Rubén Darío Buitrón Cuando era pequeño, tenía como vecinos en la empinada calle Castro, entre los barrios La Tola y El Dorado, a dos hermanos, Fabián y Ramiro, que al saludar y al despedirse se besaban en la boca. Eran dos niños. Y siempre lo habían hecho, aunque alguna vez en su escuela los profesores,