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La última interpelación de Antonio Aguirre

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La última interpelación de Antonio Aguirre
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Hace poco falleció en Guayaquil, todavía joven y lúcido, el extraordinario psicoanalista y pensador porteño Antonio Aguirre, un filósofo de la vida, un crítico del poder y un cuestionador insigne. Aquí una crónica de Sara Acosta, quien rinde homenaje a tan destacado personaje.

Por Sara Acosta Bustamante*

Es 5 de mayo. Una noche fresca de verano en Guayaquil. Recibo un mensaje en el celular. Una amiga me escribe: “Antonio Aguirre ha fallecido”. Yo solo puedo contestar: -No puede ser.

Es un dolor inmenso. Inmediatamente reviso mensajes en Facebook y veo que muchos lo recuerdan: su trayectoria, su paso como docente en la Universidad Católica.

Reviso los mensajes de condolencias de amigos y colegas y recuerdo a Antonio en los diversos espacios que compartí con él: fue mi psicoanalista por un buen tiempo y lo seguía en eventos como los seminarios en la Universidad Católica, las invitaciones a conferencias y los carteles de la Escuela de Psicoanálisis a la que pertenecía, la Nueva Escuela Lacaniana (NEL).

Yo lo visitaba los martes y los jueves en su consultorio de la ciudadela Kennedy y salía de ellas procesando palabras dichas y palabras no dichas, sentimientos, emociones, pensamientos.

La sala de espera de Antonio era un enjambre multicolor de personajes del mundo del arte, de la comunicación, de la filosofía, dice el analizante Carlos Quezada, un ingeniero guayaquileño.

Carlos Quezada y el comunicador Fabián Mosquera, como pacientes y analizantes, refieren que la experiencia con Antonio fue muy significativa en sus vidas y que esa fue la esencia del encuentro con el psicoanálisis.

Estudioso y comprometido con la teoría y la práctica del Psicoanálisis, Antonio entusiasmaba y motivaba a los jóvenes estudiantes de psicología y profesionales de otras disciplinas para compartir en sus seminarios temas sobre los malestares de la época.

En sus intervenciones sacaba a la luz aporías y contradicciones de los discursos sociales contemporáneos. Era crítico del poder y sus semblantes, pero respetuoso siempre de las discordancias y de los disensos.

Lo describe Quezada: “Siempre se ponía de pie para hablar, era un hombre que sabía escuchar, un hombre con mucha capacidad para analizar otros saberes y encontrar el punto de quiebre para seguir interrogando e interrogándose’’.

“A veces irreverente, no se andaba por las ramas”, lo perfilaba el periodista quiteño Juan Timbalombo. Es curioso. Juan se fue poco después de Antonio. Imagino que ahora, desde otra dimensión, Juan y Antonio organizarán tertulias sobre la finitud de esta vida. Y seguro que la irreverente interpelación de Antonio dejará atónitos a los que habitan el otro mundo, otros mundos.

En los seminarios estaba atento a los puntos de tensión como síntomas de la época y ponía mucha atención a los discursos del poder sostenidos como verdad.

Solía irrumpir con un comentario que producía cuestionamientos en el otro y a veces provocaba malestares. Pero de eso se trataba: de sostener puntos de interrogación para producir diálogos abiertos, dice el catedrático universitario Carlos Tutivén, su amigo y contertulio en los debates.

Tenía una capacidad muy aguda y crítica para desajustar un orden de cosas o un orden de las ideas y las palabras. Así lo describe el comunicador Fabián Mosquera.

Cuando Antonio intervenía “daba un golpe de sentido y hacía mirar al otro lado”, pero era respetuoso de las diferencias y de las reflexiones discrepantes porque fue un intelectual honesto y no hipócrita. Mosquera enfatiza que Antonio era un catalizador de la conversación y del diálogo.

Volvamos al pasado profundo.

Juan Antonio Aguirre Fuentes nace en Guayaquil el 17 de febrero de 1953. Desde su época de colegial es crítico de las desigualdades del sistema y milita en las filas de la juventud de izquierda.

Su encuentro con el psicoanálisis lo orienta y encausa por la vía del discurso psicoanalítico y participa con entusiasmo y liderazgo como miembro de la Escuela de Psicoanálisis asociada al Campo Freudiano.

