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«Alicia, mi querida paciente», una crónica de Renato Erazo Estrella

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Una historia sorprendente. Un médico cuenta cómo recibió a su paciente, una niña al borde la muerte, y cómo fue tratándola para recuperarla y para que se integrara a una vida moral y cotidiana que antes no conocía.

Por Renato Erazo Estrella*

En una noche de domingo de 1990 recibí una llamada desde la casa de mis padres en donde tenía mi consultorio. Esperaban allí una pareja con una niña en brazos quienes necesitaban ser atendidos.

Al llegar a mi consultorio encontré a una desconcertada pareja, él cargando a la niña y ella apoyada en el hombro de su esposo. La niña, Alicia, delgada en extremo, en un grado II de desnutrición, con signos de deshidratación, sus extremidades superiores e inferiores flexionadas y con evidentes señales de una hemiplejía, disminución del estado de conciencia, sus ojos abiertos y vivaces que comunicaban angustia, eran el único canal de contacto conmigo, la boca mantenía abierta, con extrema resequedad en las mucosas.

Indiqué a los padres la necesidad de que Alicia fuera hospitalizada inmediatamente, pero ellos me dijeron que estuvo internada hasta el día anterior y que solicitaron el alta porque tenían los pasajes para viajar con Alicia el día siguiente a Quito al Hospital Vozandes para ser valorada y tratada.

Le administré un suero con los electrolitos adecuados para lograr, al menos, rehidratarle y estabilizar un poco su estado general hasta su viaje.

Mientras le aplicaba el suero interrogo a los padres: ¿qué ocurrió?, ¿cómo fue posible que Alicia hubiera llegado a semejante estado de salud? Entonces comienza el relato de los padres; tiene ya 11 años y nos sugirieron que bajo hipnosis podíamos lograr que deje de morderse las uñas; en efecto, dejó de morderse, pero pocos días después perdió el habla y dejó de caminar, fue hospitalizada y le diagnosticaron encefalitis viral.

Se produjo en Alicia una supresión que consiste en la eliminación de síntomas sin que se dé una real curación de la causa profunda de su onicofagia. Eso generó lo que en homeopatía conocemos como metástasis mórbida, que consiste en que si un síntoma no ha sido curado, la patología puede trasladarse a zonas más profundas, afectando su vitalidad.

En mi consultorio, de rato en rato emitía gritos lastimeros que parecían quejidos de dolor o de protesta. Su madre me decía que quería helado. Alicia vuelve a gritar.

¿Cómo llegaron a mi consultorio? Una enfermera, al salir del hospital, me dio su dirección y me dijo que antes de viajar consultara a un homeópata. Observé en Alicia su posición contracturada, sus gritos lastimeros, su piel fría y el antecedente de una encefalitis con las consiguientes secuelas.

Surgió con evidente claridad un medicamento precioso, ápis mellífica, que es una preparación homeopática del veneno de las abejas, medicamento que en la experimentación homeopática o patogenésica debía ayudar a resolver el cuadro de encefalitis. Confiaba en las virtudes del medicamento homeopático, pero la vitalidad tan deteriorada de la niña me generaba dudas. Mediqué a Alicia bajo la advertencia que cuidado cometan el error de no llevarle al día siguiente al Hospital Vozandes en Quito, donde tenían ya reservada una cita.

El martes en la mañana llegaron el padre y Alicia a mi consultorio. Me sorprendí y pensé que habían cometido la irresponsabilidad de no llevarle a Quito. Me cuenta que viajaron y regresaron ese mismo día en el vuelo de la noche. Fue evaluada en el Vozandes y le negaron la hospitalización porque en el estado de salud de la pequeña el riesgo de una infección nosocomial era alto y podía ser letal para la niña, es decir que iba a estar mejor cuidada en su casa, aunque sin mayor esperanza de recuperación. Contraer infección intrahospitalaria en realidad era un peligro, los médicos que evaluaron a Alicia tenían completa razón.

Regresaron desilusionados porque un pronóstico similar fue el que le dieron en el HVCM de Cuenca.

Quise evaluar la respuesta mental de Alicia y dije «cuidado, no le darán helado». En seguida Alicia movió su cabeza, buscándome con la mirada y volvió a emitir el grito lastimero. Pedí al padre no abandonar el tratamiento homeopático.

El proceso de rehabilitación física y la recuperación mental de la niña fue, sin duda, una actitud de entrega amorosa por parte de sus padres, más la colaboración y profesionalidad del personal de Servicio Social del Hospital Vicente Corral Moscoso. Fisioterapeutas y Terapistas de Lenguaje de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca complementaron para Alicia el milagro de amor de su curación definitiva y temprana.

Su onicofagia retornó y era importante que regresara para ser tratada sin suprimir su manía, sino encontrando el medicamento adecuado para tratar la causa profunda de su conflicto, que resultó ser una severa falta de autoconfianza.

Pocos meses después, Alicia entraba a su etapa de pubertad, es ahí cuando receté silicea terra, el medicamento que cubría de mejor manera sus síntomas y con una dilución 1000 CH de silicea superó, tiempo después, su deseo de morderse las uñas. ¿Contribuyó para que se fuera la onicofagia el hecho de la vanidad propia de una adolescente de 13 años? Quizás. Lo importante es que se curó el problema, a diferencia de la violenta supresión que se dio dos años atrás con un método aparentemente inocuo, la hipnosis.

Luego de ocho años llegó a mi consultorio una señorita hermosa, pálida y muy delgada, acompañada por su madre y una prima. Imposible no reconocer tras de su mirada a Alicia.

-Nos pidió verle a usted porque dice que quiere agradecerle y reclamarle algo.

Habló Alicia: Malo -me dijo-, me saca la lengua y se ríe graciosamente,.

-¿Por qué?-, le pregunto.

-Porque no me quiso dar helado. Reímos a gusto los cuatro.

-Siempre se acuerda de usted, doctor -dice la madre-. Ahora quiere mostrarle lo mucho que le agradece y cuánto le quiere. Alicia se levantó del asiento y se acercó a mí y me dio el abrazo más cargado de ternura que he recibido. Salimos del consultorio y Alicia recibió después de ocho años el helado que me había reclamado y yo obtuve una vez más la satisfacción de haber conocido la homeopatía.

Alicia reside en España, desde hace ya algunos años. Formó su hogar y tiene su familia. Mi querida paciente.

___________________________________

*Renato Erazo Estrella, médico homeópata cuencano. Esta es su primera colaboración para el portal loscronistas.net

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Comments (4)

  1. Mario Pazmiño

    28 Ene 2022

    Esas vivencias médicas, son las que que proporcionan satisfacciones invaluables ,fortaleciendo la homeopatía. Gracias doctor Renato

    • Los Cronistas

      28 Ene 2022

      Muchas gracias por su comentario. Esto nos estimula y motiva a seguir.

      Saludos fraternos,

      Rubén Darío Buitrón
      DIRECTOR

  2. Jorge Velez

    27 Feb 2022

    Tal vez tenga mucha dificultad para reconocer los términos médicos, que Cira el Dr. Erazo, pero si estoy en capacidad de reconocer, la altísima carga humana, conjugada con valores de gratitud, alegria y fe, que se da, en este hermosa realato.

    • Los Cronistas

      27 Feb 2022

      Muchísimas gracias por su comentario, Jorge. Lo haremos saber al Dr. Erazo. Gracias por leernos.

      Saludos afectuosos,

      Rubén Darío Buitrón
      Director
      loscronistas.net

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