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Los Testigos de Jehová, una cárcel sin rejas

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Un joven, inteligente y suspicaz, lucha contra sus padres y los «ancianos» de la secta a la que pertenece cuando siente aprisionada su vida por su militancia religiosa en los Testigos de Jehová, quienes, según los dogmas del fanatismo, tratan de controlar sus afectos, sus amores y sus sueños profesionales.

Por Sara Acosta*

GUAYAQUIL.- Los espacios y temporadas son testigos cotidianos de proyectos, promesas, sueños y rupturas. Así es para Marcelo García Tomalá la mañana del 28 de enero de 2021, con el río Guayas como testigo.

Suspira. Es un día especial: hoy abandona a la secta de los Testigos de Jehová, con todos los pesos que esto implica. Lo expresa sin ningún temor a las represalias y a los castigos por indisciplina que imponen las normas del grupo.

Sonríe y vuelve a suspirar con un gesto de paz y libertad. Dice sentirse bien el dejar esas cargas innecesarias. Pesos que imponen como piedras otros que se erigen dueños de una verdad.

Ha pasado más de la mitad de su ciclo de vida con los Testigos de Jehová desde los 10 años. Ahora tiene 25 y esta mañana aprovecha para cerrar un capítulo de su vida.

Luce terno azul y corbata rosada, vestimenta que usaba para asistir a las reuniones de congregación de los Testigos de Jehová. Este detalle es significativo para formalizar un cierre.  En su primer trabajo, a los 17 años, compra su primer terno, seguro y orgulloso de su esfuerzo, y lucirlo en un lugar especial en esa etapa para Marcelo es simbólico.

Congregación es el nombre que asignan los Testigos de Jehová a sus lugares de culto o reunión.  Los Testigos se empeñan en diferenciarse de otras religiones cristianas y dicen ellos tener la verdad. Las otras religiones son falsas o las apodan la Gran Babilonia.

Los testigos de Jehová tocan las puertas de las casas y transmiten el mensaje de que se acerca el Armagedón, convencidos que es su misión salvar a las personas de esta guerra para que no sean destruidos.

Según su creencia son los últimos días y se aproxima la batalla final entre Dios y los gobiernos humanos. En los últimos años colocan un atril rodante con su literatura y se los ve en parques, plazas o esquinas de las calles, parques y plazas más concurridas de las grandes ciudades. Ahora, por la pandemia, realizan sus reuniones vía zoom y la prédica por medio de cartas a correos electrónicos o direcciones de domicilios.

El nuevo escenario les trae algunas pérdidas de adeptos y otros optan por abandonar.

Muchos Testigos deben pensar cómo salirse. No es fácil: si lo hacen de manera formal con carta de renuncia se exponen a ser expulsados y eso significa que sus amigos y su familia de la misma religión del grupo dejen de hablarle y cortan vínculos. Cómo imaginar la prédica de Jesús que proclama el amor y el perdón, mientras un grupo llamado cristiano impone el ostracismo.

A Marcelo y a su familia los adoctrinó una vecina en 2005 con estudios bíblicos, primero a su madre y luego a él y a sus hermanos. Marcelo recuerda y alza las cejas. El primer libro que estudia es el de Historias bíblicas y luego vienen muchos más.

Así comienza el reclutamiento, como en un ejército, en este ejército donde los jefes se llaman ancianos, quienes vienen a ser como pastores o sacerdotes. Ellos regulan la vida social y personal de la feligresía.

Se queda pensativo un rato y dice haber leído en otras experiencias que los Testigos de Jehová captan a las personas en momentos de vulnerabilidad. Mira hacia arriba, como reflexionando, y continúa. No había caído en cuenta de ese detalle y se interroga: ¿cuál era el momento de vulnerabilidad en su vida en ese momento? No lo identifica.

La relación entre Marcelo y su padre no fue fluida, más bien un poco complicada, y talvez eso influyó. Estos vínculos un poco complejos con los padres son situaciones de vulnerabilidad para los adolescentes.

Además -dice alzándose de hombros con el terno azul desabotonado-, la esperanza de una vida mejor, una vida eterna en el paraíso, mensaje que lo publica día y noche este grupo en su tradicional revista Atalaya y libros que dejan en la prédica de casa en casa.

“Aunque era pelado”, dice, me fijaba en esos detalles. Mi hermano menor nació en 2005 y quizás eso influyó para que madre viera la oportunidad de criar hijos en una organización que parecía segura y que hablara de Dios. Al ver que los hijos se involucran y se adhieren cada día, su madre es feliz.

