Alabado sea el nombre del

Señor, bendito sea su nombre!”.

Algunas mujeres se agitan como si sufrieran un ataque epiléptico de crisis paroxística. A otras les

tiembla el cuerpo como si estuvieran a punto del clímax orgásmico, caen para atrás y otras tiemblan

y las sostienen mujeres y hombres acomodadores.

El predicador, como poseído por un alucinógeno, se acerca a las personas en silla de ruedas, asienta

la mano sobre la cabeza de una mujer y le ordena que se levante en el nombre de Jesucristo, ¡ya, ya,

ahora! Cristo está haciendo sanidad y la euforia crece como olas. Hombre y mujeres

en sillas de ruedas se incorporan y levantan, llorando, alabando a Dios y caminando, supongo que

es efecto de una histeria de masas o de personas previamente seleccionadas para la demostración.

Otros hombres y mujeres bajan en brazos de los acomodadores hasta la parte central de la tarima y

gritan “Gloria a Dios”, se dan vueltas y luego de salir del éxtasis toman el micrófono y dan

testimonio de haber sido curados de dolores en la espalda, tumores que ya no están en el cuerpo,

articulaciones que ya no duelen. Todos brincan en una sola pierna.

El pastor sigue imponiendo su mano en la cabeza de las personas bajadas de las escaleras y clama:

“En el nombre de Cristo, ahora se va la diabetes, quedas sano, siervo, tumores al útero eliminados,

ese cáncer al estómago que te tiene postrada en cama, ahora es sanado, quedas libre, libre de

toda enfermedad y maldición, se curan los dolores a las articulaciones, es el diablo expulsado de

siervos atados por enfermedades mentales.

“Ahora echo fuera al maligno y su hueste de maldad, en la sangre de Cristo hay poder”. El estallido

de gritos es un ritual ensordecedor. Cuerpos y mentes en trance en la hora del milagro.

Observo, impávida, cómo caen personas a mi alrededor. Siento cierto temor, por un momento,

luego con ganas de orar de manera ferviente.

Una señora robusta, de pequeña estatura, susurra a mi lado: alabe, alabe sierva, Dios está obrando

ahora, solo crea. Los gritos y alaridos son infinitos pero destemplados, yo sonrió a la señora y me

pierdo entre el jolgorio.

En los alrededores del estadio se aglomeran vendedores de colas, agua, algodón de azúcar, perros

calientes y empanadas. La fila de personas en la puerta de ingreso, en su mayoría mujeres con

biblias en manos, faldas largas, pelos largos con moño, algunas con niños en brazos o tomados de

la mano. Las devotas más entregadas visten ropas más recatadas, otras simpatizantes llevan

pantalones y algunos reporteros de radio entrevistan a uno o dos participantes.

La feligresía que copa el estadio parece ser de sectores populares de Guayaquil, por su aspecto y su

forma de vestir; el espíritu de comunidad que imprimen las iglesias evangélicas da sentido de

pertenencia a esta población más vulnerable, ávidos de alivio a sus problemas existenciales

y dolencias físicas. El barrio es un sector al suroeste, con locales comerciales y residencias con

arquitectura típica de Guayaquil, los denominados chalets, casas de construcción mixta y otras de

cemento armado construidas entre los años 40 y 60. El vecindario, acostumbrado a escuchar estas

campañas cada año, se divide entre los que creen, los escépticos y otros que califican a Yiye Ávila de

charlatán y seductor.
********************************************

Mi asistencia a la campaña está motivada por mis interrogantes sobre aspectos existenciales como

la fe, las creencias y tradiciones con la que fui educada para dar respuesta a la vida, la muerte y el

más allá; estas certezas en un momento se ponen en puntos suspensivos o se inicia una

exploración de otros argumentos y evalúo lo que se ha aprendido como la verdad de una doctrina.

En esa búsqueda recorro grupos cristianos y no cristianos. Es el primer acercamiento es la campaña

de Yiye Ávila e investigo sobre su vida.

