• January 16, 2026
  • Updated 10:23 pm
Tendencias
#Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez #Paula. Una historia de Ciana Ballesteros #¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón #«Abrazo de lodo». Una crónica de Natalia Dávila #Besitoterapia para un héroe (homenaje a Pedro Restrepo) #Réquiem por Martti Ahtisaari. Una crónica de Arturo Cabrera H. desde Australia #El nido vacío: saltar del escenario al palco. Crónica de Carmen Inés Merlo #Cuando aprendimos a morir: el año de la pandemia. Por Ronald G. Soria #Amanda y Tamia Villavicencio, herederas de la poesía de su padre. Por Rubén Darío Buitrón #Soy dama de compañía. Por Magaly Villacrés, desde España
Los Cronistas I Periodismo & Literatura Los Cronistas I Periodismo & LiteraturaLos Cronistas I Periodismo & Literatura
  • El Proyecto
    • Equipo
    • Estos somos loscronistas.net
    • Escribe en loscronistas.net
  • Temas
    • Crónica
    • Diversidad de Género
    • Opinión
    • Libros
    • Ensayo
    • Cine
    • Entrevista
    • Cuento
    • Perfil
    • Poesía
    • Novela
  • Radio online
    • La otra mirada
    • Loscronistas.net
  • Talleres
  • Concurso
    • De qué se trata el concurso
    • Bases del concurso nacional de crónica 2023
    • Ediciones
  • Servicios
    • Nuestros libros
    • Consultorías y asesorías
    • Tu marca aquí

«Crónica para jaibas y cangrejos»: Guayaquil, un cuento vuelto a contar

Regresar
Ingrese su texto y encuentre el resultado
Recent Posts
  • 110 Views
  • noviembre 30, 2025

No todas somos Shakira. Y no necesitamos serlo…

No todas somos Shakira…, y no necesitamos serlo. Por Marie-France Merlyn Psicóloga La figura de Shakira ha sido protagonista en las redes sociales durante las últimas semanas. La cantante irradia belleza, energía y una juventud espectacular. “Nadie diría —me comentó una amiga en tono inconfesable— que ya se acerca a los cincuenta”. Y, en efecto,

De la polarización a la espiritualidad
Opinión
  • 737 Views
  • noviembre 20, 2025

De la polarización a la espiritualidad

El pasado 27 de octubre, el mundo -literalmente, el mundo- empezó a hablar de una nueva propuesta musical de la cantante española más disruptiva de la historia reciente: Rosalía.


Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez
Crónica
  • 1133 Views
  • junio 23, 2024

Un dolor imposible. Por María Augusta Pérez

Hay noches en que a pesar del sueño pareces estar en vigilia, como esperando, como sabiendo… Para mí esa noche no fue así. La madrugada iba entrando y el teléfono sonó a mi oído, no sé cuántas veces. Yo dormía, yo no entendía nada: “¡Mija, se murió su primo!”. Por María Augusta Pérez* Yo dormía,

Olvido. Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 1050 Views
  • junio 23, 2024

Olvido. Por Rubén Darío Buitrón

Cuando me lo contaba, mamá decía que me había encargado con Elisa, pero nunca entendí por qué confió en ella para que me cuidara. ¿En qué estaría pensando mamá? ¿En su descubrimiento de que su marido la traicionaba y que esa certeza la atravesaba el alma hasta la obsesión y el dolor más vivo? Por

Cuarenta años con psiquiatras. Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 1057 Views
  • junio 23, 2024

Cuarenta años con psiquiatras. Por Rubén Darío Buitrón

A los depresivos crónicos como yo quizás les ayude la idea de que nunca van a curarse del todo y que no existe nada mejor contra ese mal que asumir, sin eufemismos, que lo llevas como una sentencia a cadena perpetua. Por Rubén Darío Buitrón Es como si una potencia nuclear te atacara, sin previo

Si la muerte me hubiera tenido paciencia… Por Rubén Darío Buitrón
Crónica personal
  • 900 Views
  • junio 23, 2024

