Poesía
Después de la caída
Por Angélica Morales* Escribir para ganar dinero, para salir en las revistas literarias posando de frente, con el semblante serio, con la mano apoyada en la barbilla para transmitir seguridad al lector. El lector sucio al otro lado de mis páginas, con amigdalitis, con fiebre áspera dentro de las manos. El lector fornicando al lado
Canción de la muchacha que no existe
Por Angélica Morales* (A César Dávila Andrade) En la tarde tú, besando rosas de cemento y la tos ardiente de los árboles. En la tarde tú, muchacha de piernas débiles caminando en la otra orilla de la vida. Tú, hogaza de pan o temblor. Tú, paseo íntimo por el pubis de la luna en la
Balada de un reloj herido
Por Angélica Morales* Nadando un pez que llega y muerde mi camisa de invierno la piel más terrible de mi nombre y sé que agosto se echará a perder entre las sombras de una lluvia incesante y sé que habrá una mujer tras el cristal llorando el peso de sus fotografías nací triste y con
Seremos nosotras
Por Angélica Morales* Seremos nosotras mujeres bellas de horizonte pálido y pestañas postizas, devoradoras de capas de estiércol y cebolla, prostitutas a ratos, cuando el día se tuerce y no hay dónde comer, dónde amarrar la golondrina que nos vive adentro, en el pecho quinto, en la tostada chamuscada de la mañana, en el hotelito
La gente buena
Por Angélica Morales* La gente buena es pobre y tiembla y usa guantes de cartón y fuma pedacitos de espuma o saliva o algún insecto que, sin querer, ha caído en sus labios. La gente buena posee la belleza de un animal manso, lo mira todo con sus dos ojos de fuego, acoge lo oscuro
Lamer clavos
Por Angélica Morales* A León Felipe Dices: “Más sencilla, más sencilla, que todo se ahogue en el silencio, que no vengan las llagas a ensuciar lo limpio, que el cielo siga siendo solo cielo, la distancia del prójimo sobre el corazón del pan, un prado donde las mujeres bordan la madrugada y le dan de
Angélica Morales, una poeta española
Por Angélica Morales* (Del poemario “España toda”, Hiperión 2018) 1 Habrá que cortar tu cadáver por partes y dárselo a comer a un galgo (España). Pero luego vendrán tiempos mejores, tiempos donde la mesa no se ponga a temblar a partir de las doce. Una mesa construida por un hombre limpio y sano y digno