Marcelo muestra una sonrisa diáfana y posa su mirada sobre el cielo un poco nublado, como si las nubes estuvieran para recibir sus palabras. Tiene grabada la portada de la primera revista Atalaya que tuvo entre sus manos, con fecha del 15 de agosto de 2005. Esa revista resalta como tema principal la muerte y la resurrección. Recuerda que el color de la hoja principal era marrón, como hojas de otoño.

A esa reunion asistió con pantalón largo y camisa roja -no era su ropa usual-, pero el grupo adiestra a su feligresía que debe ir vestida con ropa formal, terno y corbata, a pesar de que para un niño de 10 años no es cómodo vestir así.

Desde aquella reunión no para de asistir con la familia.

Los recuerdos, anécdotas y vivencias dentro del grupo fueron aflorando y uno de estos es cuando entrena en un equipo de fútbol de la ciudad a los ocho años. Le gustaba mucho y su padre era apasionado por ese deporte. Luego enfatiza un detalle que podría parecer irrelevante, pero que marca esa etapa de su vida.

La señora que los guía en el estudio bíblico le dice a su madre que no le permitiera seguir entrenando porque asegura que “la organización de Jehová” no recomienda la competencia, según un texto bíblico.  Se inician así las primeras cadenas para un chico preadolescente que busca en el deporte una actividad física sana y placentera.

Marcelo, pequeñito, no tiene talla de atleta, pero le gusta entrenar. El padre, aunque no está involucrado en la doctrina, se deja llevar por lo que decía su esposa y no lo lleva más. Dice: “Lo acepté, era un pibe”. Deja de ir al entrenamiento en la escuela, pese a que le iba bien y a que era una actividad importante para los niños, especialmente para chicos de modesta economía como la familia de Marcelo, que reside en una zona donde hay escasas actividades recreativas para niños y adolescentes.

Una mañana de domingo lee el diario El Universo en la sección Deportes y ve las fotos de sus compañeros de la categoría sub 8 que han quedado campeones. Piensa: “Yo no pude estar ahí” y se apesadumbra, pero rápidamente el chip de la doctrina de los Testigos de Jehová racionaliza sus sentimiento e ideas y se dice: “Lo dejé porque debemos ir a las reuniones”.  Luego se cruzan por sus pensamientos: “pude haber ganado algo, pero “Dios lo quería”. Es una frustración. Le duele.

Los pocos espacios de disfrute de los niños y adolescentes son castrados en nombre de Dios, según las prohibiciones de los ancianos y los máximos dirigentes, un grupo de personas que dirigen la organización Testigos de Jehová desde Estados Unidos, donde está la sede de Wachtower.

“Estoy por terminar la escuela, un centro educativo privado modesto.  Por mi dedicación y récord estudiantil me ofrecen ser abanderado de la escuela, pero los hermanos del culto le aconsejan: No puedes llevar la bandera de Ecuador, porque tendrías que arrodillarte”. Para los Testigos de Jehová ese tipo de actos cívicos constituye idolatría, porque el culto solo es a Dios.

Yo me pregunto: si el culto es exclusivo a Dios, ¿por qué siguen a ciegas las consignas o mandatos de los líderes?

Marcelo obedece la instrucción de los hermanos de la congregación.  No toma la bandera del Ecuador, pero sí la de Guayaquil. El siguiente año fue a dejar la bandera de Guayaquil, un 26 de septiembre, con miedo a que lo descubran los hermanos al verlo con una bandera. Los miedos significativos en esa etapa se apoderan de niños y adolescentes y se van convirtiendo en sentimientos de culpa por actos que aunque no son reñidos contra la moral ni los derechos humanos, solo son estatutos de un grupo.

En 2007, Marcelo ya era publicador, aunque aún no se había bautizado. Publicadores son los estudiantes de la biblia que salen a predicar de casa en casa. Para el éxito de esta actividad se los entrena en la escuela teocrática ministerial en las reuniones de los jueves.

La doctrina forma parte de su vida y cala en su subjetividad. Por eso, los los años colegiales son difíciles. Se esfuerza por ser un buen estudiante e internamente se decía:  No puedo dar más porque eso es ser parte del mundo;  para los Testigos de Jehová todas las personas que no son parte de su grupo son del mundo.

Esas reflexiones martirizan a Marcelo. Vacilaciones entre servir a la secta o seguir sus proyectos personales y académicos.

A su congregación llegan ancianos a quienes admira, con el anhelo de ser como ellos: “tienen celo por Jehová”.