Ávila Portalatín nace en Puerto Rico, ciudad de Camuy, el 11 de septiembre de 1925, de ascendencia

judío-sefarditas. Sus padres se convierten al cristianismo y abrazan la doctrina protestante, en la

nominación pentecostal, que pone énfasis en los dones y manifestaciones del Espíritu Santo,

además de la venida de Cristo y el lema: Cristo salva y sana.

Los padres de Yiye Ávila son maestros de escuela y finalmente él sigue sus pasos. Al terminar el

bachillerato se matricula en la Universidad Interamericana de Puerto Rico con planes de estudiar

medicina, pero se gradúa con una licenciatura en ciencias naturales y durante 22 años es profesor

de química y biología en una escuela de Camuy. Su experiencia de maestro le sirve después para

llegar a la audiencia con sus dotes de orador y técnicas pedagógicas. Combina sus actividades con el

béisbol y fisicoculturismo y gana el segundo lugar de Mr. North América en 1953.

El deporte también juega un papel importante en su vida para mantener energía y vitalidad. En

1956, mientras se entrena para competencias de los juegos olímpicos, experimenta dolores en

varias partes de su cuerpo y le diagnostican artritis crónica. A causa de esos males tiene una

movilidad limitada y se dedica a orar y leer la Biblia. Una noche clama a Dios: ¡Sáname! y la

experiencia que vive lo lleva más tarde a fundar el Ministerio de Sanidad.

Contrae matrimonio con Carmen Talavera, de cuya unión tiene tres hijas: Noemí, Doris y Carmen y

nueve nietos. Toda su familia participa en su ministerio.

En 1967 se jubila y emprende su estudio de las escrituras, preparándose para ser pastor.

En 1972 se dedica por completo a la misión evangelista. Inicialmente forma en su hogar una

pequeña célula para estudio de la Biblia y oración y la denomina «escuadrón relámpago», Cristo

viene. Crece el grupo y se convierte en el ministerio, construye un edificio de tres pisos. Su prédica

es seguida por iglesias locales y latinoamericanas y los pastores lo invitan a multiplicar la feligresía.

En 1986 crea el canal de televisión denominado La cadena del milagro. Las iglesias financian sus

campañas por medio de diezmos y ofrendas, donaciones sustentadas en los grupos evangélicos por

medio del señalamiento en el antiguo testamento de entregar diezmos por todo lo ganado. Los

levitas recibían en especies.

En 1989, un evento doloroso sacude la vida del pastor Ávila: la pérdida de su hija Carmen Llia,

quien es asesinada por la pareja. La muerte de un hijo no es fácil aceptar y sacude los cimientos

más profundos de los padres, quienes aspiran a ser ellos los primeros en irse. Relata en una

prédica que cuando se enteró no podía creerlo, asimilarlo, son momentos que se pone a prueba la

fe. Refiere que hizo un ayuno de dos semanas y se encerró en su cuarto para clamar a Dios la guía

que debía hacer, pedir perdón para el asesino de su hija y que la justicia se encargue de la sanción.

La esperanza de vivir en el cielo o en el reino de Dios es una catarsis para Ávila.

Veinte años después muere su otra hija, Noemí, en un accidente de tránsito en Venezuela. Ella era

pastora y su fallecimiento es otro drama desgarrador en la vida del pastor Ávila, su apuesta por el

paraíso y encontrarse cuando él muera sosiega su dolor. Ese mismo año sufre un

derrame cerebral debilitante que limita su capacidad de hablar, en ocasiones los dolores

emocionales tienen efecto sobre el cuerpo y quizás son el efecto de su dolor por la pérdida de

sus hijas.

