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You take my self, you take my self control

You got me livin’ only for the night
Before the morning comes, the story’s told
You take my self, you take my self control

Laura Branigan

 Ella
Quiero y me detengo a repetir tu nombre. Diez o doce años transcurrieron y no me he dado cuenta del tiempo, hasta que tú le pusiste un número.
Por algo que es preferible no ahondar, decidí escribirte, como la cosa trivial en cuestión, contestaste casi que enseguida, al segundo, como nos gusta a los milennials.
Y en medio de toda esas olas de sensaciones estábamos hablando de la vida, de los gustos, y aunque sé que fuiste midiendo la temperatura de nuestra conversación, fui yo la que te pregunté si podías ser mi amante.
Esta vez no me contestaste rápido, estoy segura que pensaste en las diversas consecuencias de decir sí o no.
Yo escuchaba,como siempre, cualquier canción que pudiera sacarme del aburrimiento.
Y tú, después con una duda que pude leer en el subtexto, dijiste que sí.
¿Esperaba eso de ti? Tenía mis dudas, porque el amor y sus derivados nunca tocan mi puerta, nunca.
Y empezamos a recordar. Por mensaje, las palabras se fueron transformando en imágenes y sí, yo te miraba en aquella época, acompañados como siempre, pero si había algo que me gustó de ti, eran tus manos, tu mirada secuestrante y ese aire a sabiondo.
No podía decir más allá de eso. Hoy, encima tuyo, cabalgándote para que no te olvides de mí, repito tu nombre, tres veces, porque soy fanática del tres y ese número me trae problemas y desafíos. Mientras besas mis tetas, agarras mi cintura y tratas de llevarme debajo de ti, no te das cuenta que mis piernas te abrazan y seguirán ahí.
Me pones en cuatro mientras coges mi cabello y me dices palabras dulces y demoníacas. Me dices, por ejemplo, que yo soy Harley Quinn y tú el Joker. Y me vengo, una, dos, te vienes, una y dos. Todos nuestros líquidos aplastan la cama y nuestras sombras desaparecen. Tu verga caliente y llena de leche terminó en mí y te apretó con mi vagina, con fuerza, con la fama que tenemos las manabas.
Haces tu famosa cruz en mi cuerpo, me ensanchas las caderas y me atraviesas, como si ese camino ya lo conocieras, entonces descubres mi dulzura y yo tu pasión. Somos lugares comunes que juegan a ser lugares no descubiertos y no sé qué nos pasará.
El día que nos vimos, yo que suelo escuchar canciones para todo, antes, justo antes de salir, Arjona a todo volumen con Tu Reputación. Qué terrible coincidencia ser las primeras seis letras de esa palabra.
Entre mis dudas estaba si te gustaría, la vanidad de siempre. Y al parecer sí, porque llegaste y me pediste un beso.
Reí contigo y desde ahí fui tu hembra. Porque es todo lo que quería, sin el te amo de siempre, porque estoy segura que es reemplazable. Talvez buscaremos otra frase que descifre las curiosas acciones, de esas que no se ahogan y fluyen torrentosas.
Pero no regresemos en el tiempo y déjame repetir una noche más, tu nombre, tres veces.
_______________________________________

Él
Esperé años para meterme entre tus piernas. Para poder meter mi cabeza entre tus tetas y poder oler todo lo que emanas de tu cuerpo. Dicen que ahí, entre los senos, está el verdadero aroma de una mujer. No el falso perfume que usan las personas y que se echan encima para oler mejor, sino la verdadera esencia de su cuerpo.
Cuando te conocí parecías más niña. Cuando te penetré, eras más hembra, más mujer. Los años te cambiaron, pero no me importaba. No pude describir con precisión en qué, pero habías cambiado. Ahora eras una hembra. Segura de ti misma. Caminabas llevándote el mundo por delante. Cuando volví a encontrarte ni siquiera te vi la cara. Sólo tuve que seguir el rastro de tu minifalda y tus tacones negros y la hilera de miradas que dejabas detrás.
Te habías transformado como la mariposa que estuvo encerrada en un capullo. Como el tesoro al final del arco iris.
Ya no eras una lolita. Al menos no la lolita que yo había conocido. Ahora hasta eras madre y hacías juegos de máscaras con el hombre con quien compartías una casa, una cama. Yo me imaginaba cogiéndote. Él te cogía imaginándose a otra. A otras.
Me preguntaste directamente: ¿quieres ser mi amante?
Ni lo dudé. ¿O lo hice?
Esperar casi 12 años para poder tenerte bajo mi cuerpo, jadeante, excitada. Esperar para poder lamer tu vulva y llenarme de tu poderoso vino corporal. Esperar para poder meterme en la boca cada bocado de tus tetas. Esperar para poder acariciar cada centímetro de tus piernas. De tus pies, de tus manos.
Siempre pensé que tenías manos lindas. Manos de creadora.
¿Tanta espera para tener que compartirte?
No podía ser. No podía ser tan cruel el destino de tenerte, pero a la vez no tenerte del todo. No poder tenerte mía, como sólo un cruel celador podría tener a otro ser humano.
¿Quería ser un celador?
Aprisionar tus alas bajo el mando de mis brazos. Como cuando hacemos el amor y te tengo en cuatro y jalo de tu cabello negro, montándote como a un animal feroz, feliz, tan tierna, tan niña y tan hembra. Delicioso… Amante.
Como los momentos cuando abro tus piernas y las estiro tanto que pareces una cruz sobre mi cama. ¿O es que de tanto cogerte te vuelves mi cruz?
Te muerdo las piernas en las partes más cercanas a tu vulva sólo para sentir que me llevo en mi boca un pedazo de tu carne viva.
¿Carcelero?
Atar tus alas de mariposa, volverte a hacer una lolita. Regresarte 12 años en el tiempo y borrar de tu historia tantos hombres, tantas camas por las que has pasado.
No podía.
“Sí, no hay problema”, te respondí. Amantes sin amor de por medio. El amor era el demonio al que había que temer.
Sólo sexo y sexo.
Sólo sexo porque quien se enamora pierde el juego. Sólo sexo porque si había la más mínima señal de algún sentimiento había que parar todo e irnos a la mierda. Cada cual por su lado.
Sólo sexo y sexo.
Y sí, sólo dije ok, cuando exigiste que si me decías “te amo” te dejará ahí mismo.
Dije ok porque no me queda más remedio que disfrutarte, mi hembra.
Y dejar que nuestros demonios se diviertan lo que deban divertirse.

___________________________________________

*Tatiana Mendoza Armijos (Manta, 1988). Escribe desde los trece años. Profesora de secundaria en la cátedra de literatura y periodista. Integró el grupo gestor cultural llamado Otra Orilla, que se desarrollaba cada año en Guayaquil. Finalista del Slam de poesía del grupo “La buseta”, 2015. Algunos de sus poemas están en la antología Ileana Espinel 2015, 2016 y 2017 y en la revista mexicana de ediciones Zetina. Ha recibido talleres con Augusto Rodríguez, Francisco Santana y Pedro Gil. Integra la comunidad de escritores y periodistas loscronistas.org

 

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