Si la muerte me hubiera tenido paciencia… Por Rubén Darío Buitrón

Tuve que resignarme a la atención médica privada luego de que las puertas de la salud pública, a la que tenía derecho, no se me abrieron en el momento en que mi vida se había puesto en riesgo por una grave enfermedad. Por Rubén Darío Buitrón Era absurdo pedirle a la muerte que tuviera paciencia

«El problema final». Miniensayo de Rubén Darío Buitrón sobre la novela de Pérez-Reverte
Novela
  • 1105 Views
  • mayo 26, 2024

«El problema final». Miniensayo de Rubén Darío Buitrón sobre la novela de Pérez-Reverte

Por Rubén Darío Buitrón* La reciente novela «El problema final«, de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 1951), publicada por editorial Alfaguara en septiembre de 2023, tiene un sabor de algunas maneras distinto al de las 34 novelas anteriores. Si bien algunas de ellas abordan aspectos de la vida desde la trama policial e investigativa, esta nueva

Paula. Una historia de Ciana Ballesteros
Crónica
  • 1507 Views
  • mayo 26, 2024

Paula. Una historia de Ciana Ballesteros

Por Ciana Ballesteros* Paula es una mujer de 37 años. La conocí en febrero de 2019. Es una exitosa profesional en Contabilidad y Auditoría, recta, tenaz en lograr sus metas y alcanzar en corto tiempo grandes trabajos. Nos presentaron en el matrimonio eclesiástico de mi sobrino Horacio con su novia Anita. Paula es la hermana

¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón
Crónica
  • 1657 Views
  • mayo 12, 2024

¡Auxilio, Bukowski. Ahí viene Elvira! Crónica de Rubén Darío Buitrón

Por Rubén Darío Buitrón* El show de la poeta Elvira Sastre en Quito convocó a más de 400 personas, pero, como dijo alguna vez el escritor español Arturo Pérez Reverte, su espectáculo es más fuegos artificiales que poesía. Fue inevitable. Ver a Elvira Sastre sobre las tablas del escenario de la Cámara de Comercio de

Maratones de series (historia imaginaria). Por Guillermo Gomezjurado
Historia
  • 909 Views
  • mayo 12, 2024

Maratones de series (historia imaginaria). Por Guillermo Gomezjurado

MARATONES DE SERIES Por Guillermo Gomezjurado* Desde un principio me advirtió que no veía series y que solo pagaba Netflix porque las paredes eran delgadas y mis visitas -ruidosas- podían provocar molestias a los vecinos. Ponía cualquier cosa en la tele y subía alto, muy alto el volumen. Con este ambiente sonoro –compuesto por una

«Crónica para jaibas y cangrejos»: Guayaquil, un cuento vuelto a contar
Crónica
  • 1600 Views
  • noviembre 22, 2021
  • Crónica

Para Dalton Osorno ser un loco lengua suelta debe ser algo así como que Funes el memorioso contemplara un día Guayaquil y no pudiera —realmente no podría— olvidar la geometría más mínima de una esquina o el estertor rojo de un cangrejo

 

Por Christian Espinoza Parra*

 

Siempre he creído que es propio solo de un loco contumaz contar —tratar de contar

una ciudad. Por supuesto, en esa categoría del delirio, pueden encontrarse locos

benignos como Eliécer Cárdenas o Jorge Velasco Mackenzie, o neuróticos como

Javier Vásconez, o lenguas sueltas como Dalton Osorno. Nada de lo dicho es un

insulto ni mucho menos, pues se trata del temple del autor desde donde la historia de

una ciudad y sus hombres y sus mujeres se reescribe, a sangre y fuego, a través de la

literatura; la única forma posible que hace que la Historia con mayúscula (ese patio

de juegos de los caudillos de turno) tome conciencia de sí misma y arroje

una luz, por lo menos, afuera de nuestra ventana oscura.

 

Para Dalton ser un loco lengua suelta debe ser algo así como que Funes el

memorioso contemplara un día Guayaquil y no pudiera —realmente no podría—

olvidar la geometría más mínima de una esquina o el estertor rojo de un cangrejo;

hacerlo sería mudar de piel a la ciudad o, más bien, como mudarla de pasiones y de

vicios, porque a la larga resulta igual a una víbora hambrienta que cambia tantas

veces de piel como quiere, pero mantiene la exacta medida de muerte en su veneno.

