• January 17, 2026
  • Updated 10:23 pm
Tendencias
#Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez #Paula. Una historia de Ciana Ballesteros #¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón #«Abrazo de lodo». Una crónica de Natalia Dávila #Besitoterapia para un héroe (homenaje a Pedro Restrepo) #Réquiem por Martti Ahtisaari. Una crónica de Arturo Cabrera H. desde Australia #El nido vacío: saltar del escenario al palco. Crónica de Carmen Inés Merlo #Cuando aprendimos a morir: el año de la pandemia. Por Ronald G. Soria #Amanda y Tamia Villavicencio, herederas de la poesía de su padre. Por Rubén Darío Buitrón #Soy dama de compañía. Por Magaly Villacrés, desde España
Los Cronistas I Periodismo & Literatura Los Cronistas I Periodismo & LiteraturaLos Cronistas I Periodismo & Literatura
  • El Proyecto
    • Equipo
    • Estos somos loscronistas.net
    • Escribe en loscronistas.net
  • Temas
    • Crónica
    • Diversidad de Género
    • Opinión
    • Libros
    • Ensayo
    • Cine
    • Entrevista
    • Cuento
    • Perfil
    • Poesía
    • Novela
  • Radio online
    • La otra mirada
    • Loscronistas.net
  • Talleres
  • Concurso
    • De qué se trata el concurso
    • Bases del concurso nacional de crónica 2023
    • Ediciones
  • Servicios
    • Nuestros libros
    • Consultorías y asesorías
    • Tu marca aquí

El cisne negro. Un cuento de Viviana Garcés-Vargas

Regresar
Ingrese su texto y encuentre el resultado
Recent Posts
  • 114 Views
  • noviembre 30, 2025

No todas somos Shakira. Y no necesitamos serlo…

No todas somos Shakira…, y no necesitamos serlo. Por Marie-France Merlyn Psicóloga La figura de Shakira ha sido protagonista en las redes sociales durante las últimas semanas. La cantante irradia belleza, energía y una juventud espectacular. “Nadie diría —me comentó una amiga en tono inconfesable— que ya se acerca a los cincuenta”. Y, en efecto,

De la polarización a la espiritualidad
Opinión
  • 741 Views
  • noviembre 20, 2025

De la polarización a la espiritualidad

El pasado 27 de octubre, el mundo -literalmente, el mundo- empezó a hablar de una nueva propuesta musical de la cantante española más disruptiva de la historia reciente: Rosalía.


Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez
Crónica
  • 1134 Views
  • junio 23, 2024

Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez

Hay noches en que a pesar del sueño pareces estar en vigilia, como esperando, como sabiendo… Para mí esa noche no fue así. La madrugada iba entrando y el teléfono sonó a mi oído, no sé cuántas veces. Yo dormía, yo no entendía nada: “¡Mija, se murió su primo!”. Por María Augusta Pérez* Yo dormía,

Olvido. Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 1052 Views
  • junio 23, 2024

Olvido. Por Rubén Darío Buitrón

Cuando me lo contaba, mamá decía que me había encargado con Elisa, pero nunca entendí por qué confió en ella para que me cuidara. ¿En qué estaría pensando mamá? ¿En su descubrimiento de que su marido la traicionaba y que esa certeza la atravesaba el alma hasta la obsesión y el dolor más vivo? Por

Cuarenta años con psiquiatras. Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 1058 Views
  • junio 23, 2024

Cuarenta años con psiquiatras. Por Rubén Darío Buitrón

A los depresivos crónicos como yo quizás les ayude la idea de que nunca van a curarse del todo y que no existe nada mejor contra ese mal que asumir, sin eufemismos, que lo llevas como una sentencia a cadena perpetua. Por Rubén Darío Buitrón Es como si una potencia nuclear te atacara, sin previo

Si la muerte me hubiera tenido paciencia… Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 902 Views
  • junio 23, 2024

Si la muerte me hubiera tenido paciencia… Por Rubén Darío Buitrón

Tuve que resignarme a la atención médica privada luego de que las puertas de la salud pública, a la que tenía derecho, no se me abrieron en el momento en que mi vida se había puesto en riesgo por una grave enfermedad. Por Rubén Darío Buitrón Era absurdo pedirle a la muerte que tuviera paciencia

«El problema final». Miniensayo de Rubén Darío Buitrón sobre la novela de Pérez-Reverte
Novela
  • 1106 Views
  • mayo 26, 2024

«El problema final». Miniensayo de Rubén Darío Buitrón sobre la novela de Pérez-Reverte

Por Rubén Darío Buitrón* La reciente novela «El problema final«, de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 1951), publicada por editorial Alfaguara en septiembre de 2023, tiene un sabor de algunas maneras distinto al de las 34 novelas anteriores. Si bien algunas de ellas abordan aspectos de la vida desde la trama policial e investigativa, esta nueva

Paula. Una historia de Ciana Ballesteros
Crónica
  • 1509 Views
  • mayo 26, 2024