En el 2010 recibe la orden de la independencia cultural “Rubén Darío” por parte del presidente de

Nicaragua, Daniel Ortega. Cuando Ávila fallece, los diarios de Nicaragua informan que el pastor era

humilde, muy querido y recibido en ese país, y que fue a Nicaragua “no a torear a la revolución, sino

a sanar heridas de una nación que vivía la agresión de una guerra ilegal e inmoral. Logra que el

comandante Daniel Ortega Saavedra entregara su corazón a Jesucristo. La descripción que

hace la prensa sobre Yiye Ávila lo muestra como una persona capaz de comprender los contextos

sociales de la época y un espíritu diplomático para difundir su línea evangelista en un país socialista.

En el 2012 el senado de Puerto Rico bautiza uno de los salones de conferencias del edificio Baltazar

Corrada del Río con el nombre de José Joaquín Yiye Ávila.

El 28 de junio del 2013, el pastor muere de un paro cardiaco a los 87 años.

*********************************************

Esa noche del 16 de julio del 2005 la campaña termina a la diez. Decido salir un cuarto de hora

antes para evitar la multitud. La última hora el pastor Yiye Ávila se dedica a la oración ferviente de

sanidad y sigue imponiendo sus manos sobre las cabezas de los feligreses enfermos de

dolencias físicas y del alma. Todos haciendo filas frente a la tarima, con brazos en alto alaban a

Dios, cantan, rezan, lloran, ríen, el pastor da grandes alaridos clamando por sanidad en el nombre

de Jesucristo e invoca al Espíritu Santo, pide a la multitud que glorifique a Dios y repite

“Alábalo, alábalo”; la multitud grita glorificando a Dios y estremeciendo sus cuerpos. Caen al

piso, se levantan, dan saltos, estremecen el cuerpo y gritan “aleluya”. La histeria colectiva se

apodera de la audiencia. Hasta las paredes del estadio parecen quebrarse y el viento fresco del

verano recoge los ecos del clamor y lamento de la gente que aspira a mitigar los dolores del

cuerpo y el alma expulsando al diablo y su corte. Seguro que estos gritos se escuchan hasta el barrio

Cuba.

Salgo un cuarto para la diez de la noche, los llantos y gritos retumban en mis oídos, tomo un taxi, le

doy la dirección de mi casa al chofer y me pregunta: “¿Será verdad eso de lo de los milagros, usted

qué piensa, señorita?” Le contesto allí hay de todo: fe, sugestión, éxtasis, catarsis, toda una mezcla

de emociones.

Me parece ahora como los fenómenos de masas que provocan algunos políticos, donde la multitud

se desvive por verlos, tocarlos y los erige como salvadores ya no de milagros, sino de la patria.

Recuerdo al expresidente Rafael Correa en un acto de masas en el Guasmo, todos quieren tocarlo,

seguirlo, corean las consignas, cantan las canciones al Che Guevara y gritaban “viva la revolución”.

Ávila y Correa predican, convencen, emocionan. Pero no estoy segura de que su palabra sea

verdadera.

__________________________

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Comments (11)

  1. Frannk

    28 Abr 2021

    La crónica es inmersiva. Sentí ser parte de la misma en tres puntos; cuando Yiye Ávila induce a los feligreses al transe, cuando se describe el momento de los vendedores ambulantes y cuando se da la conversación en el taxi. El final le dio el realismo de una crónica, al menos eso lo creo, para mí una crónica esta envuelta de varías realidades y la incredulidad es parte de esta.

    Me gusta mucho, felicitaciones y gracias por dar a conocer sus pensamientos a través de las palabras.

    • Los Cronistas

      28 Abr 2021

      Muchísimas gracias por sus comentarios, Frannk.

      Saludos fraternos,

      Rubén Darío Buitrón
      Director

  2. Frannk

    28 Abr 2021

    La crónica es inmersiva. Sentí ser parte de la misma en tres puntos; cuando Yiye Ávila induce a los feligreses al transe, cuando se describe el momento de los vendedores ambulantes y cuando se da la conversación en el taxi. El final le dio el realismo de una crónica, al menos eso lo creo, para mí una crónica esta envuelta de varías realidades y la incredulidad es parte de esta.

