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Generación Z: la identidad líquida. Por Sebastián Vera

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Por Sebastián Vera*

Angie Parra se prueba varios atuendos y accesorios. Modela y construye  ̶ en su imagen ̶  un avatar, una representación. Entre las pausas de los flashes, no se detiene. Toma su celular. Retroalimenta y refuerza en sus redes sociales el momento experimentado, acaso vivido realmente. “Me muestro tal como soy”, me dice en una pausa mientras se observa al espejo, retocando su maquillaje, peinándose, modelando y posando.

Interactúa con su audiencia entre historias, secuencias narrativas donde ella es su propio sujeto de venta, un maniquí digital a merced de algoritmos, intimidad para el ojo público que crea algo parecido a una comunidad.

Angie tiene más de 81 mil seguidores en Instagram. “Luego de mi trabajo regular, esta es mi segunda fuente de ingresos más importante”, me explica, para luego añadir, “soy influencer: induzco a la gente en algo”. Solo Instagram tiene cerca del 34% de la población del Ecuador. ¿Qué hay más allá de lo que ya conocemos y experimentamos en redes sociales?

Para Byung-Chul Han, filósofo surcoreano, Angie sería uno de los ejemplos (como varios en el mundo, incluyendo nosotros mismos) de la sociedad del rendimiento, de la autoexplotación voluntaria. Y es que ¿existe alguna red social que no exija de nosotros interacción instantánea, retroalimentación continua sin descanso? Nuevas redes sociales a las tradicionales o más conocidas para la mayoría de personas (Facebook, Instagram, WhatsApp, Tik Tok, YouTube, Twitter), se abren camino entre la Generación Z –personas nacidas a finales de los años 90´s y comienzos de los 00´s– cumbre de la identidad líquida, los hijos de un mundo marcado por el cambio y la incertidumbre de lo efímero.

Aquellas aplicaciones que determinaron nuestras formas de ver y experimentar el mundo se enfrentan a nuevas propuestas bajo el mismo principio con el que fueron creadas: aceptación, complacencia, el estímulo de estar conectados permanentemente.

Realizando lives por Caffeine o Twitch, tomándose fotos para BeReal o Poparazzi, compartiendo aficiones como la lectura por Goodreads, dibujando el camino hacia una relación afectiva con Monet, conversando (literalmente solo a través de audios) en Clubhouse y hasta construyendo seguidores y comunidades de contenido explícito por Flirtback e IsMyGirl: las redes sociales para la Generación Z crecen en cantidad y gustos individualizados.

“El sentido del yo se ha transformado, se deconstruye permanentemente” opina Natalia Angulo, docente e investigadora de la cultura digital. La “Generación Silente”, como denomina Angulo a la Generación Z, “son personas cuya sociabilidad e interacción está atravesada, mediada, determinada por todo tipo de plataformas digitales, así como por el tipo de contenidos y los gestores de contenidos que se popularizan”. Las redes sociales son un “espacio de identidad mosaico, ondulante, distribuida, que se va alimentando sobre las percepciones externas de lo que somos como personas”, afirma Angulo.

Andrea Tufiño es, en sus propias palabras, “la comunicadora de Tik Tok”. Con sus cerca de 78 mil seguidores en la red social creada por ByteDance, Andrea forma parte de los jóvenes que crecieron “con la idea de que todo se adquiere súper rápido”. Para ella, lo más atractivo de las redes sociales es “la cantidad de contenido que tienes y este peligroso algoritmo de encontrar lo que buscas siempre”.

“Suena terrorífico, pero nos gusta”, añade. También reconoce que aunque las “redes tengan todo lo que uno necesita inmediatamente, la forma en la que se predispone este contenido es muy adictivo también”. Solo en Tik Tok, sus usuarios pasan 5% de su tiempo despiertos viendo videos de esta red social, cerca de 23.6 horas por mes. Para Andrea, “el algoritmo está hecho para que te sientas súper cómodo en redes, porque de lo contrario sería un fracaso”.

Sofía Montalvo forma parte del laboratorio de divulgación científica Comciencia PUCE, que cuenta con 65 mil seguidores en Instagram y cerca de 272 mil seguidores en Tik Tok. Sofía dice que “Instagram fue la que abrió la puerta a todo lo que hoy está de moda, como la fotografía y producciones audiovisuales”, y aunque en estos dos últimos años (debido a la pandemia del COVID-19 en particular) Tik Tok ha crecido rápidamente, “lo que busca son situaciones con las que la gente se pueda identificar, sin importar su lugar de procedencia”.