Paula. Una historia de Ciana Ballesteros

Por Ciana Ballesteros* Paula es una mujer de 37 años. La conocí en febrero de 2019. Es una exitosa profesional en Contabilidad y Auditoría, recta, tenaz en lograr sus metas y alcanzar en corto tiempo grandes trabajos. Nos presentaron en el matrimonio eclesiástico de mi sobrino Horacio con su novia Anita. Paula es la hermana

¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón
Crónica
  • 1660 Views
  • mayo 12, 2024

¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón

Por Rubén Darío Buitrón* El show de la poeta Elvira Sastre en Quito convocó a más de 400 personas, pero, como dijo alguna vez el escritor español Arturo Pérez Reverte, su espectáculo es más fuegos artificiales que poesía. Fue inevitable. Ver a Elvira Sastre sobre las tablas del escenario de la Cámara de Comercio de

Maratones de series (historia imaginaria). Por Guillermo Gomezjurado
Historia
  • 910 Views
  • mayo 12, 2024

Maratones de series (historia imaginaria). Por Guillermo Gomezjurado

MARATONES DE SERIES Por Guillermo Gomezjurado* Desde un principio me advirtió que no veía series y que solo pagaba Netflix porque las paredes eran delgadas y mis visitas -ruidosas- podían provocar molestias a los vecinos. Ponía cualquier cosa en la tele y subía alto, muy alto el volumen. Con este ambiente sonoro –compuesto por una

El cisne negro. Un cuento de Viviana Garcés-Vargas
Cuento
  • 1630 Views
  • agosto 10, 2022
  • Cuento

La autora nos propone un cuento donde la sutileza es el eje central de la historia, donde nada es lo que parece y todo puede terminar de manera aparentemente inverosímil, pero brutal.

Por Viviana Garcés-Vargas

Pensé que era una aventura y en realidad era la vida.
Joseph Conrad

Eduardo Orrala era un cisne negro. De cuerpo tostado, boca roja y ojos color avellana. Cuello largo y majestuoso. Un animal volador de camisas hawaianas semiabiertas que mostraban su pecho lleno de plumas, collares de perlas,
pantalonetas multicolores y zapatillas Reef. El joven de 20 años aterrizó en aguas turbulentas para convertirme en su más fiel devota e instruirme en el perenne deseo.

Entrenaba a diario en la piscina semiolímpica de 50 metros del Parque Forestal, en el Centro Cívico, en la avenida Quito entre las calles Guaranda, Venezuela y El Oro. Aquella pileta se perfiló en el mundial de natación en 1982 como uno de las zonas más desarrolladas y verdes de Guayaquil. Hoy es el estanque era de olor fétido, piso cubierto de polvo, hojas secas y puertas de acceso oxidadas en donde los marihuaneros podían saltar en libertad absoluta.

La alberca de azulejos cubiertos de moho cobijaba a Eduardo que nadaba de manera grácil, bosquejando sonrisas cada vez que sumergía su cabeza en ese fluido turbio, un ángel que daba brazadas elegantes y encandilaba a hombres y mujeres por igual.

Cuando Eduardo llegó a mi vida aterrizó volando desde aguas peninsulares. La comuna Dos Mangas lo había entrenado desde niño a zambullirse entre riachuelos y piscinas naturales, decorando sus muñecas y tobillos con pulseras de tagua, a brincar en la vida de la gente como un mono aullador.

Edú se acercó a mí al observar cómo el uniforme franciscano con el que concurría a diario luego del colegio a ejercitarme, falda concho vino y blusa caqui ahorcaba mi cuerpo menudo, esa materia que sería manipulada como arcilla por sus manos enormes estremeciéndome en hambre carnal, fregándome por los demás en ansias. Se aproximó en forma de amigo, novio, amante y vecino, todo para convertirme en su esclava; arrancarme el velo de la decencia y gritarle de rodillas: Hágase en mí, Eduardo, tu palabra.

El cisne negro buscaba un lugar donde instalarse mientras se preparaba para los XIX Juegos Bolivarianos que se desarrollarían en Valledupar, Colombia, junio de 2022. Sería su primera competencia representando a la provincia de Santa Elena, personificando a la figura mítica, al querubín de Satán que incendiaría corazones, empezando por
el mío.

Decidí hablar con mis padres y otorgarle alojamiento a Edú en el dormitorio extra que la familia tenía en el departamento en el que vivíamos, ubicado en Nueve de Octubre y Escobedo. Era una sección decorada con lienzos rasgados de «La última cena” y “Perros jugando póker “, un gran rosario de madera en medio de la sala perteneciente al féretro de la abuela, muebles con forros transparentes que chirriaban al sentarse, vitrinas con adornos matrimoniales y un atrio de santitos de yeso para invocar a un hogar conservador que en las fiestas religiosas se inundaba de ron maternal y eunucos que complacían a papá y a Edú, bailando música tropical atrás de Almacenes Tía, en Chimborazo y Luque.

La mudanza del cisne negro significó para mí, la transformación de un nuevo tipo de mujer, la chica emancipada y lista, la adolescente que empezaba a repartir amor, esa María de ojos caídos que logró retirarse la túnica mancillada de sangre cuando Eduardo decidió purificar su cuerpo sobre el mío una noche de miércoles de ceniza, a un lado de las taquillas del Parque Forestal.