Fue hijo único de Juan José Aguirre, conocido importador de electrodomésticos en los años 60, y de la abogada Celeste Fuentes, quien le decía Juanito.

Conoce a su primera esposa en las aulas universitarias, mientras estudia Psicología en la Universidad Católica.

Antonio Aguirre y Mónica Ramírez se casan y tienen dos hijos, Paulina y David, hoy jóvenes profesionales.

Durante el sepelio sus hijos resaltan las cualidades y características de su padre: persona inteligente, estudiosa, coherente con lo que creía.

Paulina dice que su padre era frontal, a veces irónico para decir las cosas y, quizás por eso, para algunos no era una persona simpática.

Carlos Quezada aporta más detalles: Antonio era delgado, con armonía corporal y facial, ojos negros de mirada profunda, estatura media. Cuando lo conocí ya tenía poco pelo y lucía una barba entrecana. En la sala de espera recibía a sus pacientes con su clásica camisa manga larga doblada hasta la mitad y con su celular antiguo.

En el otoño de su vida, Antonio se divorcia y se casa con Jéssica Jara, quien lo conoce en la Universidad de Guayaquil cuando lo invitan a un acto organizado por el consejo directivo, donde dicta una charla sobre toxicomanías y Jéssica fue la maestra de ceremonias.

Jéssica recuerda: en la mañana leía los diarios y luego los comentaba con Antonio. Junto con él participaba en los seminarios, acompañándolo con entusiasmo en sus producciones de escritos y en los debates de temas puestos en la mesa de la escuela de psicoanálisis.

En una carta de amor a Antonio, Jéssica escribió: «Aguirre era mi agarre’’.

Ella es una mujer cubierta de cartas y de letras. Una mujer que fue el «Otro imprescindible’’.

Mira a un punto del espacio y dice: Mi historia con Antonio es la de una persona que se encuentra en la tarea digna de editar lo que es su propia vida junto a un hombre que sabe hacer de ella su causa material.

Ayelen, hija de la esposa de Antonio, con quien conviven desde que ella tenía un año y hoy quince, lo dibuja así:  veía más con un ojo que con otro… Sin embargo, tenía un buen oído musical, le gustaba el jazz, la música clásica, a veces el blues.

Es el mismo hombre que a las once de la mañana le gusta ir a la cafetería Dólar, tomar notas y pedir un cortadito, a veces una humita o dos empanadas de verde, pequeñas.

El mesero Antonio Clovid, que lleva quince años trabajando en ese local, lo recuerda como una persona respetuosa, un caballero.

Lo ve tomando un café americano o un cortadito, agua mineral con limón, en ocasiones una club verde.

Con rostro apesadumbrado dice: Lo vi por última vez la tarde del lunes 3 de mayo.

Ayelen aporta:  era inteligente, sarcástico y ocurrido, le gustaba comer sano.

Jéssica refiere que Antonio se levantaba temprano y hacía ejercicios. Interesado en temas de salud alternativa, sus consultas eran con médicos homeópatas. No quería tomar medicamentos químicos y no había manera de convencerlo, pese a que tenía la presión alta.

En su época como estudiante en la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, su espíritu de interrogación constante lo lleva a poner sobre la mesa puntos o situaciones de debate frente a la subjetividad de los sujetos en los contextos de las prácticas.

Como docente y luego como decano impulsa cambios en la malla de estudios en la escuela de Psicología de la Universidad Católica. Su colega, la psicoanalista Piedad Ortega, rememora que conoció a Antonio cuando subía por las gradas del edificio principal de la Universidad Católica.

Describe la escena: estaba con un grupo de jóvenes que deseaban conversar con el director de carrera, pues tenían cuestionamientos sobre el proceso de prácticas de Psicología en lo que se refería a la intervención con sujetos en contexto de institución psiquiátrica.

Piedad enfatiza que Antonio estuvo siempre atento a que no se perdiera la perspectiva del psicoanálisis y el discurso social. Entusiasmaba a las nuevas generaciones para que se aproximen al estudio e investigación del psicoanálisis. En ocasiones, cuando ella tenía inquietudes sobre algún tema de su especialidad, llamaba a Antonio y acordaban una conversación. Él siempre estaba dispuesto.  Se encontraban a conversar en un restaurante del Policentro.