En el colegio, sus cavilaciones entre dedicar más tiempo a predicar o estudiar le causan malestar, le provoca depresión el conflicto de obedecer a los líderes o realizar sus proyectos personales.  Vive esas etapas de depresión hasta la entrada de su juventud.  Mira al río como si desahogara su dolor en él. Suspira. Calla un momento.

El 6 de septiembre de 2008 se bautiza, a los 12 años. El bautismo es el ritual de ingreso formal al grupo y su significado en la vida de los adeptos tiene que ver con seguir de forma estricta sus preceptos y estar advertidos de las sanciones si no cumplen las reglas.

Uno se pregunta: ¿en realidad son mandamientos o doctrinas de quienes fundan una comunidad religiosa?

A los 13 años leía Atalaya en las reuniones que celebran los sábados o domingos. Le dicen: “Estudia con disciplina y dedicación la literatura de los Testigos de Jehová”. Se graba a fuego el libro sobre los jóvenes, un libro de pasta azul que lo cuidaba mucho, lo leía y releía.

Como un joven reflexivo añade un comentario: “Muchos de los consejos son sanos para los adolescentes y jóvenes”,  pero, en una gran porción de doctrinas influyen y martirizan. Además, los Testigos de Jehová por cualquier cosa hacen drama. Drama de alto significado para niños y adolescentes por una u otra cosa.

A los 15 años intenta rebelarse de las normas porque es la época de los amores adolescentes que quedan grabados en la historia del tiempo, como expresa el poeta uruguayo Mario Benedetti:

“Les queda no decir amén

no dejar que les maten el amor

recuperar el habla y la utopía”.

Una chica de su colegio, dos años mayor, se fija en Marcelo y le sonríe. Sonrisa cautivante de recuerdos notables. Comienzan a salir, él se arregla más.

El furtivo enamoramiento juvenil fue un drama en su vida: la madre informa a los pastores y estos advierten a Marcelo que no puede salir con una chica que no es de su misma religión. Los “otros”, que están fuera de la secta, son los “mundanos”. Su cerebro rebobina la cinta de los Testigos de Jehová y se aflige pensando que iba a ser destruido por Dios por salir con alguien que no es de la misma religión.

Mantiene una conversación con un anciano y se dice: “Jehová me va a odiar”. Toma una decisión, va donde la chica y le dice: “Tengo que alejarme de ti”. Ahora reflexiona y expresa “qué tonto es terminar por ese motivo, que una doctrina te impida el amor”. El acontecimiento lo deprime. Él quería a la chica y ella también lo amaba.

En el último año de colegio los demonios comienzan a subir de tono. Los demonios significan para él ir tras sus sueños personales o seguir las recomendaciones del grupo religioso. Debe pensar si va ingresar o no a la universidad.  Desde el ciclo básico tiene dudas que lo consumen por la decisión al finalizar el bachillerato.

¿Cuáles eran estas vacilaciones de Marcelo García, con 16 años en su último de bachillerato?

Tiene dos vías: dedicarse a predicar y aspirar a ser anciano de congregación o ingresar a estudiar. Escucha que sus compañeros se inscriben en la universidad y se pone triste. no tiene un rumbo claro en su vida.

Marcelo es delgado, de estatura media, tez clara, ojos de color café claro, descendiente de una familia estable, de recursos modestos, que habita en el sector popular del norte de Guayaquil, con muchas aspiraciones para buscar mejores condiciones de vida. Es un joven reflexivo con talento para ser un líder comunitario. Se asombra cuando le digo las habilidades que identifico en él. Tiene un gran futuro ahora que está libre de cadenas en su pensamiento y en sus creencias.

Se relaja, quizás asombrado de la cita para conocer su historia en una cafetería frente al río Guayas en una noche fresca.

No es la historia de un héroe ni de un político, pero sí es importante y significativa para él y para muchos que pueden estar pasando estas experiencias y vacilaciones, esperando para liberarse de las cadenas.

En el 2013 fue precursor regular, en el 2014 asiste a la escuela de formación de precursores. Los precursores regulares son Testigos de Jehová que deciden predicar la mayor parte de su tiempo, 70 horas al mes en esta labor. Por esto buscan trabajo a medio tiempo.

Marcelo hace una pausa y relata que se instruye con la literatura y analiza la doctrina, se esfuerza por ser un buen discípulo, siempre dispuesto, bajo el sol o la lluvia a ir las reuniones y asambleas. Las asambleas son jornadas grandes, dos o tres veces al año, que congregan a la feligresía de la ciudad en un gran salón de eventos o estadios durante tres días, con una buena organización logística. Los Testigos se esmeran en contar con una excelente logística.

