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El veto al COS o el curuchupismo eterno

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*Por Julia Ribas

Ecuador es uno de los países con el mayor grado de embarazos adolescentes en Latinoamérica.

El dato es duro y debería abrir los ojos a cualquiera: el inicio de la actividad sexual en Ecuador es a los 12 años, promedio.

Añlicia Bárcenas, secretaria ejecutiva de la Cepal, al analizar las causas de la pobreza extrema en América Latina, marca al embarazo de adolescentes como uno de los motivos (por supuesto que entre otros) como una de las razones de este fenómeno.

En medio de todo este fenómeno que tiene raíces tan complejas como la pobreza, la falta de educación, el machismo, la destrucción de los hogares y tantos otros, Ecuador se planta cara a cara al debate social y político sobre el Código Orgánico de la Salud o COS, para simplificarlo, aunque parece que sus iniciales son lo único que se puede simplificar.

Fueron ocho años en la Asamblea, en pleno gobierno de Rafael Correa, donde empezó el debate.

Y fue la religión y sus líderes conservadores (¡cómo no!) la piedra de toque que chocó contra uno de los temas más escabrosos que tocaba el COS: el aborto en caso de violación. Para Correa, en teoría liberal a toda cepa, pero, en realidad, un conservador solapado, este tema era inamovible e indiscutible: una de sus funcionarias más altas era, justamente, miembro del Opus Dei, la organización de extrema derecha que lucha por sostener intactos los dogmas de hace 20 siglos.

Tanto fue así que mandó a callar a las asambleístas de su partido que lo propusieron y las envió a la esquina de la clase, castigadas y silenciadas. Muchas de ellas no pudieron volver a contar con el favor de Correa para mantenerse en el poder legislativo.

¿Fue el único curuchupa involucrado? Por supuesto que no. Por allí daban vueltas los Lasso, los grupos provida (que tienen mucha influencia en los gobiernos), uno que otro político que quería hacerse un nombre (tal cual como ahora) y otros que desean mantenerse en la palestra y figurar como “defensores de los principios y las normas de una sociedad católica”, olvidando, a propósito, que en Ecuador está vigente, según la Constitución, la separación entre Iglesia y Estado, cada uno por su propio camino.

¿Pero cuál es en realidad el eje del problema?

Veamos, muchas de esas adolescentes que mencionábamos al inicio de este texto no se embarazan precisamente por obra del espíritu santo. Se embarazan frutos de violaciones, de abusos sexuales.

En algunas ocasiones he participado en mi país y acá en el Ecuador de eventos de rechazo al embarazo adolescente.

Casi me salen las lágrimas cuando vi a unas pequeñas, de no más de 6 o 7 años, vestidas de blanco, que habían sido fruto de violaciones. ¿Qué hacemos si niñas un poco mayores quedan embarazadas?

Los grupos provida (no olvidemos que Lasso, aliado de Moreno, es miembro numerario del Opus Dei y que la actual vicepresidenta de la República, María Alejandra Muñoz, pertenecen a estos círculos de extremo conservadurismo).

Fácil es proclamar, desde el poder y desde una posición social y cultural alta, que hay que respetar la vida desde la gestación.

Pero es absurdo -y poco solidario y generoso con quienes no han tenido la suerte de vivir las vidas cómodas) olvidar los muchos otros casos como el de las niñas embarazadas, jóvenes encinta por irresponsabilidad de su pareja, chicas en estado de gestación por ataques sexuales de sus propios familiares (padres, padrastros, tíos, primos, vecinos de confianza, profesores, acosadores de toto tipo) e, incluso, mujeres adultas que, sin desearlo, quedan preñadas, son abandonadas por sus parejas y no tienen ninguna posibilidad de criar y alimentar al bebé.

Y aquí vamos de vuelta al COS. Cuando finalmente se aprueba en la Asamblea un texto de más de ocho años de estudio, cuando el texto se lo arma de acuerdo al trabajo con los mismos miembros del gobierno, con sus propios asambleístas, ministros de salud, asesores, cuando parece que se va a dejar de lado el machismo, cuando el país tiene la sensación de que va a avanzar en un esencial tema de derechos, viene el presidente de turno y lo veta por completo.

Al rechazar el proyecto, como se sabe, la legislatura podrá retomar el debate solamente después de un año, mínimo. Proyectos de ley con candado, nada más retrógrada que esto.

Yo no tengo las respuestas sobre si el veto es correcto o incorrecto. No soy abogada ni doctora. No ejerzo la medicina sino el periodismo y la sociología. Pero ocho años de trabajo al menos debieron servir para lograr un mínimo de acuerdos científicos, técnicos, incluso en lo ideológico y en lo político. Buscar el bienestar de esas niñas violadas y que luego tendrán que jugar con niños reales en lugar de muñecas. Que tendrán que idearse una manera de parar la olla en lugar de terminar su escuela. Que probablemente continúen con el ciclo de embarazos y se llenen de pequeños, sin padres, sin que nadie les responda por ellos.

De nada vale la separación Iglesia-Estado si desde los púlpitos los curas aprovechan su poder fáctico y su autodivinización para convencer a la sociedad que usar preservativo es un pecado, que el aborto -incluso el terapéutico- va contra las leyes de dios o que los vientres de alquiler con contranatura. La iglesia, en especial la católica, machacando ideas en el tejido social mientras el Estado mira a un lado, como si no fuera con él.

Vivimos el machismo en pequeños y grandes actos, en los medianos actos. Sufrimos, todos (mujeres y hombres) la cultura vertical y jerárquica del patriarcado.

Volvamos a Alicia Bárcenas, de la Cepal:

«Decimos que el embarazo adolescente es una alerta temprana de la desigualdad, porque la reproducción de nuestra sociedad está ocurriendo en hogares pobres y sin inversión en bienes públicos, lo que plantea un desafío futuro.

“Los embarazos adolescentes tienen consecuencias en el desarrollo y expectativas de vida de las jóvenes madres. Además, cuando no son planificados, las jóvenes no están ejerciendo su derecho a la salud reproductiva, que forma parte del derecho humano a la salud, universalmente reconocido».

Silvia Buendía, en un tuit a propósito del 28-S, el Día Mundial del Aborto Seguro, dice:

Mañana es 28 de septiembre, día de la Acción Global por el Aborto Seguro. El 28 S y hasta que la dignidad se haga costumbre, las mujeres estaremos en las calles. Seremos como Antígona desafiando a Creonte, poniendo el cuerpo para rechazar leyes crueles, injustas, que nos violentan, que nos quieren muertas, calladas, sumisas. Mañana saldremos a manifestarnos las mujeres del mundo que luchamos por el derecho a tomar decisiones sobre nuestra salud, nuestro proyecto de vida y nuestros embarazos, incluido el acceso al aborto sin restricciones, en forma segura, sin que esto nos cueste perder la libertad o la vida.

Pero en el mundo, en la mayoría de Estados y naciones, los derechos ciudadanos, en especial de quienes más los necesitan, se atropellan e irrespetan.

Así se crean dos sociedades en una: por un lado, los ciudadanos que desde una perspectiva dogmática y satanizadora miran por debajo del hombro a los otros ciudadanos. Y, por otro, la convivencia entre quienes tienen todos los derechos, inclusos los domésticos, los familiares, los económicos, con quienes nada pueden esperar de la vida.

_________________________

*Julia Ribas es socióloga y periodista española. Está escribiendo un libro sobre los derechos sexuales de las niñas y adolescentes. Actualmente realiza una pasantía académica en Ecuador y escribe para loscronistas.net

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