Carlos Tutivén recuerda: conozco a Antonio cuando ingreso a estudiar Psicología en 1981. Es un joven flaco, siempre con una libreta de anotaciones a la mano. En ella anota sus reflexiones e interrogantes. Lo hace siempre. Hasta el último momento de su existencia.

Carlos organiza el grupo de estudio sobre “Filosofía, psicoanálisis y cultura” e invita a Antonio a participar. El grupo se mantiene activo por 14 años. Antonio siempre presente, disciplinado y comprometido. Las conversaciones en este espacio van profundizando la amistad de Antonio y Carlos.

Los escritos de Antonio tienen un estilo borgiano, en un texto corto dice mucho, es muy concreto, según el periodista Juan Timbalombo.

Juan nunca olvidó la invitación que le hiciera Antonio a participar en un foro sobre populismo y psicoanálisis en la Universidad Católica. Antes del evento, Antonio lo había invitado a su consultorio en la Kennedy: un lugar original con el diván y muchos libros y, en la parte exterior, un pequeño jardín con un naranjo chino.

Por su espíritu reflexivo y atento a los acontecimientos, Antonio es invitado a participar en el grupo de investigación de estudios urbanos del MACC. Aporta por dos años y deja escrita una serie de textos cortos sobre ciudad y psicoanálisis.

Sus escritos cobran vigencia ahora para relanzar los debates en una ciudad que cada vez más visibiliza las desigualdades sociales y el abandono que van más allá de la situación de la pandemia.  Ese sería otro diálogo con Antonio, quien, seguro, anotaría en su pequeña libreta los puntos de quiebre o nos sorprendería con una palabra.

Mantiene sus seminarios más de doce años en diversos espacios:  Universidad Católica, Universidad de Guayaquil y, un corto tiempo, en la Universidad Casa Grande. La experiencia de participar en estos seminarios era como estar dentro de un laboratorio. Antonio iniciaba con comentarios de textos y reflexiones y luego abría la conversación.

Más recuerdos. Todos estamos convocados a decir un comentario o a relanzar preguntas. Son espacios inéditos de elaboraciones, seminarios en tardes soleadas luego de las cuales uno sale con más cuestionamientos que respuestas. Muchas ideas revolotean sobre nuestras cabezas.

Aquel hombre no es amigo del todo, rechaza el conjunto ideal. Se opone al conjunto que aspira a que las cosas sean iguales para todos. Sus intervenciones se dirigían no a completar, sino a descompletar.

Con cortesía, siempre acepta más o menos los semblantes verdaderos que velaban la inconsistencia del otro. Lo dice su colega psicoanalista Lisbeth Ahumada en el acto organizado en memoria de Antonio por la Nueva Escuela Lacaniana.

Antonio deja una silla vacía de interpelación del malestar contemporáneo y dentro del Psicoanálisis. Su estilo, provocador y cuestionador de los discursos del poder que silencian la palabra, es un vacío en la ciudad.

Jéssica rescata notas, aforismos, conjeturas escritas en su libreta para un próximo congreso de ENAPOL (Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana).

Sobre el amor y las nuevas configuraciones familiares, escribe:

-“Lacan: no se aflige por el supuesto relajamiento del vínculo familiar”.

-“Consecuencias de las nuevas configuraciones familiares: la urbanización, el estado benefactor, los populismos. Consecuencias que a su vez son causas y repetición de un círculo entre familia y el Estado”.

-“Ya en los Complejos Familiares Lacan habla de las carencias del padre. En otro lugar dirá que en tiempos de Freud el padre era tambaleante (Ética del psicoanálisis)”.

Es 5 de mayo. Una noche fresca de verano en Guayaquil. Antonio ya no alcanza a mirar las luces de su ciudad y anotar sus reflexiones sobre los próximos diálogos, los seminarios y los encuentros.

Ese día, mientras atiende a sus primeros pacientes de la tarde, la muerte súbita lo sorprende.

Pero Antonio será inolvidable. Fue un símbolo del pensamiento crítico en la ciudad y, de muchas maneras, en el tiempo y en el espacio seguirá sorprendiéndonos con el rigor de sus constantes interpelaciones.