A los 17 años ingresa a trabajar limpiando una farmacia, siempre con el apoyo de sus padres, personas responsables y amorosas, y sigue dedicando tiempo a las actividades del ministerio. En el grupo ya lo ven como un futuro anciano.

A los 18 años decide no ingresar a la universidad. Trabaja a medio tiempo limpiando una fábrica y el otro medio tiempo se dedica de corazón a predicar la doctrina de casa en casa. Hace viajes a la sierra y al oriente predicando y dando discursos, animando a los hermanos en la fe. Marcelo se entrega de corazón a la secta.

Pero a los 19 años fue un momento de quiebre para Marcelo, cuando identifica que el pensamiento de los Testigos de Jehová es conformista y mediocre. Eso es no aspirar a seguir estudios superiores y se deprime, pero lo oculta. Una ocasión aprovecha para hablar con un anciano. Este personaje, más adoctrinado, le aconseja que no es “malo ir a la universidad”, pero le anticipa que lo va a volver materialista y que esos estudios no lo van a salvar. Finaliza diciéndole que explote sus cualidades en la congregación con el objetivo de ser anciano.

El 2 de julio de 2015 lo nombran siervo ministerial. Hacen público el anuncio y Marcelo con más ahínco se dedica de lleno, convencido de que lo hace por Dios y no por una organización, y que son el conducto de Él en la Tierra.

Reconoce que hay gente de buen corazón y sincera en la feligresía, que algunos los llaman los Testigos de a pie (la masa), creyentes persuadidos de que han encontrado la verdad y salvación en medio de situaciones complejas del cotidiano vivir.

Pero, ¿cuál es el origen de los Testigos de Jehová?

Son una denominación milenarista con creencias antitrinitarias distintas a las principales ramas del cristianismo. Se consideran una restitución del cristianismo primitivo y declaran que muchas creencias de las otras religiones cristianas son falsas, las denominan Babilonia La Grande y se proclaman como la verdad.

Creen que solo 144.000 personas de su grupo son ungidos y tienen esperanza celestial. El resto, llamado la gran muchedumbre, tienen la esperanza de vivir en la Tierra luego de la batalla del Armagedón.

Según su interpretación de la biblia, muchas festividades como cumpleaños y navidades son paganas y se les prohíbe a los adeptos celebrarlas. Además, cuidan celosamente reunirse entre su grupo y evitar amistades muy estrechas con personas de otras religiones.

Su entidad jurídica es la Wachtower and Tract Society of Pennsylvania, fundada por Charles Taze Russell, quien la presidió hasta su muerte en 1916. Luego la dirige el juez Rutherford, quien hace algunos cambios doctrinarios de los establecidos por su fundador. Luego le siguen, sucesivamente, Knorr, Franz, Henschel y, actualmente, Alden Adams.

Su sede original fue en Brooklyn hasta 2016. Actualmente está ubicada en Warwick, cuenta con unos ocho millones de miembros a nivel mundial y distribuyen sus revistas en 240 países. La Wachtower es dirigida por un cuerpo gobernante de ocho líderes, quienes marcan la doctrina oficial.

Con sus sueños frustrados y comenzando a no sentir el mismo entusiasmo al observar algunas incongruencias, a partir de 2019 Marcelo comienza a investigar la doctrina.

Hace una pausa en medio de la noche y mira al piso, como buscando buscar tantos proyectos frustrados. Indaga foros en internet de ex Testigos de Jehová, quienes analizan la tergiversación de las doctrinas y caen en cuenta de muchas injusticias, abusos y procedimientos inhumanos: “No son guiados por el Espíritu Santo, como ellos proclaman, sino por su propio manual de ancianos, enviados desde la sede central”.

Llega el momento de decir basta. Habla con ancianos de su congregación y la decepción crece más. El escenario lo va desmotivando cada día. Una ocasión llega un siervo de circuito (líder supervisor, control de un territorio) y diserta sobre los apóstatas. Marcelo comienza a faltar a las reuniones, renuncia a ser siervo ministerial y los ancianos observan que se debilita la fe. Le manifiestan que desean hablar con él, pero no lo hacen.

La desintoxicación se inicia y Marcelo cada vez despierta al acondicionamiento del grupo. Tiene muchos argumentos para demostrarles a los líderes que todo es un engaño y le afloran sentimientos ambivalentes entre tristeza, vacío, frustración y enojo. En un momento parece que va arrojar la piedra preciosa de las mentiras de la organización, sonríe y dice: “Mejor me guardo el comentario”.