Lo que quiero decir es que un loco lengua suelta no carga solo con la cruz

de su secreto, sino con la de todos los secretos de las esquinas rotas y los rincones

negros que componen una ciudad, o sea, con los rastros extraviados de la cara que

Guayaquil no tuvo nunca.

 

En su novela Crónica para jaibas y cangrejos (2020), Dalton hace más real al

Guayaquil soñado que al Guayaquil «cierto». Uno de sus personajes, el cronista joven,

que se ha dado al oficio deconstruir la ciudad-puerto con la ayuda de su mentor, el

cronista viejo, escribe: «En esta vida no somos lo que somos sino lo que imaginamos

ser». Los ecos que nos quedan del amar y morir por cualquier delirio al que

entregamos sin reticencias la vida.

 

En ese ejercicio de desdoblamiento (ser lo que nunca seremos), Dalton, el autor, se

transubstancia en el cronista joven, autor del otro Guayaquil, quien a su vez solo

puede cumplir su oficio irremediable a través de las «palabras transparentes» de

Ambrosina de Amay, la pequeña burguesa devenida en puta, quien a su vez, para

verbalizar los fragmentos del relato irreconciliable de una ciudad rota, inscribe su

propio cuerpo entre las «entrañas de manglar, conchas, jaibas y cangrejos» de

Guayaquil.

 

Los países, las ciudades, no las hacen sus héroes sino sus parias, pero como esa

historia puta cubre de vergüenza los linajes y los crucifijos, se la reemplaza por otra

donde el barro apenas llegue a las rodillas; se olvidan —nos olvidamos— que los

silencios sin respuesta aparente quedan siempre resonando en la superficie de las

«buenas costumbres».

 

Sea como sea, en el libro, las putas han hecho de la certeza una mala palabra, cuando

por su boca dicen que es en las calles en donde se ama y mata, mientras en el

laberinto mudo de la ciudad escondemos las manos y los rostros. Que la madrugada

en una ciudad empieza virando la esquina de cualquier calle.

 

Y ya que el autor-cronista sabe que hablar de un tabú es aprender a padecer algo que

no sabíamos cómo, en la primera página de su novela advierte al lector con una frase

de Ítalo Calvino: «Estás a punto de empezar a leer. Aleja de ti cualquier otra idea.

Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. Adopta la postura más

cómoda. Regula la luz de modo que no te fatigue la vista. Haz que la página no quede

en sombra». En ese Introito, el autor-cronista no le pide nada al lector, le advierte que

solamente en los delirios imposibles existe una forma de la verdad, aunque, al pasar

por la palabra, ese delirio sea apenas un cuento vuelto a contar.

 

De hecho, la novela hace visible el artificio, en el mejor sentido de la palabra, de

nuestro loco contumaz; su lenguaje hecho con una argamasa en donde caben todos

sus excesos: la poesía en frases como «la luz del cirio se desvanecía y afloraba hasta

el relámpago»; la jerga guayaca; términos anacrónicos como «hurgamandera» o

«greguescos»; y referencias cultas y populares sobre personajes y hechos históricos

como la vida putesca de Julio Jaramillo y el incendio del Diablo Rojo, en donde queda

claro que no importa donde termina la realidad y empieza la ficción, porque la única

verdad posible quizá se encuentra en la escritura dolorida y gozosa, que un día

rescata de la sombra a ese Guayaquil que cada tanto se incendia casi por completo,

que acaba por volver para siempre cierto su relato imposible.

___________________________________

*Christian Espinoza Parra (Cuenca, 1996). Comunicador, asesor de proyectos académicos y
narrativos y crítico de cine del diario digital Nuevo Tiempo, en la sección Eriales perdidos. Es
codirector de la mesa central de loscronistas.net y presentador del programa dominical de
streaming por SRRadio, en el que aparecen los mejores escritores del país.

**Imagen nocturna de Almacenes E. Maulme. Ubicado en las calles Pedro Carbo y Víctor Manuel
Rendón (sin fechar).

Post Anteriores El cuchillo de mamá
Nuevos Post Alexis Cuzme: Mi ciudad es un retrato alucinado

Los Cronistas 2026 I Todos los derechos reservados I Desarrollado por Sabana Kreativos