Eduardo logró armar su nido en casa a punta de libros de Cuauhtémoc Sánchez, Paulo Coelho, Deepak Chopra y Tonny Robbins. Cds piratas de merengue, reggaeton, salsa choque, una vasta colección de Pornhub, un dormitorio de paredes tricolor, rosa, azul y morado, con la frase pintada en manuscrito que él patentó en su vida: ¡Qué aburrido es el amor monogámico!

Entrenábamos a diario evadiendo ramas, juncos y hierbas, practicando estilos para aumentar la velocidad. Edú siendo una mariposa, impulsando el torso hacia adelante, acompañado de un movimiento ondulante de caderas, buscando que fuera su rana, flotando boca abajo con los brazos apuntando al frente y las piernas levemente flexionadas en el agua opaca para rozar su falo y afianzar nuestro flirteo, mientras en los descansos él graznaba a otras competidoras para que lo poseyeran y se lo introdujeran por las piernas. Entre camerinos con pintura agrietada y la selva de monte crecido alrededor del estanque empezábamos a apetecer nuestros cuerpos y nuestros fluidos.

Hombres y mujeres se arrancaban los bañadores y dejaban que se escurrieran por medio de las escaleras cuarteadas para flotar entre el cloro danzando pegados, organizando bacanales, huyendo de la exclusividad, demostrando que el
cisne negro apareció en esa piscina semiabandonada por el Estado para sanear la vida de los nadadores.

Eduardo se transformó en mi pareja principal, en el tutor de autodescubrimiento con delineador negro en los ojos. Él me extirpó de esa cueva en el cual solo se podía escuchar las letanías para purgar las faltas que cometíamos y empezar a compartir una vida o al menos extractos de ella con tres o más personas bajo un contrato en donde se estipularía evitar la intimidad vacía de sentido. De igual manera, para involucrarse sexualmente con otra persona debía existir aprobación previa del otro.

Las relaciones secundarias se basaban en la repartición de amor constante. Edú tenía su séquito de hombres y mujeres que se dividían el colchón aporreado que reposaba en el suelo de su habitación. En el parque acuático él se turnaba en las resbaladeras para besar la carne del día, en tanto yo me convertía en un pelícano capaz de perforarse el pecho derramando sangre para alimentar a mi cortejo.

En casa, papá y mamá convivían entre las apariencias que la religión les había obsequiado. Era jueves santo, el día de la visita a las siete iglesias, recordando el acompañamiento a Jesús en cada uno de sus recorridos desde la noche de su captura hasta su resurrección, sin imaginar que Poncio Pilatos se lavaría las manos en mi propia casa.

Nos vimos obligados a recorrer en medio del intenso sol de invierno los templos céntricos: Santuario de María Auxiliadora, Iglesia de San José, San Alejo, la Catedral Metropolitana, San Francisco y la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Merced.

Papá y Edú se fueron escabullendo entre el tumulto de gente hasta desaparecer de la séptima iglesia. Los buscamos sin tregua, intentando concentrarnos en las penurias, mamá pidiendo redención con olor a ron San Miguel, decidimos regresar al departamento para despejar dudas.

Llegamos a casa. Tocamos el timbre varias ocasiones para comprobar si Eduardo y papá se encontraban allí. Mamá sacó el llavero, abrió en completo silencio la puerta de pino y fuimos en puntillas hasta la habitación principal. Edú tenía una corona de espinas en la cabeza y papá intentaba introducirle una cruz en el trasero.

El cisne negro fue estrangulado.

________________________________

*Viviana Garcés-Vargas (Salinas, 1986), es escritora y periodista. Ha publicado su primer libro de cuentos, «La última pasión” (2021), que ya lleva su segunda edición, y tiene otro libro en preparación. Es integrante de la mesa de redacción de loscronistas.net

Post Anteriores El retorno de la loba alfa. Una crónica de Víctor Vizuete
Nuevos Post Crónica de un viaje a La Habana. Por Fernando Bonilla

Comments (3)

  1. Ericka Nieto

    10 Ago 2022

    ¿Se considera el cuento algún tipo de categoría específica? El humor que maneja es especial pero no lo logro definir.
    Lo disfruté mucho y me intriga saber más.

  2. Jorge Xavier Argüello Loor

    11 Ago 2022

    Un cuento que te hace despertar la curiosidad para definir poliamor y/o relación abierta.. «¡Qué aburrido es el amor monogámico!» Me encantó, concuerdo y sé que me expongo al hate pero ya es cuestión de cada quien

    Un gran cuento VGV , ya Quiero leer más

    • Los Cronistas

      11 Ago 2022

      Muchas gracias por escribirnos, Jorge. En breve te responderá la autora del cuento, Viviana Garcés-Vargas. En cuanto al «hate», no te preocupes. Todos estamos expuestos, pero nosotros lo consideramos parte del oficio.

      Abrazos,

      Rubén Darío Buitrón
      Director
      loscronistas.net

Comments are closed.

Los Cronistas 2026 I Todos los derechos reservados I Desarrollado por Sabana Kreativos