___________________________________________

*Sara Acosta Bustamante (Guayaquil) es psicóloga clínica. Tiene amplia experiencia en atención a la niñez y a la familia en situación de riesgo. Experiencia laboral en instituciones privadas y públicas. Docente colegial y universitaria. Es colaboradora de loscronistas.net

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Comments (9)

  1. Frank M. Tapia Carrillo.

    02 Ago 2021

    Sin conocerlo a través de este artículo he sentido a Antonio Aguirre como cercano, como un mentor, como un intelectual. Cómo alguien que merece ser escuchado por la mentes curiosas. Cómo una gran pérdida para los intelectuales de Guayaquil.

  2. Daniel García

    03 Ago 2021

    No tuve la oportunidad de conocerle pero mediante este relato, muy estructurado y en el que encuentro tantas emociones transmitidas por escrito, pude apreciar la huella que dejó en quienes llegaron a interactuar o convivir con el señor Aguirre.
    Me devuelve siempre la esperanza en que siempre habrá aquellos que sí usen su vida para aprender y edificar a otros con conocimientos a la vez que se muestra empatía en el camino.
    Sí existen seres humanos buenos.

  3. Sandra Espinosa Navarro

    01 Sep 2021

    Revitalizador conocer a un personaje con experiencia y conocimiento que se vuelca en la educación y la clínica. Personas, que sin reconocimiento o fama efímeras son los fundamentales en la construcción de país, ese alternativo al de la corrupción, de la mediocridad y de los escándalos. Los seres indispensables para no perder la fé en la humanidad.

    • Los Cronistas

      01 Sep 2021

      Muchas gracias, Sandra. La autora de la crónica ya conoce su comentario y le agradece profundamente, por conmoverla de esta manera con sus palabras.

      Gracias también por estar con nosotros,

      Rubén Darío Buitrón
      Director-fundador
      loscronistas.net

  4. Germán Basurto

    02 Sep 2021

    Conocí a Antonio Aguirre de lejos en una época en la que muchos teníamos conocimiento mutuo o de oidas o por comentarios formulados y compartidos en ausencia con respeto y hasta admiración. Digamos que fuimos «amigos» de saludo y por alguna vez habernos encontrado en algún conversatorio en el que sabíamos que teníamos coincidencias y hasta, discrepancias manteniendo las distancias y no por sentimientos negativos. Es que Antonio era un intelectual reservado y con la costumbre de observar y callar o a lo mejor comentar con agudeza y deşən fado. La crónica de Sara amiga querida me ha conmovido porque me ha descrito a un personaje que tenía tantas cualidades y características que lamentablemente no pude descubrir por mi mismo y que me introducen a una vida que pertenecía a una época tan fundacional como la que nos tocó vivir y participar los que nacimos a la historia nueva en todos los campos de la cultura humana. Debo agradecer a Sara por su descripción profunda a la altura de la importancia, del personaje que nos presenta. Con un estilo que yo desconocía mi amiga rinde un homenaje a quien realmente se merece. Me queda cierta frustración no haber tratado más de cerca a AA. Pero también me queda la satisfacción de haber conocido en esta crónica a una Mujer digna de mi estimación por sus cualidades humanas y profesionales a las que se ha sumado las literarias y de que modo.

    • Los Cronistas

      02 Sep 2021

      Muchas gracias, Germán, a nombre de Sarita.

      Saludos,

      Rubén Darío Buitrón
      Director-fundador
      loscronistas.net

  5. Joselyn Cobos

    02 Sep 2021

    Qué hermoso escrito! Tan emocionante, detallista y la forma como están estructurado me ha dado a conocer claramente la trayectoria y el gran aporte significativo del intelectual Antonio.
    De seguro en la otra dimensión sigue esparciendo su luz como lo ha hecho aquí con nosotros.
    Felicitaciones a Sarita Acosta por aportarnos con esta hermosa crónica tan llena de empatía.

    • Los Cronistas

      02 Sep 2021

      Muchas gracias, Joselyn. Sus palabras son estimulantes. Seguiremos buscando personajes de esa talla humana e intelectual.

      Saludos,

      Rubén Darío Buitrón
      Director-fundador
      loscronistas.net

  6. Tatiana

    27 Oct 2021

    Sarita gracias por contarnos parte de la vida de un amigo, me dolió saber que ya partió al Oriente eterno

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