Instagram es la cuarta red social más utilizada en todo el mundo, pero Tik Tok lidera el ranking de aplicaciones descargadas a nivel mundial, superando a WhatsApp y Telegram que se encuentran en segundo lugar. Sofía cree que “las redes sociales te acostumbran a la inmediatez y su desaparición”, aunque asegura que “la Generación Z se moldea no según lo que las redes sociales les dictaminan, sino por lo que viven desde su propia intimidad”.

Tanto Andrea como Sofía concuerdan en que las redes sociales más utilizadas por la Generación Z son Instagram y Tik Tok. Mariana Alvear, docente de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central, afirma que esto se debe a la posibilidad de “compartir intereses y desarrollar lenguajes y códigos que les permiten entender la realidad desde las imágenes”.

La atracción generada por ambas redes viene dada por la “posibilidad de interacción sin fronteras, global, una sensación de infinito e inagotable”, pero su peligro reside en “no saber y no conocer con quién realmente se está interactuando: el engaño y la frustración son un impacto psicológico significativo al ser víctimas de relaciones «irreales»”.

Según Alvear, la identidad en lo virtual “construye realidades paralelas que en muchas ocasiones desdibuja o distorsiona las relaciones humanas reales, lo cual provoca una profundización de estados de depresión y ansiedad-obsesiva por lograr los cánones que inundan las redes sociales, así como estereotipos que funcionan tanto en lo virtual como en lo presencial”.

Mihaela-Ionela Badin, periodista y antropóloga residente en Cuenca, cree que, las redes sociales dependen del uso e importancia que individualmente les demos. Como seres humanos, tenemos una necesidad de interactuar y comunicarnos con los otros, sin embargo, aquello que proyectamos en redes sociales, sostiene Badin, “depende del autocontrol que tengamos”.

Joselyn Vega, psicóloga clínica especialista en psicosociología laboral, en base a su experiencia junto a pacientes de la Generación Z, sostiene que tanto atracción como peligrosidad en redes sociales vienen dados por un sistema de imágenes –lo que mostramos y consumimos– y recompensas –likes, comentarios, interacciones, seguidores– “porque vivimos en una sociedad donde debemos destacar”. La Generación Z es la “Generación del Video: primero fue la televisión, luego los videojuegos, va creciendo el mundo de la computación y el internet y es la imagen lo que marca el deseo y la atracción hacia ciertas redes sociales”.

El sociólogo y filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman caracterizó a nuestra sociedad –debido a las transformaciones en nuestra manera de relacionarnos a causa de la globalización y a la liberalización de la economía y la cultura– como una sociedad líquida: de conexiones humanas débiles debido a la vertiginosidad de los cambios que experimentamos día a día.

No está demás decir que era muy crítico con lo que a redes sociales respecta, pero reflexionó lo siguiente: “El diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar, porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara”, En base a esta reflexión, Andrea y Sofía sugirieron, en palabras de José Luis Brea, una futurotopia como respuesta.

Llamaremos a las futurotopías –microescenarios abstractos hipotéticamente situados en algún punto no fijable del futuro– de Andrea y Sofía como inteligencias no lineales. Para Andrea, la Generación Z –según sus usos y lo que les atrae en Instagram y Tik Tok–, está condenada “a un momento en el que controlen nuestra existencia”. Sin embargo, para evitarlo su solución radica en “educación en los activos digitales” junto a “inteligencia emocional e introspección”.

¿A qué se deben las reflexiones de Andrea? A que la Generación Z es “una generación que percibe más las cosas, el todo”. Sofía tiene confianza en “adaptar la información, adaptar los conocimientos” debido a que la Generación Z “puede crear contenidos que les permita verse reflejados” y con esto “buscar otros medios para el crecimiento personal”.

Aunque la imagen y los algoritmos controlen nuestros usos y consumos en redes sociales, la Generación Z tendrá la tarea, en su fluidez y volatilidad, de encontrar y preservar el equilibrio cuestionando a las mismas redes que les provocan tanto satisfacción como cansancio.

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