    Me gusta mucho, felicitaciones y gracias por dar a conocer sus pensamientos a través de las palabras.

  3. Kevin Coello

    30 Abr 2021

    Quedé sin palabras al ver esa comparativa que es muy asertada, no esperaba un comentario así, lo que parecería una crítica o invitación a la reflexión con respecto a la religión termino siendo una clara señalización a la política Ecuatoriana y a como en el mandato del ex presidente Rafael Correa muchas personas lo veían como la salvación de Ecuador y justifican muchos de sus actos como «el hizo obras», es verdad que algunas acciones del ex presidente Correa fueron muy acertada, sin embargo eso no lo excime de actos perjudiciales para la nación ecuatoriana, y como dice la escritora es su última oración «no estoy segura de que su palabra sea verdadera»

  4. Kevin Joel Coello Barzola

    30 Abr 2021

    Quedé sin palabras al ver esa comparativa que es muy asertada, no esperaba un comentario así, lo que parecería una crítica o invitación a la reflexión con respecto a la religión termino siendo una clara señalización a la política Ecuatoriana y a como en el mandato del ex presidente Rafael Correa muchas personas lo veían como la salvación de Ecuador y justifican muchos de sus actos como «el hizo obras», es verdad que algunas acciones del ex presidente Correa fueron muy acertada, sin embargo eso no lo excime de actos perjudiciales para la nación ecuatoriana, y como dice la escritora es su última oración «no estoy segura de que su palabra sea verdadera»

  5. Kevin Coello

    30 Abr 2021

    Me quedé sin palabras al leer la publicación de la dra. Acosta, es increíble como al principio de la narración nos habla acerca de lo que parecería ser una crítica o reflexión hacia la religión y como termina con una comparativa hacia la política Ecuatoriana.

  6. Andrea

    30 Abr 2021

    La lectura resulta bastante «gráfica» , transporta a la experiencia y poder contemplar los detalles del evento y las múltiples emociones que genera. Resulta interesante conocer parte de la biografía del personaje que convence y conmueve a multitudes, invita a sacar conclusiones sobre su oficio, sus experiencias de dolor, sus deseos de sanación y creencia ferviente tanto de lo divino como diabólico.

  7. Kevin Coello

    30 Abr 2021

    Me quedé sin palabras al leer la publicación de la dra. Acosta, es increíble como al principio de la narración nos habla acerca de lo que parecería ser una crítica o reflexión hacia la religión y como termina con una comparativa hacia la política Ecuatoriana. Me encantó como muestra al lector una perspectiva y de repente hace una comparativa con otro punto de vista que tiene mucho que ver con el principal, yo como ecuatoriano doy testimonio de que en mi país existen personas que prácticamente idolatran al ex presidente Correa y dejan pasar por alto sus acciones no tan favorables para el país.

  8. Andrea Bejarano

    30 Abr 2021

    La lectura resulta bastante «gráfica» , transporta a la experiencia y poder contemplar los detalles del evento y las múltiples emociones que genera. Resulta interesante conocer parte de la biografía del personaje que convence y conmueve a multitudes, invita a sacar conclusiones sobre su oficio, sus experiencias de dolor, sus deseos de sanación y creencia ferviente tanto de lo divino como diabólico.

  9. Sofia

    30 Abr 2021

    Una crónica fantástica que al momento de leerla te sientes inmersa en ella. La realidad del momento que transmite envuelve al lector. El párrafo comparativo final, dando un vistazo a la postura de la autora, es algo que me gustó mucho. ¡Felicitaciones a la autora! Y que maravillosa forma de plasmar sus pensamientos.

  10. Diana B

    01 May 2021

    Un acercamiento interesante a un acontecimiento religioso-cultural. Una crónica muy descriptiva que detalla de manera precisa dicha experiencia en primera persona.
    Felicitaciones.

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