Novela
Los siervos de Doña Reina (capítulo VI)
EL GUARDIÁN (capítulo VI) Por Rubén Darío Buitrón El segundo día que Arregui no llegó a trabajar fue una jornada de intensos comentarios en la redacción y en la dirección del diario La Mañana. Era como si todos soñaran en una tarde soleada, pero la naturaleza se empeñaba en hacerla gris. Pasado el mediodía, los
Los siervos de Doña Reina (capítulo V)
Rubén Darío Buitrón. LA PRIMICIA SIN ECO Pero Doña Reina nunca perdía. Jamás. O, al menos, hasta ese momento eso es lo que ella creía. Mientras bebía el batido especial (una mezcla de suplementos vitamínicos especiales rejuvenecedores que ella traía cada seis meses de París) que Juvenal, su cocinero, le preparaba todos los días y
Los siervos de Doña Reina (capítulo IV)
EL MALESTAR (IV) Por Rubén Darío Buitrón Ana era una mujer morena y humilde, regordeta, morena, un metro y medio de estatura. Vestida con impecable uniforme celeste, como todos los empleados permanentes de la casa o como todos los de medio tiempo, llegaba a la mansión a cuidar las manos y los pies de la
Los siervos de doña Reina (capítulo III)
LA INTUICIÓN Por Rubén Darío Buitrón* Mientras afuera trinaban las golondrinas y los colibríes, doña Reina Inmaculada disfrutó por unos instantes del placer de recordar que en menos de diez minutos, como era la consigna de la servidumbre, estarían sobre su regazo el desayuno y el periódico del día. Una de las cosas que más
Los siervos de Doña Reina (segundo capítulo)
Capítulo 2. LA LIPOSUCCIÓN Rubén Darío Buitrón Desde entonces, para evitar los recuerdos y asegurarse que a ella la chequearan con mayor meticulosidad para comprobar que no tenía la enfermedad de su difunto esposo, viajaba cada seis meses a Londres, al Hospital Saint Thomas, uno de los más caros de Europa, pero reputado como centro
Los siervos de Doña Reina (capítulo I)
Por Rubén Darío Buitrón. Dedicatoria: A los periodistas autosilenciados 1. EL RENCOR Mientras la señora Reina Inmaculada abría los ojos, todavía revolviéndose entre las sábanas de seda y los edredones de plumón importado, recordó el titular a seis columnas que la noche anterior ordenó poner. Y aunque lamentaba que aquel titular ya no tendría