En septiembre de 2020 deja de asistir a las reuniones, renuncia con la certeza de toda la maniobra del control mental, desde la fundación con su primer líder Charles Taze Russell y los que lo siguieron.  La organización Wachtower es una empresa con dirección vertical, en pirámide, las masas o bases de manera ingenua y de buen corazón siguen los preceptos de la estructura.

Marcelo siente que se le viene una cacería de brujas, ríe, ahora una risa franca y abierta por toda la farsa y comedia en la que se involucró.

Los líderes identifican su seudónimo en la cuenta del grupo de ex Testigos de Jehová y en la de Facebook. Comenta la anécdota de que publica mensajes y una amiga hermana en la fe, de Quito, le contesta y pone “me gusta”. Rápidamente los líderes se contactan con la joven, indagan los motivos por los que habla con Marcelo, preguntan cuál es la relación que tiene con él. “Todo un escenario de paranoia, hablando a mis espaldas, sin encararme de frente”.

Los ancianos lo citan en diciembre del 2020 y él les pregunta por qué no lo visitaron. Según ellos, le dieron una pausa para ver si reflexionaba y recapacitara. Marcelo se da cuenta de que de los tres miembros del comité, solo habla el coordinador, los otros, en silencio, son amigos de él. Ya lo habían juzgado cuando les pregunta por qué siguen dentro de la organización y nadie responde. Ahora Marcelo ya no es útil a sus propósitos, la conversación solo dura diez minutos, la película queda más clara para él, se levanta de la reunión y no vuelve más.

Luego viene la expulsión, sanción que la toma un comité judicial cuando los miembros rompen una norma grave como la apostasía o incurren en adulterio, fornicación y una larga lista del manual de ancianos de la organización.

Me pregunto, ¿cómo trataron a la mujer adúltera y cuál fue la actitud de Jesús? Cristianos de cualquier nominación pueden revisar los evangelios y reflexionar sobre este versículo.

Las frustraciones de los obstáculos impuestos por la secta dejan huellas en Marcelo. Respira hondo cuando recuerda el momento que decide no ser parte de aquella organización falsa, se ha liberado del engaño.  Se le puede poner un adjetivo más al grupo: “farisaico”.

Expresar en el video su paso por esta secta es liberador, una catarsis para debilitar traumas y fantasmas siendo testigo el río Guayas, que se lleva todas las impurezas del corazón. Agradece a la vida y a Dios, pero no al Dios de la secta, sino un Dios que está más allá de las doctrinas de los hombres.

Marcelo es un joven de corazón sano y reflexivo que no se deja contaminar por el fundamentalismo. Dice estar siempre abierto a hablar con los buenos amigos del grupo, aunque ellos no puedan acercarse a él porque ahora es un apóstata, es un expulsado y la feligresía no puede conversar con un expulsado.

Se trata de un chico que desde pequeño le gusta leer y estar informado. Tiene talento como muchos otros jóvenes, un talento que debe ser apoyado por las autoridades para sus estudios y aprovechar las habilidades como un futuro y honesto líder, de los que necesita el país.

Se escucha los cantos de los pájaros mientras Marcelo muestra su orgullo de romper las cadenas y las ataduras de una organización que busca poder e intereses económicos.

Marcelo camina y recuerda un pensamiento que había leído entre tantos: “La ignorancia y el miedo hacen débil y dependiente al que los posee en exceso”.

Cerrar un capítulo de su vida y desahogarse frente al río como en un diván lo libera de todas las cadenas. Ahora, sin ataduras ni condicionamientos mentales, se inscribirá en la universidad y perseguirá sus sueños tomando el timón de su vida. Marcelo me conmociona. Me  da ternura. Tengo ganas de abrazarlo.

_________________________________

*Sara Acosta (Guayaquil), es psicóloga clínica. Tiene amplia experiencia en atención a niños y adolescentes en situación de riesgo. Es docente en colegios y universidades de su ciudad. Es colaboradora de loscronistas.net y este texto es su segunda crónica publicada en este portal.

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Comments (2)

  1. Frank M. Tapia Carrillo

    30 Ago 2021

    Un final feliz que alcanzo relativamente a una persona Joven como Marcelo. Un sinnúmero de personas viven en la cárcel mental implantada por doctrinas distorsionadas, a tal punto que causa un contraste evidente entre el mensaje inicial y el final. Que solo la religión mediante repetitivos sermones pretende eclipsar a la razón, teniendo como arma el miedo y la presión social del grupo. ¡Buena crónica!

    • Los Cronistas

      30 Ago 2021

      Muchísimas gracias por sus palabras, Frank.

      Un saludo,

      Rubén Darío Buitrón
      Director
      loscronistas.net

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