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Mendigo con 105 mil dólares congelados en el banco

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El estadounidense Daniel Leonard Goode llegó al Ecuador en octubre pasado con la ilusión de vivir en un país tranquilo y de disfrutar el dinero que ahorró durante su vida: 103. 352 dólares.

Goode es un abogado de 54 años que nació en San Luis, Missouri.

En los últimos 10 años residió en Francia, Portugal, Alemania y España. En Madrid y San Sebastián enseñó inglés para negocios.

Ecuador descubrió a través de Internet, mientras residía en España. En la red se enteró de la hospitalidad de los quiteños, del paisaje de la Sierra, la Costa, la Amazonia y Galápagos.

Internet también le reveló que el Banco de El Progreso ofrecía atractivas tasas de interés, que bordeaban el 60 por ciento. Las ventajas del Banco del Progreso, dice Goode, eran magníficas, Quizás las mejores entre muchos bancos de América Latina.

«A través del mismo Internet y por teléfono me contacté con el Banco Central del Ecuador y recibí información positiva de solvencia, pagos de interés y cumplimiento acerca de los bancos ecuatorianos, entre ellos el Banco del Progreso», explica en un castellano apenas comprensible.

Así, Daniel Leonard Goode decidió residir en el país y aterrizó en Quito a finales de octubre de 1998.

«Creí que había llegado a un paraíso, pero ahora vivo en un infierno».

El 23 de diciembre de 1998, vísperas de Navidad, depositó en el Banco del Progreso los 103.352 dólares y en el mismo banco abrió dos cuentas más: por 69 millones de sucres y 2.061,25 dólares.

Pero a raíz del decreto de congelación de fondos (15 de marzo de 1999), Daniel Goode se quedó en la calle, porque ya no tuvo dinero para cancelar una suite que arrendaba en las calles Calama 328 y Reina Victoria.

Goode confiesa que no tiene un solo centavo para atender sus necesidades mínimas: para alimentarse debe recurrir a la caridad de unos pocos amigos, como el abogado Leonardo Alvear y el periodista Fernando Checa.

Los días más duros los vivió entre el miércoles 12 y el lunes 17 de mayo.

Solo y sin dinero se vio obligado a dejar el hotel. Tres noches durmió a la interperie, en dos parques de la ciudad: El Ejido, donde logró escapar de un asalto, y La Vicentina, más tranquilo y acogedor a pesar del frío que le rompía los huesos.

Este norteamericano de 1. 80 metros de estatura, barba negra y ojos verdes, recuerda que en las noches que durmió en los bancos de los parques soñaba con sus padres James y Mary, ya fallecidos, y con su único hermano, con quien no puede comunicarse pues es un hombre de negocios que viaja mucho por EE.UU.

«En la oscuridad del parque me sentía como el personaje de la película «El expreso de medianoche», el estadounidense que no puede escapar de Estambul a pesar de todo tipo de gestiones diplomáticas y del amor de su familia. Así me siento en Ecuador: preso y solitario, quiero ir a mi país y sé que la Embajada de EE.UU. y los pocos y buenos amigos no me van a dejar morir».

En la pequeña habitación de la calle Calama, que ocupó cuatro meses, se encuentran seis bultos con la ropa y los pocos objetos que Goode solía llevar: en uno de ellos guardó su pasaporte (la visa T3, de turista, feneció el pasado 28 de abril).

En la habitación de 8 x 5 metros hay siete rudimentarios floreros hechos con botellas viejas. Los claveles se han marchitado.

Por una ventana se aprecian un retazo del tradicional barrio quiteño de San Juan y una parte de la Calama, bullanguera y permisiva.

Manuel Rosales Cárdenas, el propietario del hotel, explica que Goode no fue expulsado a pesar de que debía 67 días a partir de la congelación de depósitos.

Según Rosales, Goode podía traer un certificado de 300 dólares para cancelar la deuda. El propietario del hotel también exige que el norteamericano reconozca en un papel la deuda para devolverle el pasaporte y la ropa.

Sin embargo, Daniel Leonard Godde tiene temor de retornar. Asegura que los empleados del hotel los agredieron al salir del hotel, a las 16:00 del miércoles 12.

Isabel Proaño, administradora, y Alvaro Molina, empleado, desmienten la agresión y más bien responden que querían que Goode saliera sin contratiempos.

¿Qué le espera? La situación es compleja. Su destino está en manos del Banco de El Progreso. En la entidad presentó cuatro certificados médicos que dan cuenta de su mal estado de salud.

En uno, el doctor Julio Yépez certifica que está con principios de gastritis y, en otro, el traumatólogo Diego Páliz Osorio menciona que Goode sufre una grave lesión de los pies bilateral a nivel de los dedos.

Goode menciona que en el Banco del Progreso le informaron que no hallaban los certificados médicos y la solicitud en la que pide la devolución de una parte del dinero para tratar sus dolencias y salir del país.

Pablo Araujo, gerente de Desarrollo del banco, precisa que los papeles no están perdidos. ¿Contará con un poco de dinero para abandonar el país? Claro que sí, dice Araujo, una vez que el Banco se recapitalice…

Daniel Goode deberá esperar. Mientras tanto, seguirá viviendo de la limosna. En un oficio fechado el 19 de abril, Jorge Egas Peña, superintendente de Bancos, le niega el derecho a percibir una porción de su propio dinero.

La excepción, menciona el oficio, se hace solo si existen razones humanitarias, derivadas de emergencias médicas debidamente comprobadas que puedan producir daño inminente a una persona.

«Pero mi vida corre peligro, explica Goode, porque los certificados médicos mencionan los estragos físicos de esta situación similar a una pesadilla que ni siquiera imaginé».

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Publicado en Diario El Comercio el sábado 22 de mayo de 1999.

 

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