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El piropo quiteño tiende a desaparecer…

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Por Víctor Vizuete E.*

En estas épocas tan complejas, con el feminismo armando sus barricadas -legítimas, desde luego- cada más cerca de las anquilosadas fortificaciones machistas y con el estigma del acoso sexual tratando de volverse omnipotente, el piropo –a los que somos tan adictos los nacidos en este país de la mitad- se bambolea en una línea cada vez más delgada.

Y corre el peligro de morir.

Para muchos millenials, productos directos de estos tiempos reguetoneros, globalizados y recontra informatizados, esta práctica es francamente repugnante aunque… aceptan de buen grado cualquier rola que solo habla de sexo barato y que conlleva la promesa de ser felices los cuatro. Y eso si se acuerdan, porque ‘si no me acuerdo, eso no pasó’.

Obviamente, existe una legión de crápulas de la más oscura catadura que confunden un piropo con la agresión más inmunda y hasta lo festejan y se solazan por eso. Y merecen castigo y rechazo por eso…

Como de todo hay en este valle de lágrimas, otro grupo numeroso es el conformado por los que tienen como emblema un adagio tan manaba como la sal prieta: dos cucharadas de sopa y mano a la presa.

Para que tanto rodeo si al final vas a terminar en lo mismo, explica Maribel Berrones, una colegiala de 16 años. Los jóvenes de hoy son muy pragmáticos en eso del galanteo: no gastan más pólvora que la necesaria y su enamoramiento se reduce a unos cuantos pasos de baile en la batahola policromática de una disco, cuerpo a cuerpo con la pareja, un apretado abrazo, un beso y listo… ¡Amigos con derechos!

No obstante, existen quiteños que luchan por recuperar este «arte» en los estudiantes quiteños y organizan (cada cumpleaños de la capital ecuatoriana) certámenes que buscan recuperar este elemento propio de la idiosincrasia quiteña.

Efraín Cepeda es uno de ellos.

Poeta, billarista internacional, eximio fabricante de artefactos y chulla legítimo a pesar de haber nacido en Guaranda hace 91 años-, es un caballero andante que va de plaza en plaza y de colegio en colegio buscando adeptos para que defiendan esa tradición.

Este año  también organizó varios festivales del piropo en varias unidades educativas..

El quemeimportismo hacia el piropo cambia paulatinamente con el paso de los años, afirma Cepeda. Cuando las cosas se complican o se vuelven más serias.

El arte del piropo empieza a mostrar su efectividad cuando los reguetoneros y raperos ya han cambiado sus pantalones de camuflaje y sus botas marca Rambo por el terno de corte exacto, la corbata a tono, los zapatos italianos y el último Iphone.

Y las damas han trasmutado sus blusas puperas y pantalones chicle en elegantes trajes corte sastre, blusas de escote generoso, el Iphone de moda… y utilizan una delicada coquetería como principal arma de combate. E

Es decir, cuando tanto hombres como mujeres (también piropean y mucho) piensan que ya es hora de ‘pensar en serio’ y se dan a la tarea de buscar una pareja ‘para toda la vida’.

Entonces esgrime el piropo sus mejores argumentos un tris de morbo, unas cucharadas de humor, algunas pizcas de ingenio y algo de riesgo.

Y aparecen, entonces, como por arte de magia, los encantadores o las magas que buscan, a fuerza de palabras almibarradas, llevarse alguna persona para su territorio.

El piropo hace notar algo que parecía superado: que la aristocracia femenina está más vigente que nunca; y que las reinas, princesas, tesoritos y muñecas inundan las calles y plazas. Obviamente, los amantes de la realeza cunden por doquier.

Pero el piropo no se encasilla. Puede ser verde, colorado, comunista o socialcristiano. Los que tienen que ver con la religión tienen un bien ganado prestigio.

Como es lanzado a quemarropa por un quiteño de cepa a una diosa de ébano; ¿Qué santo se habrá muerto en el cielo para que los ángeles anden de negro? O ese más desenfadado:

O ese, de absoluto reconocimiento: damita, está más buena que la Madre Teresa.

Los ecologistas y naturalistas son legión. Sardinita, aquí está su abrelatas; quisiera ser gato para vivir mis siete vidas a su lado; si cocina como camina me como hasta el cocolón son algunos de los más usados por los gigolós criollos.

El piropo es un oportunista consumado porque camarón que se duerme…

Un don juan de esos que no dan batalla por perdida y ante la respuesta de una dama de que no hace amigos en la calle espera pacientemente hasta que la chica en cuestión se subió a la acera y le espetó sin preámbulos: y ahora que está en la veredita, ¿la acompaño corazón?

¿Cómo reaccionan las merecedoras de tanto halago? Ninguna se queda indiferente.

Algunas se ponen más coloradas que un tomate de exportación. Otras se asustan y aligeran el paso.

La mayoría sonríe internamente, hace como que le importa un pepino, pero se siente halagada…

Y si al boquisuelto se le va alguna frase sucia le cae una retahíla de improperios y hasta uno que otro chirlazo merecido.

¿Coloradas, furiosas, halagadas? Claro, porque todavía el piropo cuerpo a cuerpo es territorio masculino. O es que alguna vez algún a niña le susurró al oído; ¿por qué tan solo, tesorito, te acompaño?

Bueno, el reino de las redes sociales es otra cosa. En el Face, el Instagram o el WhatsApp la situación tiene un cambio radical y la proporción está fitty–fifty, según los chamos. Tiempos de la informática, que le dicen.

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*Víctor Vizuete E. es periodista y escritor. Trabajó en diario El Comercio y hoy pertenece al staff de loscronistas.org

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