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La artista irlandesa falleció el pasado 26 de julio. Conocida por su voz maravillosa y especial y su aspecto, entre frágil y melancólico, escondía dentro de sí misma una fuerza que nunca la detuvo para decir lo que pensaba. Así le haya costado su carrera.

Por Carlos Narea Freire*

«¿La falsa idea de que mi carrera se descarriló al romper la foto del Papa? No. Mi carrera se descarriló porque tenía un tema número uno que me convirtió en una estrella del pop, lo cual no era. Yo era un cantante de protesta», dijo una vez en una entrevista para la BBC la cantante irlandesa Sinéad O’Connor.

El hecho ocurrió el 3 de octubre de 1992, en una presentación en vivo para el programa Saturday Night Live (SNL), uno de los más populares de la televisión estadounidense. Dos años antes, la cantante irlandesa alcanzó la fama mundial con uno de los grandes y más recordados éxitos de toda su carrera: Nothing compares to you.

Con diez discos de estudio en toda su carrera, fue ese 3 de octubre donde se marcó su carrera. Salió al escenario con su característica cabeza rapada y tras interpretar una de las canciones de su último disco en ese momento, Am i not your girl, prefirió cantar War, canción original de Bob Marley, a capella.  

Se tomó la libertad de cambiar ciertos versos de la canción para hablar sobre el abuso infantil, con un estilo duro, intenso. O’Connor tenía 26 años. Entonces vino el quiebre. Ante la cámara, en vivo, tomó una foto del papa Juan Pablo II y la rompió frente a millones de estadounidenses y la audiencia del mundo. “¡Lucha contra el verdadero enemigo!”, exclamó.

El momento fue tan impactante que los reportajes de la época decían que el personal de Saturday Night Live no supo cómo reaccionar. Pero el público no lo tomó bien. Estados Unidos es una sociedad conservadora donde la cultura de la cancelación, que hoy en día es tan común, apenas empezaba en la década del 90.

La cancelaron. La borraron de la industria musical de las grandes compañías. Las productoras no querían trabajar con ella. Le negaron conciertos en todo el país del norte.

Las denuncias sobre los abusos sexuales y la pederastia de ciertos miembros de la Iglesia Católica, tanto en Estados Unidos como en Irlanda, tardaron casi una década más en ser públicos. Y eran mucho peor que la más terrible de las pesadillas que pudo sufrir el público. La impactante denuncia de O’Connor tuvo una reivindicación, pero su carrera no.  

Justo después del incidente en SNL, O’Connor fue invitada a un concierto de Bob Dylan en el Madison Square Garden, uno de los escenarios más grandes del mundo. La gente la abucheó y siguió abucheándola por meses, por años….

Sinéad estaba en la lista negra.

Pero no era lo único que pasaba por la cabeza de la artista. Sufría de problemas mentales. Depresión. No soportaba el star system al cual había ascendido casi sin proponérselo.

Su situación financiera, a lo largo de los años, la llevó a vender su casa y terminar viviendo en un motel de Nueva Jersey, donde pagaba entre 70 y 80 dólares la noche por hospedaje, según un reportaje de El Mundo, de España.

Ahora, tras su muerte, los homenajes no han parado Incluso la homenajearon en un emotivo encuentro frente al Muro de la Fama de la Música Irlandesa.

El artista británico Morrisey, ex vocalista de The Smiths, publicó una fuerte carta contra la industria musical que dio la espalda a la irlandesa durante casi tres décadas.

“Tenía tanto de ella para dar. Su productora la dejó caer después de vender siete millones de álbumes. Se volvió loca, quizás, pero poco interesante, nunca. Ella no había hecho nada malo. Tenía una vulnerabilidad orgullosa… Y hay cierto odio en la industria de la música hacia los cantantes que no ‘encajan’ (esto lo sé muy bien), y nunca son elogiados sino hasta la muerte, cuando, finalmente, no pueden responder”, publicó Morrissey en su blog.

Añadió: “La prensa etiquetará a los artistas como plagas por lo que ocultan… Y llamarían a Sinéad triste, gorda, chocante, loca… ¡Ay, pero hoy no! Los directores ejecutivos de la música que pusieron su sonrisa más encantadora cuando la rechazaron para su lista están haciendo cola para llamarla ícono feminista y las celebridades de 15 minutos y los duendes del infierno y las discográficas de diversidad están activando el tema en Twittee, cuando fueron ellos quienes convencieron a Sinéad para que se rindiera”.

Fue una de las pocas voces que se levantaron para criticar la cancelación que vivió O’Connor en vida.

Apenas hace un año, ella había sufrido otra tragedia en su vida: la muerte de su hijo Shane, de 17 años. El joven estaba reportado como desaparecido, luego de dejar un centro médico donde estaba vigilado por riesgo de suicidio.

La cantante, entonces de 55 años, recurrió a Twitter para rendir un tributo a su hijo que tuvo con el cantante de folk Donal Lunny. En un conmovedor mensaje escribió: “Mi hijo bello, Nevi’im Nesta Ali Shane O’Connor, la luz de mi vida, decidió terminar su angustia terrenal hoy y ahora está con Dios”.

La cultura de la cancelación está al orden del día en estos años llenos de redes sociales, prejuicios, tabúes, estigmatizaciones y señalamientos con el dedo índice a quien discrepa con la masa ignorante, donde la gente y la industria procura borrar de lo público todo lo que está en contra de sus gustos o de lo que se piensa que es «lo correcto».

Cabe otro ejemplo: la talentosa y bella actriz Meg Ryan, estrella de las películas románticas de los 90, ha sido casi pulverizada y desaparecida de las pantallas luego de conocerse que tuvo un romance fuera de matrimonio, casi que dio por terminada su carrera. Los casos como estos abundan.

Otro de los episodios en el cual la artista irlandesa expresó lo que sentía acerca de la industria de la música, fue una carta que le envió a la cantante juvenil Miley Cyrus, quien había profesado su admiración por O’Connor.

La respuesta de ella bien puede resumir lo que pensaba de la industria: “Al negocio de la música no le importas una mierda, nadie le importa. Te prostituirán por todo lo que vales y hábilmente te harán pensar que eso era lo que tú querías. Cuando termines en rehabilitación por haber sido prostituida, ellos estarán tomando el sol en sus yates que compraron vendiendo tu cuerpo y te encontrarás muy sola”, apuntó.

Con su muerte, O’Connor deja atrás una vida donde enfrentó los amargos y violentos amagues que brinda la fama. Y también la crueldad de una sociedad que aún pretende negar sus pecados.

Pero, paradójicamente, su desaparición puso en primer plano el tema de sus luchas: la violencia sexual de la Iglesia Católica contra los niños. Es el grito de Sinéad a una sociedad sorda.

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 *Carlos Neira Freire es un periodista y escritor guayaquileño que integra la comunidad de loscronistas y que colabora en nuestro portal con artículos especializados en música y músicos. 

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